10/08/2025
Nueva Serie de estudios dominicales:
Jesucristo, la imagen del Dios invisible.
"El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los mu***os, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz."
Colosenses 1.15-20
Para contrarrestar la infiltración de la Iglesia mediante estas sutiles influencias, Pablo sólo tenía un argumento: Jesucristo.
Es en Cristo en quién el hombre es hecho completo. Nada existe fuera o además de la persona y la obra de Jesucristo, que es la plenitud de Dios.
"A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, 28 a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre."
Colosenses 1.27-28
Todo lo que jamás podamos tener, o conocer o ser, está en Cristo. Él es la realidad; todo lo demás no es sino una sombra; todo superconocimiento o superespiritualidad es un mero engaño; cualquier “mejoramiento” del Evangelio es, de hecho, un paso atrás; cualquier añadidura a Cristo es realmente disminuirle; todo desprecio hacia el cuerpo es pecado contra el espíritu.
Todas las cosas fueron creadas por Cristo y para Cristo, y es solamente cuando le damos a Él el primer lugar en la creación, en la Iglesia y en la vida del cristiano, cuando todo encaja en su justo lugar y todos los problemas son finalmente resueltos.
El mensaje del apóstol a la iglesia en Colosas es aún muy pertinente en la actualidad. Ciertamente, ¡cuántos cristianos, cuando, con toda humildad, consideran la grandeza de Dios y su propia insignificancia, se sienten indignos de acercarse a Él y se convencían a sí mismos de que Él nunca podría condescender a hablarles!
Así también, al igual que los colosenses, desean poder encontrar algún medio, por difícil que sea, de salvar la distancia que les separa de Dios, o poder ser iniciados en alguna doctrina sofisticada que haga esto posible.
Es cierto que Dios es grande: mucho más grande de lo que podemos imaginar. Es cierto que somos incapaces e indignos de comunicarnos con Él: aún más de lo que pensamos. Pero nada ni nadie puede abrir el camino a Dios, excepto Jesucristo, nuestro único mediador.
Siendo, al mismo tiempo, tanto Dios como hombre, Él ha salvado el inmenso abismo que nos separaba de un Dios infinitamente santo. Él nos habló a nosotros los hombres de parte de Dios, y ahora habla a nuestro favor a Aquel que es de ahora en adelante “nuestro Padre que está en los cielos”.
Solamente Él podía hacer esta obra, y la ha hecho perfectamente. Nada hay, por tanto, que añadirle. Los hombres siempre han tratado, consciente o inconscientemente, y frecuentemente con miras a su propia gloria o ventaja, interponer mediadores entre el alma humana y Dios: ángeles u hombres, teólogos o sacerdotes, santos o visionarios, que han tomado el lugar de Dios: ¡o casi lo han hecho! Jesucristo, ya por encima de todas las cosas y en nosotros, es la gran respuesta a estas desviaciones humanas.
Así pues, el tema de la Epístola a los Colosenses es Jesucristo, “La imagen del Dios invisible”, el misterio “en quién están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.” Es “en Él” en quien “habéis sido hechos completos”.