17/05/2025
Querida comunidad de San Isidro Labrador,
Nos reunimos con inmensa alegría y gratitud para celebrar un momento histórico: los 100 años de fe, esperanza y unidad de nuestra querida comunidad. Este centenario no solo marca un siglo de vida, sino también de gracia, de entrega y de amor a Dios, valores que han sostenido a esta parroquia desde su fundación.
A lo largo de estos 100 años, hemos sido testigos de innumerables bendiciones. La fe nos ha guiado en los momentos de alegría y nos ha sostenido en los tiempos de dificultad. Juntos hemos construido no solo un templo físico, sino una verdadera comunidad de fe, una familia espiritual que refleja el amor de Cristo en cada acción, en cada oración, y en cada encuentro.
Hoy quiero expresar mi más profundo agradecimiento a cada uno de ustedes. A las familias que han cuidado y preservado este legado, a los fieles que han mantenido encendida la llama de la fe, y a quienes, con sus oraciones y trabajo incansable, han hecho de esta parroquia un lugar donde Dios vive y reina en nuestros corazones.
En este día especial, no podemos olvidar el gesto de generosidad que dio origen a esta historia. Con gratitud, recordamos a la familia que donó el terreno donde se erigió esta parroquia, la familia que, con su amor y desprendimiento, nos permitió tener este espacio sagrado. Gracias a su noble acto, generaciones enteras han podido encontrar aquí un hogar espiritual, un lugar donde Dios nos une y nos fortalece. Que su legado siga siendo una inspiración para todos nosotros.
Hoy celebramos el pasado con gratitud, vivimos el presente con alegría, y miramos al futuro con esperanza. Sigamos construyendo juntos, con fe y amor a Cristo Salvador, el sueño de una comunidad aún más fuerte, más unida y más llena de la presencia de Dios.
Que San Isidro Labrador, nuestro santo patrono, interceda por nosotros y nos inspire a seguir sembrando las semillas del amor, la fe y la solidaridad en esta tierra bendita.
¡Felices 100 años, comunidad de San Isidro Labrador! Que esta celebración sea un recordatorio de que, con Dios en el centro de nuestras vidas, todo es posible.
Muchas gracias.