06/07/2026
Ayer por la tarde en nuestro culto festejamos el Día de la Familia Pastoral, toda la congregación de la 10ª IAFCJ GP nos unimos en un solo corazón para honrar, bendecir y agradecer profundamente a Dios por la vida de nuestra amada Familia Pastoral.
No celebramos un cargo, celebramos un llamado. Celebramos vidas entregadas, noches sin dormir, rodillas marcadas por la oración y corazones que decidieron amar a una iglesia entera como si fuera su propia familia. Detrás de cada culto, detrás de cada alma alcanzada, detrás de cada familia restaurada, está el esfuerzo, el sacrificio y la obediencia de una familia que le dijo “sí” a Dios sin reservas.
A cada uno de los integrantes de esta hermosa familia: gracias. Gracias por sus hijos y nietos, que con nobleza y madurez han aprendido a compartir a sus padres y abuelos con cientos de personas. Gracias por entender que el pastorado no es solo de papá, mamá, abuelo o abuela, sino un manto que cubre a toda la casa. Sus risas, su servicio y su ejemplo en medio de nosotros son un sermón que predica más fuerte que mil palabras. Ustedes también son parte fundamental de esta obra. Gracias por prestarnos a su familia.
Pero hoy, de manera especial, nuestro corazón se vuelve hacia dos personas que son columna y fundamento de esta casa espiritual: nuestro Pastor y su amada esposa, nuestra hermana Elvira.
Pastor, ¿cómo agradecerle tantas cosas? Gracias por ser ese atalaya que no duerme mientras vela por nuestras almas. Gracias por cargar en su espíritu cada petición, cada enfermedad, cada crisis y cada alegría de esta congregación. Gracias por las veces que ha llorado con los que lloran y ha reído con los que ríen. Gracias por sus consejos sabios que han evitado que muchos de nosotros tomemos decisiones que nos hubieran destruido. Gracias por su paciencia cuando somos lentos para entender, por su firmeza cuando necesitamos corrección y por su amor incondicional que nos recuerda al amor del Padre. Su vida es un testimonio vivo de que “el buen pastor su vida da por las ovejas”. Usted ha dado su tiempo, su salud, sus fuerzas y sus sueños por nosotros, y eso jamás lo olvidaremos.
Y a usted, hermana Elvira, ¿qué palabras alcanzan? Usted es la mujer virtuosa de Proverbios 31 hecha realidad delante de nuestros ojos. Gracias por ser la intercesora silenciosa que sostiene los brazos de nuestro pastor cuando el cansancio llega. Gracias por su sonrisa que ministra paz en medio de la tormenta, por sus abrazos que sanan y por sus palabras que siempre llegan en el momento justo. Gracias por enseñarnos con su vida que se puede servir a Dios con elegancia, con dignidad y con un corazón completamente rendido. Usted ha sido madre, consejera, maestra y amiga para tantas mujeres, jóvenes y niñas de esta iglesia. Su fortaleza no está en su voz, sino en su espíritu afable y apacible que es de gran estima delante de Dios. Gracias por ser la ayuda idónea, la compañera fiel y el complemento perfecto que Dios preparó para nuestro pastor. Juntos, ustedes nos muestran lo que es un matrimonio según el corazón de Dios.
Sabemos bien que el camino pastoral no es de alfombras rojas. Es un camino de renuncias que pocos ven. Son cumpleaños sacrificados, vacaciones interrumpidas, planes familiares pospuestos y críticas que duelen en lo más profundo del alma. Son llamadas a media noche para ir al hospital, son funerales donde tienen que ser fuertes para consolar a otros cuando su propio corazón está quebrantado. Son batallas espirituales que pelean de rodillas por cada uno de nosotros. Por eso, hoy más que nunca, queremos decirles: no están solos. Esta iglesia los ama, los honra, los respeta y se compromete delante de Dios a cubrirlos con oración, a cuidar de ustedes y a ser la familia que también ustedes necesitan.
Familia Pastoral, ustedes no solo dirigen una iglesia, ustedes formaron un hogar espiritual para todos nosotros. Aquí encontramos refugio, encontramos dirección y encontramos a un Dios vivo gracias a que ustedes decidieron obedecer.
Que el Dios de toda gracia, que los llamó a su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. Que nunca les falte el aceite fresco de Su presencia, que su casa rebose de salud, de paz y de provisión, y que vean con sus propios ojos el fruto de su trabajo multiplicado en las generaciones que vienen.
Los amamos con el amor de Cristo. Son un regalo inmerecido para esta congregación. Hoy y siempre, estaremos agradecidos con Dios por sus vidas.
Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia. Jeremías 3:15
Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra.
1 Tesalonicenses 5:12-13