Capilla San Antonio de Padua

Capilla San Antonio de Padua San Antonio de Pauda es una Capilla perteneciente a la Diócesis de Ensenada en la Parroquia de Maria Auxiliadora
Celebración Eucarística:
Domingo 10:00 am

18/08/2026
¡𝐸𝑙 𝑆𝑒𝑛̃𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑀𝑖𝑙𝑎𝑔𝑟𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑒𝑔𝑟𝑖𝑛𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎 𝐷𝑖𝑜́𝑐𝑒𝑠𝑖𝑠!Con gran alegría invitamos a todas las comunidades a particip...
15/08/2026

¡𝐸𝑙 𝑆𝑒𝑛̃𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑀𝑖𝑙𝑎𝑔𝑟𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑒𝑔𝑟𝑖𝑛𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎 𝐷𝑖𝑜́𝑐𝑒𝑠𝑖𝑠!

Con gran alegría invitamos a todas las comunidades a participar en esta visita de gracia y esperanza.

El día lunes 24 de agosto en Nuestra Comunidad de la Parroquia María Auxiliadora recibamos al Señor con un corazón dispuesto!!

Con mucha alegría vivimos un hermoso encuentro como comunidad de nuestra parroquia María Auxiliadora, donde tuvimos la o...
13/08/2026

Con mucha alegría vivimos un hermoso encuentro como comunidad de nuestra parroquia María Auxiliadora, donde tuvimos la oportunidad de presentar y conocer más de cerca a los diferentes grupos, movimientos y servicios parroquiales, así como a nuestras capillas San Antonio de Padua y San Miguel Arcángel.

También tuvimos la grata presentación de nuestro párroco, el Padre Carlitos, quien compartió con nosotros parte de su historia y se presentó ante toda la comunidad con mucha cercanía y sencillez.

Durante este encuentro nos dio a conocer el calendario de actividades, así como las próximas celebraciones y fiestas de nuestra parroquia, invitándonos a participar, trabajar unidos y seguir fortaleciendo nuestra vida de fe.

Fue un momento muy especial para reconocernos como una sola comunidad, con diferentes grupos y capillas, pero unidos por un mismo propósito: caminar juntos en la fe, servir con amor y seguir construyendo una comunidad viva y cercana.

Fuente: San Anastasio Sinaíta, obispo. Sermón en el día de la Transfiguración del Señor (Núms. 6-10).Hoy la Iglesia nos ...
06/08/2026

Fuente: San Anastasio Sinaíta, obispo. Sermón en el día de la Transfiguración del Señor (Núms. 6-10).

Hoy la Iglesia nos invita a subir espiritualmente al monte Tabor, donde Jesús deja entrever a sus discípulos el resplandor de su gloria. No lo hace para deslumbrarlos, sino para fortalecer su fe antes de que llegue la hora de la cruz. El Señor sabe que el camino del discípulo tendrá momentos de oscuridad, y por eso regala destellos de su luz para que nunca perdamos la esperanza.

La Transfiguración nos recuerda que Dios siempre cumple sus promesas. Aunque muchas veces no comprendamos sus tiempos, Él nos muestra que la gloria llega después de la fidelidad. Quien permanece junto a Cristo descubre que ninguna dificultad tiene la última palabra.

San Anastasio nos invita a no quedarnos únicamente contemplando un acontecimiento del pasado, sino a emprender también nosotros el ascenso hacia Dios. Cada momento de oración, cada Eucaristía, cada acto de caridad y cada esfuerzo por vivir el Evangelio son pasos que nos acercan a la montaña donde Cristo transforma nuestro corazón.

El verdadero cambio comienza en el interior. Cuando dejamos que Jesús habite en nuestra vida, nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestra manera de amar empiezan a reflejar su luz. Esa es la auténtica transfiguración que el Señor desea realizar en cada uno de nosotros.

