06/04/2026
Hoy en día la gran mayoría de personas viven sin entender las consecuencias de la muerte y la resurrección de Jesucristo. No han comprendido aún que Jesús no es un Dios de crucifijo, de cuna o de sepulcro; no es un Dios moribundo y agonizante; por el contrario, es un Dios vivo, de gloria y majestad.
Igual que las mujeres que fueron a buscar el cuerpo de Jesús en un sepulcro y no lo hallaron, hoy son millares de personas que del mismo modo están buscando a Jesús en "sepulcros" modernos que el hombre moderno ha fabricado, y tampoco lo encuentran. "Sepulcros" como la religión, la moralidad, la prosperidad, las buenas obras, el hedonismo, la tradición, la filosofía, las sectas, las nuevas revelaciones, el secularismo, el humanismo, la astrología, el cientificismo, etc.
A Jesús ya no lo encontramos en una cruz, desde donde pronunciara el sermón más agonizante de toda la historia de la humanidad; tampoco en una tumba fría donde lo sepultaron, ni en los "sepulcros" mencionados. A Jesús lo encontramos revelado en su Palabra, y ella da testimonio de él (Juan 5:39: 15:26 cf. Isa. 53:3-6).