22/07/2021
SU NEGOCIO ESENCIAL:
SALVAR SU ALMA.
Segunda Parte:
ENTONCES, CUÁL ES EL FIN DE SU VIDA?
Quién lo puede decir? Los hombres no. Un carro no escoge por sí mismo su camino, sino aquel que lo maneja. Existe alguien que haya regresado a este mundo después de morir para decirnos lo que nos espera después de la muerte? Pero aún que así fuera, eso no nos importa, ya que “no se persuadirán ni aún cuando alguno resucite de entre los mu***os “ (San Lucas 16,31). Un hombre no es más que eso: un hombre.
Únicamente Dios puede dar la respuesta. Y ya la ha dado. Ha demostrado que era Él quien habló. Ha hecho lo que sólo El puede hacer: milagros, crear aquello que no existe. Los hombres lo han atestiguado a costa de sus bienes, de su reputación y de su vida. No tenemos certeza mayor que provenga de los hombres.
DIOS HA HABLADO. EL VERBO ENCARNADO NOS HA DICHO:
“Los justos irán a la Vida Eterna, los condenados al suplicio eterno”
(S. Mat. 15,46).
Cómo se dividirán unos de otros? Dios “Dará a cada uno según sus obras” (Rom.2,6), cosa necesaria, pero que raramente sucede en esta tierra.
En qué consiste esta “Vida Eterna”, y por qué este “suplicio”?
Acuérdese de que somos inteligencia y voluntad. Viviremos siempre de este modo. Dios nos ha creado así por amor: “porque Dios es bueno, nosotros existimos “ dice San Agustín. Nuestra felicidad consiste en conocer bien, recibirlo y comunicarlo. La felicidad de las felicidades “ -como dice el Santo Cura de Ars- es poseer con toda nuestra alma al Dios infinito, que es el “Espíritu de Caridad “(San Juan 4, 24). Dios es el único que no desaparecerá a nuestra muerte, como desaparecerán los bienes de esta tierra: y lo “veremos cara a cara, tal cual es”(1 Cor. 13,12).
Así comprendemos mejor lo horroroso que es perder a Dios. Pero no podemos comprenderlo enteramente, porque no podemos comprender la infinidad de Dios. “El ojo del hombre no vio, ni el oído escuchó, ni el espíritu del hombre puede comprender lo que Dios ha preparado para los que le aman” dice San Pablo (1 Cor. 2,9). Pero podemos comprender mejor una cosa si miramos su contrario: se debe estar en la miseria para apreciar mejor la comodidad, enfermo para apreciar mejor la salud, etc. Apliquemos lo dicho a nuestra salvación eterna. La alternativa es terrible:
SALVACIÓN o CONDENACIÓN.
Salvarse o condenarse quiere decir ser cortado y separado de Dios. Esto no lo podemos comprender, nos excede.
Y para ayudarnos, Dios a unido el FUEGO a la condenación. “Cuanta misericordia!” Dice un gran doctor de la iglesia, San Buenaventura, discípulo de San Francisco de Asís. Sí, cuánta misericordia! Todos sabemos lo que significa quemar, y lo que es quemarse. Por lo tanto, el asunto de nuestra salvación es grave. El cielo o el Fuego eternos. “Salados al fuego” dice Cristo (S. Marc. 9, 48). Del mismo modo que la sal penetra y conserva los alimentos, así puede ser que usted se queme eternamente en el in****no.
CONTINUARÁ....