27/05/2026
La Gran Misión nace como una respuesta al llamado de Cristo de salir al encuentro principalmente de los que no conocen la palabra de Dios, llevando no solamente palabras, sino el testimonio vivo de una Iglesia cercana, alegre y fortalecida por la acción del Espíritu Santo, esta misión se convierte en un espacio donde la evangelización toma rostro en cada visita, en cada diálogo y en cada momento compartido con quienes buscan descubrir el amor de Dios en medio de su realidad cotidiana.
Después del retiro “Con la fuerza del Espíritu”, donde se invitó a los misioneros a impregnar su vida con el olor de Cristo mediante el servicio, la cercanía y el compromiso con los demás, esta Gran Misión continúa encendiendo el corazón de quienes desean caminar como discípulos misioneros. La fuerza del Espíritu Santo fue el motor que impulsó a cada joven a salir con valentía, dejando atrás el miedo y comprendiendo que evangelizar significa servir y no ser servidos, siguiendo el ejemplo de Jesús.
La jornada inició con la Santa Misa de envío celebrada a las ocho de la mañana, presidida por el Padre Oscar Contreras, quien exhortó a los misioneros a abrir su corazón a la acción del Espíritu Santo y a convertirse en instrumentos de esperanza para las familias, adolescentes y jóvenes que necesitan escuchar una palabra de fe, ánimo y amor. En un ambiente de oración y comunión, los participantes recibieron el envío misionero con la certeza de que Cristo camina junto a ellos en cada paso de esta experiencia evangelizadora.
La Gran Misión representa también el deseo de fortalecer una Iglesia en salida, cercana a las nuevas generaciones y comprometida con acompañarlas en su crecimiento humano y espiritual. A través de dinámicas, encuentros, visitas y momentos de oración, los jóvenes descubren que son parte activa de la misión de la Iglesia y que cada uno tiene un llamado particular para transformar su entorno con el Evangelio.
Así, esta experiencia misionera se convierte en un signo de esperanza para la comunidad, reafirmando que cuando el Espíritu Santo guía el caminar de los adolescentes y jóvenes, nacen corazones dispuestos a servir, evangelizar y construir una Iglesia viva, unida y llena del amor de Cristo.
Por: Roberto Gabriel
Imágenes: Iván Infante