Pedro exclamó con alegría: «¡Señor, qué bien se está aquí!». Esa expresión nace del corazón que ha descubierto la presencia de Dios. También nosotros podemos experimentar esa paz cuando hacemos espacio para Cristo en medio de nuestras ocupaciones, preocupaciones y luchas diarias. Estar con Él es encontrar el verdadero descanso del alma.

La invitación del Evangelio sigue siendo actual: levantar la mirada, dejar atrás aquello que nos aleja de Dios y caminar con confianza hacia la vida nueva que Cristo nos ofrece. Él quiere que nuestra existencia sea un reflejo de su amor y una luz para quienes nos rodean.

Que la contemplación de Cristo transfigurado renueve nuestra esperanza y nos anime a vivir con la certeza de que, al permanecer unidos a Él, también nosotros participaremos un día de la plenitud de su gloria.

Invitación final: Pidamos al Señor que transforme nuestro corazón, fortalezca nuestra fe y nos conceda vivir cada día en la alegría de su presencia, para que, como Pedro, podamos exclamar con toda el alma: «¡Qué bien se está aquí, Señor!».

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Cordialmente invitados
05/08/2026

Cordialmente invitados

Fuente: Carta llamada de Bernabé, cap. 19, 1-3. 5-7. 8-12 (Funk 1, 53-57).El camino de la luz no es una idea abstracta, ...
05/08/2026

Fuente: Carta llamada de Bernabé, cap. 19, 1-3. 5-7. 8-12 (Funk 1, 53-57).

El camino de la luz no es una idea abstracta, sino una forma concreta de vivir cada día. La fe se manifiesta en nuestras decisiones, en la manera en que tratamos a los demás, en la humildad con la que reconocemos que todo bien proviene de Dios y en el amor con el que respondemos a su llamada.

El autor de la carta de Bernabé nos recuerda que el verdadero discípulo ama a Dios, honra a quien le dio la vida y vive agradecido por la redención recibida en Cristo. Ese amor no puede quedarse en palabras; debe traducirse en obras de misericordia, justicia y fidelidad.

El camino de la luz también nos invita a rechazar la hipocresía, el orgullo y la doblez de corazón. Dios desea una vida transparente, donde nuestras palabras y nuestras acciones sean un reflejo de la verdad del Evangelio. La humildad abre el corazón para que el Señor pueda transformarlo.

Este camino nos llama además a cuidar la vida, a educar en la fe a las nuevas generaciones, a compartir nuestros bienes con generosidad y a vivir desprendidos de la avaricia. Quien ha recibido los dones de Dios comprende que todo es gracia y que compartir nunca empobrece, sino que enriquece el corazón.

La carta también nos anima a buscar siempre la paz, evitando toda división y trabajando por la reconciliación. En un mundo marcado por tantas confrontaciones, los cristianos estamos llamados a ser constructores de comunión, sembrando esperanza allí donde otros siembran discordia.

Finalmente, el camino de la luz pasa por una constante conversión. Reconocer nuestros pecados, acercarnos a la oración con un corazón sincero y vivir atentos a la presencia de Dios nos ayuda a caminar con confianza hacia la vida eterna. Cada jornada es una nueva oportunidad para elegir la luz de Cristo.

Que hoy renovemos nuestro deseo de seguir al Señor con un corazón limpio, viviendo el Evangelio con sencillez, generosidad y alegría. Que nuestras obras permitan a otros descubrir que Cristo sigue iluminando el mundo a través de quienes caminan tras sus huellas.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Bienvenido. Agradecemos a Dios el que nos haya dado un pastor
04/08/2026

Bienvenido. Agradecemos a Dios el que nos haya dado un pastor

Fuente: San Juan María Vianney, presbítero. Catequesis sobre la oración (A. Monnin, Esprit du Curé d’Ars, París, 1899, p...
04/08/2026

Fuente: San Juan María Vianney, presbítero. Catequesis sobre la oración (A. Monnin, Esprit du Curé d’Ars, París, 1899, pp. 87-89).

