23/08/2026
JESÚS ES EL MESÍAS, EL HIJO
DE DIOS VIVO
Mensaje Semanal
¿Qué transmitimos a los demás cuando nos declaramos cristianos, discípulos de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre? La validez y la credibilidad de nuestro testimonio como creyentes está en estrecha relación con nuestra experiencia interior del amor de Dios y la vivencia de la fe en comunión con la Iglesia.
Podemos aprender muchas cosas acerca de Dios, de la Biblia, de la vida y la obra de Jesucristo, de la historia de la Iglesia, pero lo que nos hace en verdad cristianos es la confesión, con nuestras palabras y obras, de quién es Jesús en nuestra vida.
Nuestro testimonio como cristianos no es fruto de un esfuerzo individual ni de una iniciativa al margen de la comunidad de creyentes, sino una misión, un encargo del Señor para comunicar al mundo entero la gozosa experiencia del Dios que, asumiendo nuestra humanidad, nos eleva a su misma vida y nos impulsa a vivir conforme a su amor.
La revelación del misterio íntimo de Jesucristo la recibimos en la relación personal con el Señor, y la consolidamos por medio de la comunidad de creyentes, en donde asimilamos dicha revelación y la autentificamos en comunión con Pedro, la roca firme que el mismo Jesús ha puesto para edificar su Iglesia. No es una revelación meramente humana, sino divina, sostenida por el mismo Jesucristo por medio de sus apóstoles.
En la lectura de Isaías encontramos una referencia al mayordomo de palacio, el encargado de la administración de los bienes y la casa del rey. Esta función del mayordomo adquiere una autoridad dada por Dios a través del anuncio del profeta. Su figura de autoridad es paterna, y las llaves representan el poder para administrar los bienes del rey, para abrir y cerrar los accesos y aposentos de palacio, para cuidar que los bienes se utilicen con rectitud.
Esta imagen de las llaves la vemos en el Evangelio, cuando una vez que Pedro ha pronunciado quién es Jesús para él y los discípulos, Jesús le confiere el cuidado de las llaves del Reino, para atar y desatar. Pedro se convierte en roca firme, en un referente sólido para acompañar con fidelidad a Jesucristo; será figura paterna, con la autoridad para mediar en el atar y desatar, abrir y cerrar el acceso al Reino de Jesús.
No es una autoridad ganada por méritos humanos, pues sabemos de las limitaciones de Pedro, sino por la voluntad de Jesucristo y su gracia que le auxilia, pues Cristo es la roca por excelencia, y Pedro será imagen vicaria de esta presencia que da solidez y seguridad a la fe.
El impulso de la fe y del buen testimonio cristiano está en el amor que Dios nos manifiesta y que nosotros asimilamos como fundamento de nuestra vida. Le pedimos al Señor que nos impulse a amar lo que nos manda y desear lo que nos promete para que así nuestro corazón se oriente a la verdadera felicidad.
Sabemos que su amor perdura eternamente, que su lealtad es fiel y que no abandona la obra de sus manos. Con Pablo afirmemos que todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. Seamos testimonio vivo y comprometido de la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios vivo.
Monseñor Hilario González García
Obispo Diócesis Saltillo
21º DOMINGO ORDINARIO
JESÚS ES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS VIVO
Isaías 22,19-23; Salmo 138(137): Señor, tu amor perdura eternamente; Romanos 11,33-36; Mateo 16,13-20
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Título “Sucesor”
Parroquia Santa María Reina de los Apóstoles