18/12/2022
Cuando busqué a Dios...
Cuando me dijeron que buscara a Dios, me hicieron mirar altas catedrales. Me enseñaron al crucificado, me mojaron con sus aguas, me arrojaron de rodillas a la fría piedra de la sumisión.
—No levantes demasiado la mirada— me susurraban los emisarios hipócritas, —nada hay fuera de estas paredes sino pecado.— Mirando prístinas vírgenes, santos torturados y una promesa vacía tras una vida de sufrimiento, me di cuenta que Dios no podía ser solo esa frialdad y crudeza. Dios no podía estar encerrado en unas palabras. Dios debía ser más grande.
Y la fría piedra me dió la respuesta. Una hermosa fruta servida por una sabia serpiente me hizo querer cometer aquellos pecados que me condenarían. Y nunca lo hicieron, encontré mi libertad.
Conocí la vida y la muerte en su riqueza y miseria. Los bosques vivos, las noches misteriosas, el sufrimiento, el placer, el miedo, el amor… Todos hermosos frutos de un paraíso que el falso Dios nos negaba. Estaba claro que Dios estaba en esa realidad, compleja y contradictoria, rica y pobre, cruel y misericordiosa. La Divinidad estaba allí latente, pero… Tenía que haber una realidad oculta que escondiera Misterios, porque la naturaleza es incomprensible para nuestras limitadas mentes humanas y su profundidad es infinita.
El Otro Lado debía ser visitado. Las huestes de mu***os susurraban viejos nombres mientras las lamias me seducían con sus mejores cantos. La vieja Serpiente me rodeó con su fuerza, la pasión de alcanzar a Dios embriagó mi ser. Y entre esas voces comprendí que si quiero romper la ilusión de la Vida, debo sumergirme en el sueño de la Muerte. Besé a la serpiente, me abandoné a la oscuridad. Las Señoras me tendieron su mano, el Maestro esperaba mi presencia. El Otro Lado me dió su bienvenida.
Renegué de los falsos dioses, entregué mi corazón a las enseñanzas liberadoras de los espíritus. Volé junto a la vida y volé junto a la muerte. Aprendí a ver que la verdadera Divinidad no es un ojo que nos juzga, sino un corazón inmortal que late en las profundidades de todos nosotros. Experimentar y conocer me hizo aprendiz de la sabiduría, me unió a los hilos de un Destino y me fundió el miedo en puro amor.
Y me juzgaron por entender que tras la muerte está la vida. Me condenaron por ver la belleza en las chispas del destino, por seguir un camino de la noche entre espíritus y almas. Por abrazar al Libertador y reconocer a mis Señoras me temieron, no comprendieron que este camino no se trata de nadar en el lodo, sino de observar las hermosas estrellas en la profundidad del abismo.
Y todo lo que ellos temían lo utilicé astutamente contra ellos. Corrompí sus ídolos y recité sus oraciones para mi propio beneficio. Seduje a los santos para que me ayudaran, cogí sus símbolos para crear máscaras, me volví un provocador para que los sordos escucharan lo evidente: hay razón en la contradicción, hay verdad para el que resuelva el enigma que hay tras el ocaso y el crepúsculo.
Por eso me he entregado al fuego del Maestro. Por eso soy un aspirante a unirme a su corte sagrada de aquellos que vuelan y mueven la sagrada rueca del Destino. He visto el sagrado espíritu en los placeres de la vida y he gozado de lo sagrado de la muerte.
Porque nunca es abajo, sino dentro...
Texto de: https://gnosticasabatica.wordpress.com/