29/05/2026
MAYO 28
DEVOCIONAL
UNA FE QUE APRENDE A ESPERAR
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“A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar.” 1 Reyes 18:44
Elías fue un profeta grandemente usado por Dios. Él había anunciado que vendría una gran sequía sobre Israel y durante tres años y medio no cayó lluvia sobre la tierra. Todo esto sucedía en medio del pecado y la maldad que gobernaban aquellos tiempos. Pero después de ese largo tiempo, Dios vuelve a hablarle y le da una promesa: que volvería a llover sobre la tierra.
Elías creyó aquella palabra con todo su corazón. Por eso habló con tanta seguridad diciendo: “Gran lluvia se oye.” Pero aunque la promesa ya había sido dada, la lluvia todavía no aparecía. Y allí comenzó el tiempo de espera. Muchas veces esa es una de las partes más difíciles de la fe. Esperar cuando todavía no vemos nada. Esperar cuando el cielo sigue despejado y la respuesta parece tardar.
Sin embargo, la actitud de Elías no fue llenarse de desesperación ni angustia. La Escritura dice que puso su rostro entre las rodillas en señal de oración, humildad y dependencia total de Dios. Mientras esperaba, seguía orando. Mientras esperaba, seguía creyendo.
Y entonces enviaba a su criado a mirar el cielo. Una vez… y no había nada. Dos veces… y todavía nada. Tres veces… el cielo seguía vacío. Pero Elías no dejó de creer. A la séptima vez, el criado regresó diciendo: “Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre.” Qué pequeña parecía aquella señal frente a un cielo inmenso y completamente seco. Pero para Elías era suficiente. Aquella pequeña nube significaba que Dios ya estaba obrando y que la respuesta venía en camino. Y así fue. Poco después el cielo se llenó de nubes, hubo viento y cayó una gran lluvia sobre la tierra.
Qué hermosa enseñanza para nuestra vida. Porque muchas veces queremos respuestas inmediatas, pero Dios también usa los tiempos de espera para hacer crecer nuestra fe. En esos momentos se prueba nuestra paciencia, nuestra humildad, nuestra dependencia y nuestra constancia en la oración. La fe madura aprende a seguir creyendo aún cuando todavía no ve la lluvia.
Y quizás hoy tú también estás esperando una respuesta de Dios. Tal vez llevas tiempo orando, clamando y creyendo por algo que todavía no sucede. Pero no te desanimes si aún no ves grandes señales. A veces Dios comienza con una pequeña nube. Una pequeña puerta que se abre. Una pequeña esperanza. Una pequeña respuesta. Una pequeña señal de que Él sigue obrando. Y aunque parezca poco, cuando Dios está detrás de algo pequeño, puede venir una gran lluvia.
Crecer en fe también es aprender a esperar confiando en que Dios cumplirá cada una de sus promesas en el tiempo perfecto.
Señor, aumenta mi fe en los tiempos de espera. Ayúdame a seguir orando y creyendo aun cuando todavía no vea la respuesta completa. Enséñame a confiar en tus tiempos y a no desanimarme cuando el cielo parezca vacío. Que mi corazón pueda alegrarse aun con las pequeñas señales de tu fidelidad, sabiendo que Tú nunca llegas tarde y que siempre cumples tus promesas. Amén.
Sully SL ©