22/07/2024
«La historia de María de Magdala, recuerda a todos, una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte». -Benedicto XVI, 23 Julio, 2006
Sin entrar a debatir si María Magdalena fue la mujer que ungió los pies de Jesús o si fue a la que limpió de demonios, podemos considerar que quién tuvo el amor y la valentía de exponerse para lavarle al Señor los pies con su cabello, fuese capaz de estar con Él en la cruz y después permanecer amorosamente ante su cuerpo yacente.
Fue una mujer la que acompañó a María a los pies del sagrado madero, donde florecen las flores más bellas. Bañada con la sangre de Cristo, se unge para convertirse en testigo fiel de su vida, pasión, muerte y gloriosa resurrección. Fue la primera a la que Jesús se le presenta después de la resurrección y luego corre hacia los demás apóstoles con la mejor noticia de la historia y de ahí su título, Apóstol de los apóstoles.
Su ejemplo nos enseñe a permanecer fiel a la cruz y a hacer que corra la buena nueva ¡El Señor resucitó!