09/09/2026
Miércoles 9 de Septiembre del año 2026
Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo:
"Dichosos ustedes los pobres,
porque de ustedes es el Reino de Dios.
Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados.
Dichosos ustedes los que lloran ahora,
porque al fin reirán.
Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos,
porque ya tienen ahora su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora,
porque después tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ríen ahora,
porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe,
porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!"
😇Palabra del, Señor.😇
👇MENSAJE IMPORTANTE PARA LEER 👇
🙏Reflexión al Santo Evangelio de hoy 🙏
Gran contraste nos presenta hoy este pasaje en uno de los discursos más conocidos de Jesús al que debemos leer a la luz del Espíritu para no llegar a conclusiones equivocadas.
Sobre la primera parte donde Jesús describe a los dichosos o bienaventurados, el Papa san Juan Pablo II hace una hermosa comparación entre este anuncio de Jesús, con el que hizo Jeremías cuando llama ‘bienaventurado’ al hombre que confía en el Señor y pone en Él su esperanza, que es como un árbol plantado junto al río, de modo que riega sus raíces y mantiene sus hojas verdes incluso en la estación cálida, no deja de dar fruto. De igual forma, los pobres de espíritu, los que se saben necesitados de Dios en todo, los que tienen hambre y sed de justicia (como dice Mateo) serán saciados; los que ahora lloran, a quienes promete que reirán porque Dios no abandona al que sufre y promete consolarlo; y por último los que hoy son aborrecidos, excluidos, que sean insultados o los maldigan, pero por causa de su fe, no por otras cosas, a quienes promete grandes cosas en el cielo.
Estas cuatro circunstancias, que bajo los criterios del mundo serían consideradas como situaciones no deseables, Jesús les da otra dimensión y son bendición si es que las estamos viviendo desde y por el Reino de los Cielos como dice el Papa, si eres como el hombre que ha puesto toda su confianza en el Señor.
Y por el otro lado, advierte a los ricos, no porque tener dinero sea malo en sí mismo, sino por el lugar que ocupa en su vida y por la forma en que comparte esos dones que Dios le ha dado; los que se hartan ahora de manera egoísta sin ver a su alrededor, sin voltear a ver al que sufre; los que ríen, no porque sea malo reír, sino que refiere al que solo piensa en el disfrute de esta vida y no le preocupa nada más; y por último a quienes sean alabados en esta tierra, porque piensan que todo lo que han logrado es por sus méritos y no reconocen que todo les viene de Dios.
En una frase muy corta, que también es una pregunta en la Escritura ¿en dónde está puesto tu corazón? ¿está puesto en las cosas del cielo o en este mundo? Pídele al Señor en oración que te ilumine y te permita ver si hay algo en la forma que estás viviendo que te haga formar parte de aquellos que “entran en los ayes” y si algo viene a tu corazón, decídete a volverte al Señor, ponlo en sus manos para que te permita ser como el árbol que se plantó junto al río.