La mayor riqueza del cristiano no se encuentra en las cosas que pasan, sino en Dios, que permanece para siempre. San Juan María Vianney nos recuerda que nuestro verdadero tesoro está en el cielo y que, por eso, nuestro corazón debe aprender a mirar constantemente hacia Él. Cuando vivimos con esta certeza, nuestras preocupaciones dejan de ocupar el primer lugar y la esperanza comienza a iluminar cada jornada.

El santo Cura de Ars nos enseña que la vocación más hermosa del ser humano es muy sencilla de expresar, pero inmensa en su profundidad: orar y amar. No se trata de dos tareas separadas, sino de una misma experiencia. Quien ora de verdad aprende a amar; y quien ama sinceramente descubre el deseo de encontrarse con Dios en la oración.

La oración no consiste únicamente en pronunciar palabras, sino en entrar en una profunda amistad con el Señor. Es ese momento en el que el alma se deja abrazar por su amor y experimenta una paz que el mundo no puede ofrecer. Dios nunca se cansa de escucharnos; al contrario, espera con paciencia que abramos nuestro corazón para llenarlo de su presencia.

Qué hermosa es la imagen que utiliza San Juan María Vianney al comparar la unión del alma con Dios con dos trozos de cera que, al fundirse, llegan a ser uno solo. Así desea el Señor unirse a nosotros: no desde la distancia, sino desde la intimidad de un amor que transforma, fortalece y renueva toda nuestra vida.

También nos recuerda que la oración ensancha el corazón. Muchas veces sentimos que nuestras fuerzas son pequeñas, pero cuando permanecemos junto al Señor, Él mismo dilata nuestra capacidad de amar, de perdonar, de servir y de confiar. La oración convierte nuestras lágrimas en esperanza y nuestras cargas en oportunidades para abandonarnos en las manos de Dios.

Con frecuencia llegamos al templo sin saber qué decirle al Señor, mientras que cuando visitamos a cualquier persona tenemos muy claro el motivo de nuestra visita. Hoy el santo nos invita a redescubrir el valor de esos momentos de silencio, de adoración y de diálogo sincero con Dios, presentándole nuestras alegrías, nuestras luchas y también nuestros deseos más profundos.

Si acudimos al Señor con una fe viva y un corazón limpio, nunca regresaremos con las manos vacías. Tal vez no siempre recibamos exactamente lo que pedimos, pero siempre recibiremos aquello que más necesitamos para caminar con fidelidad y confianza. La oración nos adelanta un poco del cielo y nos recuerda que nunca estamos solos.

Que hoy encontremos un momento para detenernos ante el Señor, hablarle con confianza y dejar que su amor transforme nuestro corazón. Descubriremos que la verdadera felicidad nace de vivir unidos a Él.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Fuente: Carta llamada de Bernabé, cap. 2, 6-10; 3, 1.3; 4, 10-14 (Funk 1, 7-9.13).La nueva ley de Jesucristo no se sosti...
03/08/2026

Fuente: Carta llamada de Bernabé, cap. 2, 6-10; 3, 1.3; 4, 10-14 (Funk 1, 7-9.13).

La nueva ley de Jesucristo no se sostiene en ritos vacíos, sino en un corazón transformado por el amor de Dios. El autor de la Carta de Bernabé recuerda que el Señor no busca únicamente actos exteriores, sino una vida que refleje la justicia, la misericordia y la verdad. La verdadera ofrenda agradable a Dios nace de un corazón humilde que reconoce su necesidad de Él.

Con frecuencia podemos pensar que basta con cumplir ciertas prácticas religiosas. Sin embargo, la Palabra nos invita a ir mucho más allá. Dios desea que nuestra oración se convierta en obras concretas de amor, que nuestro ayuno nos haga más sensibles al sufrimiento de los demás y que nuestra fe se traduzca en gestos de servicio hacia quien más lo necesita.

