25/05/2026
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“No está ahí para llamar la atención. Está ahí para servir.”
Muchas veces vemos en la Santa Misa a personas que hacen avisos, introducen las lecturas o ayudan a guiar la celebración.
Algunos los llaman monitores.
Otros comentaristas o comentadores.
Pero pocos saben que la Iglesia considera este servicio un verdadero ministerio litúrgico.
Y eso cambia completamente la manera de verlo.
Porque la liturgia no es improvisación.
Cada gesto, cada palabra y cada ministerio dentro de la Misa, tiene un sentido profundo orientado a dar gloria a Dios y ayudar al pueblo a entrar mejor en el misterio de la Eucaristía.
Por eso la Iglesia enseña que “cada cual desempeñe su oficio”.
El monitor o comentarista tiene la misión de ayudar a los fieles con breves moniciones y explicaciones que permitan comprender mejor la celebración y participar con mayor recogimiento.
No reemplaza al sacerdote.
No predica.
No ocupa el centro.
Sirve. Y justamente ahí está la belleza de este ministerio.
Porque en una época donde muchos buscan protagonismo, la liturgia nos recuerda que servir también es una forma de amar.
La Iglesia incluso enseña que quienes realizan este ministerio deben prepararse con seriedad, sobriedad y profundo espíritu litúrgico.
No se trata de “hablar bonito”.
Se trata de ayudar a otros a acercarse más a Dios.
Por eso el monitor no ejerce un cargo de honor.
Ejerce un servicio... Un servicio humilde que, cuando se realiza con fe, puede ayudar a que muchos corazones vivan la Misa con mayor profundidad.
Y quizás esa sea una de las enseñanzas más hermosas de la liturgia: en la Iglesia, hasta el servicio más sencillo puede convertirse en oración.