Parroquia María Auxiliadora

Parroquia María Auxiliadora Horario de Misas:
Martes a Viernes 6:00 pm Sábados 9:00 am
Domingos 8:00,12:00, 6:00

Fuente: San Cipriano, obispo y mártir. Tratado sobre el Padrenuestro, caps. 8-9 (CSEL 3, 271-272).La oración que Jesús n...
15/06/2026

Fuente: San Cipriano, obispo y mártir. Tratado sobre el Padrenuestro, caps. 8-9 (CSEL 3, 271-272).

La oración que Jesús nos enseñó comienza con una palabra que transforma nuestra vida: Padre. No nos enseñó a dirigirnos a Dios pensando únicamente en nosotros mismos, sino como miembros de una gran familia. Por eso decimos “Padre nuestro” y no “Padre mío”. Desde las primeras palabras del Padrenuestro descubrimos que la fe cristiana nunca se vive en soledad.

San Cipriano nos recuerda que nuestra oración es pública y común. Cada vez que rezamos, llevamos en el corazón las alegrías, sufrimientos, necesidades y esperanzas de nuestros hermanos. Aunque estemos solos en una habitación, nuestra oración se une a la de toda la Iglesia extendida por el mundo.

Vivimos en una época en la que con frecuencia se fomenta el individualismo, donde cada persona parece preocuparse solamente por sus propios intereses. Sin embargo, el Evangelio nos invita a mirar más allá de nosotros mismos. El cristiano auténtico aprende a interceder, a cargar en su corazón las necesidades de los demás y a presentar ante Dios el clamor de toda la humanidad.

La unidad en la oración tiene una fuerza especial. Los tres jóvenes en el horno de fuego alababan a Dios con un solo corazón. Los apóstoles perseveraban unidos en la oración junto con María después de la Ascensión del Señor. Allí donde los creyentes oran unidos, Dios derrama abundantemente sus gracias y fortalece la comunión de su pueblo.

También es significativo que Jesús nos enseñe a llamar a Dios “Padre”. Esta palabra encierra una inmensa esperanza. Por el bautismo y por la fe en Jesucristo hemos sido hechos hijos de Dios. No somos extraños ante Él ni simples servidores; somos hijos amados llamados a vivir en su casa y a participar de su vida.

Cada vez que pronunciamos el Padrenuestro deberíamos hacerlo con gratitud. Al decir “Padre nuestro” reconocemos el inmenso regalo de pertenecer a la familia de Dios. Al decir “nuestro”, recordamos que caminamos junto a muchos hermanos y hermanas que comparten la misma esperanza y la misma fe.

Que esta enseñanza nos ayude a redescubrir la belleza de rezar por los demás, de sostener a quienes sufren y de fortalecer la unidad en nuestras familias, comunidades y parroquias. Una Iglesia que ora unida es una Iglesia que refleja el corazón mismo de Cristo.

Hoy el Señor nos invita a pasar de una fe individualista a una fe verdaderamente fraterna, donde cada oración se convierta en un acto de amor por Dios y por nuestros hermanos.

Invitación final

Pidamos al Señor la gracia de rezar cada día el Padrenuestro con mayor conciencia, sintiéndonos hijos amados del Padre y hermanos de todos los hombres.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Bendiciones para todos
15/06/2026

Bendiciones para todos

14/06/2026
Fuente: San Cipriano de Cartago, Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 4-6: CSEL 3, 268-270).La enseñanza de san Cipriano...
14/06/2026

Fuente: San Cipriano de Cartago, Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 4-6: CSEL 3, 268-270).

La enseñanza de san Cipriano nos recuerda que la oración auténtica no depende de muchas palabras ni de grandes demostraciones exteriores. Dios no se deja impresionar por el ruido, sino que mira el corazón de quien se acerca a Él con sinceridad. La verdadera oración nace de la humildad, del reconocimiento de nuestra necesidad y de la confianza en la misericordia divina.

Vivimos en un mundo lleno de distracciones y de voces que buscan llamar la atención. Sin embargo, cuando nos ponemos delante de Dios, somos invitados a entrar en el silencio interior. Allí, donde nadie más puede llegar, el Señor nos espera para escucharnos y fortalecernos.

