Capilla San Antonio de Padua

Capilla San Antonio de Padua San Antonio de Pauda es una Capilla perteneciente a la Diócesis de Ensenada en la Parroquia de Maria Auxiliadora
Celebración Eucarística:
Domingo 10:00 am

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor
24/05/2026

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor

24/05/2026
Buenos días, les de Dios
24/05/2026

Buenos días, les de Dios

24/05/2026

Fuente: De las Homilías de san Bernardo, abad
(Hom. 11 super Missus est, 17: PL 183, 7013-71A)

“Mira la estrella, invoca a María”

San Bernardo llama a María “Estrella del Mar”, porque así como una estrella ilumina en medio de la noche y orienta a los navegantes, también María guía la vida de los cristianos en medio de las dificultades del mundo.

Cuando llegan las tormentas, las tentaciones, el cansancio o las dudas, la invitación es sencilla y profunda: mirar a María e invocarla con confianza. Ella conduce siempre hacia Cristo y sostiene a quienes ponen en Dios su esperanza.

En los momentos de tristeza, desesperación o miedo, María permanece como luz firme que anima el corazón y ayuda a no perder el rumbo. Su ejemplo enseña humildad, fidelidad y confianza en el Señor.

“Si Ella te sostiene, no caerás; si te protege, nada podrás temer; si Ella te guía, no sentirás el cansancio del camino; si Ella te ampara, llegarás a la meta”.

P.D. Texto adaptado pastoralmente a partir de las Homilías de san Bernardo abad para publicación en redes sociales.

Buenos días, les de Dios 
23/05/2026

Buenos días, les de Dios 

23/05/2026

Fuente: De los sermones de un autor africano del siglo sexto
(Sermón 8, 1-3: PL 65, 743-744)

🔥 La unidad de la Iglesia habla todos los idiomas 🔥

Pentecostés no fue solamente un milagro de lenguas, sino un signo de comunión. El Espíritu Santo hizo comprender que la Iglesia está llamada a reunir a todos los pueblos en una sola fe y en un solo amor.

Así como aquellos discípulos hablaron en todas las lenguas después de recibir el Espíritu Santo, hoy la Iglesia sigue hablando el lenguaje universal de la caridad, de la paz y de la fraternidad.

Cada vez que vencemos divisiones, perdonamos, escuchamos y caminamos juntos, el Espíritu sigue actuando. La verdadera lengua del cristiano es el amor que une.

Pidamos al Señor que nunca permitamos que la división destruya la casa de Dios, edificada con piedras vivas. Que sepamos sobrellevarnos mutuamente con amor y conservar siempre “la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz”.

🕊️ Ven, Espíritu Santo, y renueva a tu Iglesia.

P.D. Adaptación pastoral realizada a partir de un sermón de un autor africano del siglo VI, tomado de la Liturgia de las Horas.

22/05/2026

Del tratado de san Hilario, obispo, sobre la Trinidad
(Libro 2,1, 33. 35: PL 10, 50-51. 73-75)
EL DON DEL PADRE EN CRISTO

El Señor mandó bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, esto es, en la profesión de fe en el Creador, en el Hijo único y en el que es llamado Don. Uno solo es el Creador de todo, ya que uno solo es Dios Padre, de quien procede todo; y uno solo el Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, por quien ha sido hecho todo; y uno solo el Espíritu, que a todos nos ha sido dado. Todo, pues, se halla ordenado según la propia virtud y operación: un Poder del cual procede todo, un Hijo por quien existe todo, un Don que es garantía de nuestra esperanza consumada. Ninguna falta se halla en semejante perfección; dentro de ella, en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, se halla lo infinito en lo eterno, la figura en la imagen, la fruición en el don. Escuchemos las palabras del Señor en persona, que nos describe cuál es la acción específica del Espíritu en nosotros; dice, en efecto: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Os conviene, por tanto, que yo me vaya, porque, si me voy, os enviaré al Defensor.
Y también: Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. Él os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí. Esta pluralidad de afirmaciones tiene por objeto darnos una mayor comprensión, ya que en ellas se nos explica cuál sea la voluntad del que nos otorga su Don, y cuál la naturaleza de este mismo Don: pues, ya que la debilidad de nuestra razón nos hace incapaces de conocer al Padre y al Hijo y nos dificulta el creer en la encarnación de Dios, el Don que es el Espíritu Santo, con su luz, nos ayuda a penetrar en estas verdades. Al recibirlo, pues, se nos da un conocimiento más profundo. Porque, del mismo modo que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos adecuados, permanece inactivo (por ejemplo, los ojos, privados de luz, los oídos, cuando falta el sonido, y el olfato, cuando no hay ningún olor, no ejercen su función propia, no por que dejen de existir por la falta de estímulo, sino porque necesitan este estímulo para actuar), así también nuestra alma, si no recibe por la fe el Don que es el Espíritu, tendrá ciertamente una naturaleza capaz de entender a Dios, pero le faltará la luz para llegar a ese conocimiento. El Don de Cristo está todo entero a nuestra disposición y se halla en todas partes, pero se da a proporción del deseo y de los méritos de cada uno. Este Don está con nosotros hasta el fin del mundo; él es nuestro solaz en este tiempo de expectación.

21/05/2026

Fuente: Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan (Libro 10: PG 74, 434)

Jesús sabía que sus discípulos necesitaban algo más que su presencia física: necesitaban la fuerza interior del Espíritu Santo. Por eso les dice: “Les conviene que yo me vaya”. No era una despedida vacía, sino la promesa de una presencia más profunda y permanente.

El Espíritu Santo transforma el corazón humano. Nos ayuda a dejar atrás la vida marcada por el miedo, la tibieza o el egoísmo, para vivir con valentía, esperanza y santidad. Así sucedió con los discípulos: de hombres temerosos pasaron a ser testigos valientes del Evangelio.

También hoy el Espíritu sigue actuando en nosotros. Él nos levanta cuando caemos, fortalece nuestra fe en medio de las dificultades y nos recuerda que somos hijos amados de Dios, capaces de decir con confianza: “Abbá, Padre”.

Cuando dejamos espacio al Espíritu Santo, nuestra vida comienza a cambiar: el corazón se abre a las cosas del cielo, el miedo se convierte en confianza y el amor de Cristo se vuelve la fuerza que sostiene cada día.

P.D. Texto adaptado pastoralmente a partir del comentario de san Cirilo de Alejandría sobre el evangelio de san Juan.

Para tenerlo en cuenta
20/05/2026

Para tenerlo en cuenta

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