19/02/2026
El día de ayer celebramos el inicio de la Cuaresma, un tiempo muy especial para acercarnos más a Dios y comenzar de nuevo. La ceniza que recibimos no es solo un signo en la frente, sino un recordatorio profundo de que siempre podemos convertir nuestro corazón y creer en el Evangelio. Es una invitación a reflexionar si estamos siendo la mejor versión que Dios soñó para nosotros.
La Cuaresma no es un tiempo de tristeza, sino una gran oportunidad para crecer. Es momento de perdonar, orar más, acercarnos a la Palabra de Dios y hacer pequeños sacrificios por amor. Cada gesto, por pequeño que sea, puede transformar nuestro corazón.
También aprendimos que el ayuno no es solo dejar de comer por sufrir, sino ofrecer algo por amor a Dios, poniendo a Él en primer lugar. El ayuno puede ser alimenticio, como lo indica la Iglesia en el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, pero también puede ser renunciar a otras cosas, como el uso del celular, las redes sociales o cualquier hábito que nos distraiga de Dios, y aprovechar ese tiempo para orar y reflexionar.
Es importante hacer el ayuno con intención, ofreciendo ese sacrificio por nuestra familia, por alguna necesidad, por quienes están pasando momentos difíciles o por nuestra propia conversión. Un ayuno sin oración es solo una dieta, pero un ayuno con oración se convierte en una ofrenda para Dios.
Finalmente, recordemos hacerlo con prudencia, sin dañarnos ni exigirnos de más, porque Dios ve nuestro corazón y nuestra intención. Que esta Cuaresma no cambie solo nuestro calendario, sino que transforme verdaderamente nuestro corazón y nos prepare para vivir la Pascua con alegría.