Jesús mismo nos enseñó a orar en lo secreto, porque el Padre ve lo que está oculto. Esto no significa alejarnos de la comunidad, sino aprender que toda oración comunitaria debe brotar primero de un corazón que busca sinceramente a Dios.

San Cipriano nos enseña que Dios conoce nuestros pensamientos antes de que los expresemos. Por eso, no necesitamos convencerlo con discursos interminables. Él ya conoce nuestras alegrías, nuestras luchas, nuestros temores y nuestras esperanzas.

La figura de Ana es un hermoso ejemplo de esta confianza. Su oración apenas era perceptible para quienes la observaban, pero su fe era inmensa. Dios escuchó el clamor silencioso de su corazón y respondió a su súplica. Así también sucede con nosotros cuando oramos con fe perseverante.

El publicano del Evangelio comprendió esta verdad. No presumió de sus méritos ni se presentó como perfecto. Reconoció humildemente sus pecados y se abandonó a la misericordia del Señor. Su oración fue escuchada porque estaba sostenida por la verdad y la humildad.

Muchas veces podemos caer en la tentación de pensar que Dios nos escucha por nuestras obras o por nuestras cualidades. Sin embargo, la salvación es siempre un don de su amor. Por eso, cuanto más conscientes somos de nuestra fragilidad, más espacio dejamos para que actúe la gracia de Dios.

Hoy se nos invita a recuperar el valor del silencio, de la adoración interior y de la oración sencilla. Allí descubrimos que el Señor no está lejos, sino muy cerca, habitando en lo profundo de nuestro corazón y acompañándonos en cada momento de nuestra vida.

Que nuestras oraciones sean siempre expresión de una fe humilde, confiada y perseverante, sabiendo que el Padre escucha incluso aquello que no alcanzamos a expresar con palabras.

Invitación final: Dedica hoy unos minutos al silencio delante de Dios. Preséntale tu corazón con humildad y confianza, y permite que su misericordia transforme tu vida.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Fuente: San Lorenzo Justiniano, Sermón X en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María (Opera 2, Venecia ...
13/06/2026

Fuente: San Lorenzo Justiniano, Sermón X en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María (Opera 2, Venecia 1751, 38-39).

María nos enseña que la vida espiritual no consiste solamente en conocer muchas cosas acerca de Dios, sino en guardar sus palabras en el corazón y permitir que transformen nuestra existencia. Ella escuchaba, observaba, meditaba y reflexionaba constantemente sobre las maravillas que el Señor realizaba en su vida. Por eso su fe crecía, su amor se hacía más profundo y su unión con Dios era cada vez más intensa.

La Virgen no buscó protagonismo ni honores. Cuanto más comprendía los misterios de Dios, más crecía en humildad. Esta es una gran enseñanza para nosotros: el verdadero encuentro con Dios no nos llena de orgullo, sino que nos hace más sencillos, más agradecidos y más disponibles para servir.

San Lorenzo Justiniano nos recuerda que María se dejó guiar siempre por el Espíritu Santo. No actuaba según sus caprichos o impulsos personales, sino que procuraba responder fielmente a la voluntad de Dios. También nosotros estamos llamados a escuchar la voz del Señor en medio de nuestras decisiones, confiando en que Él conoce mejor que nadie el camino que conduce a la verdadera felicidad.

Muchas veces buscamos a Dios únicamente en las actividades externas, pero este texto nos invita a entrar en el templo interior del corazón. Allí, en el silencio de la oración, Dios nos habla, nos corrige, nos fortalece y nos purifica. Él mira más la intención sincera del corazón que la apariencia de nuestras obras.

La contemplación, la práctica de las virtudes y el servicio al prójimo encuentran su verdadero valor cuando nacen de la caridad de Cristo. No basta hacer cosas buenas; es necesario hacerlas movidos por el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones.

María nos muestra el camino de la purificación espiritual: escuchar la Palabra, guardarla, meditarla y permitir que produzca frutos de santidad. Quien vive así descubre que Dios habita con gusto en el corazón que se abre a su gracia.