El profeta, citado en este texto, nos recuerda que el ayuno que agrada al Señor consiste en romper las cadenas de la injusticia, compartir el pan con el hambriento, vestir al desnudo y acoger al que no tiene hogar. La auténtica espiritualidad nunca nos encierra en nosotros mismos; siempre nos impulsa a salir al encuentro del hermano.

También se nos exhorta a no vivir aislados ni creernos ya perfectos. La vida cristiana se fortalece en la comunidad, donde aprendemos a caminar juntos, a corregirnos con caridad, a sostenernos en la oración y a buscar el bien común. Nadie llega al Reino caminando solo.

El autor nos invita además a permanecer vigilantes. La llamada de Dios es un don inmenso, pero exige perseverancia. No podemos dormirnos espiritualmente ni confiar únicamente en lo ya realizado. Cada día es una nueva oportunidad para renovar nuestra fidelidad al Señor y dejarnos transformar por su gracia.

Finalmente, la advertencia de que “muchos son los llamados y pocos los elegidos” no pretende sembrar miedo, sino despertar nuestra responsabilidad. Dios nos llama a todos con infinito amor, y espera que respondamos con una vida coherente, iluminada por el Evangelio y sostenida por la esperanza.

Que esta enseñanza nos impulse a ofrecer a Dios el sacrificio que más ama: un corazón sincero, una fe viva y unas manos siempre dispuestas a servir a los hermanos.

Invitación final: Pidamos hoy al Señor la gracia de vivir una fe auténtica, que una la oración con la caridad, y que cada día haga de nuestro corazón un verdadero templo donde Él pueda habitar.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Fuente: Carta de Bernabé, caps. 1, 1-8; 2, 1-5.La Carta de Bernabé nos recuerda que la vida cristiana no comienza ni ter...
02/08/2026

Fuente: Carta de Bernabé, caps. 1, 1-8; 2, 1-5.

La Carta de Bernabé nos recuerda que la vida cristiana no comienza ni termina en nuestras fuerzas, sino en la esperanza que Dios ha sembrado en el corazón de quienes creen en Él. Esa esperanza no es un simple deseo de que las cosas mejoren; es la certeza de que Cristo camina con nosotros y nos conduce hacia la vida eterna. Por eso el autor saluda a la comunidad con alegría, reconociendo la obra del Espíritu Santo que ya está actuando en ellos.

También nosotros necesitamos escuchar estas palabras. En medio de un mundo marcado por la incertidumbre, las dificultades y las preocupaciones, el Señor sigue invitándonos a vivir con la mirada puesta en sus promesas. Quien vive de la esperanza no se deja vencer por el desaliento, porque sabe que Dios nunca abandona a sus hijos.

El autor resume la vida cristiana en tres grandes pilares: la esperanza, la justicia y el amor. La esperanza sostiene nuestra fe; la justicia nos impulsa a vivir según la voluntad de Dios; y el amor manifiesta, con obras concretas, que Cristo habita en nuestro corazón. No basta con conocer estas verdades: estamos llamados a convertirlas en un estilo de vida.

Por eso nos exhorta a permanecer vigilantes. La fe necesita ser fortalecida cada día mediante la paciencia, la perseverancia, el dominio de nosotros mismos y la confianza en el Señor. Estas virtudes permiten que la sabiduría de Dios transforme nuestro modo de pensar, de hablar y de actuar.

Finalmente, el texto recuerda una enseñanza siempre actual: Dios no busca ritos vacíos ni prácticas religiosas sin conversión. Lo que agrada al Señor es un corazón sincero, humilde y dispuesto a cumplir su voluntad. La verdadera adoración nace de una vida que ama, perdona, sirve y permanece fiel.

Pidamos al Señor que renueve en nosotros la esperanza que da sentido a nuestra fe, para que nuestras obras manifiesten el amor de Cristo y nuestra vida sea un testimonio vivo de su Evangelio.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

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