17/09/2020
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Hace un año escribí esto y hoy le tomo un sentido especial. Me ha tocado ver y escuchar a infinidad de personas que, enmedio de su crisis personal lloran, claman a Dios y le prometen cientos de cosas. No importa si cuentan con recursos o no, siempre prometen lo imposible, especialmente porque no tienen voluntad de cumplirlo después. En la lectura de hoy encontré a un hombre que, al saber que Jesús anda cerca, dispone todo lo que tenía para alcanzarlo. A pesar de la molestia de otros, él se esfuerza y se pone frente a Él sin pensar en el dialogo que van a tener. Para su tranquilidad no le mandó a hacer nada. No le hizo una pregunta imposible de contestar. Sólo le dijo ¿Qué quieres de mí? Y él, con toda su sinceridad pidió lo mas obvio: ¡quiero ver! Y Jesús se lo concedió. La actitud del que había sido ciego es extraña. No busco pedirle mas cosas. No fue a fanfarronear en algún grupo el milagro. No se puso a vender agüita o aceites milagrosos. Al contrario, sólo siguió a Jesús para servirle y obedecerle. Encuentro dos asuntos valiosísimos: si pido a Jesús lo obvio, podré tener respuesta; y, cuando recibo respuesta debo servir a Dios en todo momento. Nada más. Recomiendo: si no estas dispuesto a seguir y a obedecer a Jesús, mejor no le pidas nada. Así evitas quedar mal frente a Él.
"Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino."
Marcos 10:51-52 RVR60