Hoy, en medio de tantas preocupaciones y distracciones, la Virgen nos invita a detenernos un momento y preguntarnos qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestra vida. ¿La escuchamos de verdad? ¿La meditamos? ¿Permitimos que transforme nuestras decisiones y nuestras relaciones?

Cristo desea entrar en el templo de nuestro corazón. Allí quiere encontrar fe, humildad, amor y disponibilidad. Cuando le abrimos la puerta, Él convierte nuestra vida en una ofrenda agradable al Padre y nos conduce hacia la plenitud de su paz.

Que, siguiendo el ejemplo de María, aprendamos a conservar las cosas de Dios en nuestro corazón, para que nuestra fe crezca cada día y nuestra vida refleje la presencia amorosa del Señor.

Invitación final: Hoy dedica unos minutos al silencio y la oración. Pide a la Virgen María que te enseñe a escuchar, meditar y vivir la Palabra de Dios con un corazón humilde y disponible.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Hoy los esperamos
12/06/2026

Hoy los esperamos

Fuente: San Buenaventura, obispo, El árbol de la vida, opúsculo 3, 29-30.47.San Buenaventura nos invita a mirar con el c...
12/06/2026

Fuente: San Buenaventura, obispo, El árbol de la vida, opúsculo 3, 29-30.47.

San Buenaventura nos invita a mirar con el corazón a Cristo crucificado. No se trata sólo de contemplar una escena dolorosa, sino de reconocer quién es Aquel que está en la cruz: el Hijo de Dios que entrega su vida por amor a nosotros.

Ante la cruz, toda la creación parece estremecerse. Los cielos y la tierra lloran, las piedras se quiebran, y el corazón humano es llamado a no permanecer indiferente. La cruz nos pregunta si todavía somos capaces de conmovernos ante tanto amor.

Del costado abierto de Cristo brotan sangre y agua. Allí la Iglesia reconoce una fuente de vida, de gracia y de salvación. No es una herida vacía: es el manantial de los sacramentos, el lugar donde Dios sigue comunicando su vida a quienes se acercan con fe.

El Corazón traspasado de Jesús nos revela que el amor de Dios no se queda cerrado en sí mismo. Se abre, se entrega, se derrama. De esa fuente nace la Iglesia y de esa fuente somos renovados cada vez que buscamos perdón, fortaleza, consuelo y vida nueva.

San Buenaventura nos invita a acercarnos a esa herida santa como quien busca refugio. El alma creyente encuentra allí su casa, su descanso, su seguridad. En el Corazón de Cristo hay lugar para nuestras heridas, cansancios, pecados y esperanzas.

Beber de la fuente del Salvador significa dejar que Cristo sacie nuestra sed más profunda. Muchas veces buscamos vida en lugares que no pueden dárnosla; pero sólo en Él encontramos el agua que limpia, fortalece y conduce a la vida eterna.

Por eso, el cristiano no mira la cruz con desesperanza, sino con gratitud. En Cristo crucificado descubrimos que el amor de Dios es más fuerte que el pecado, más profundo que nuestro dolor y más luminoso que nuestras tinieblas.

Hoy se nos invita a correr con vivo deseo hacia esa fuente de vida y de luz. Quien se acerca al Corazón de Jesús no queda igual: recibe una luz nueva para mirar la vida, una paz más honda para caminar y una gracia más fuerte para amar.

Pidamos al Señor que ablande nuestro corazón, que despierte en nosotros gratitud y conversión, y que nos enseñe a beber cada día de la fuente viva de su amor.

P.D. Adaptación pastoral realizada para las redes sociales.

Dirección

Avenida Abelardo L. Rodriguez #143
Ensenada
22760

Horario de Apertura

Lunes 10am - 1pm
3pm - 6pm
Martes 10am - 1pm
3pm - 6pm
Miércoles 10am - 1pm
3pm - 6pm
Jueves 10am - 1pm
3pm - 6pm
Viernes 10am - 1pm
3pm - 6pm
Sábado 10am - 1pm

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Parroquia María Auxiliadora publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Lugar De Culto

Enviar un mensaje a Parroquia María Auxiliadora:

Compartir