20/11/2022
Mensaje de este Domingo
Jesucristo Nuestro Rey
Todo rey en este mundo tiene su reino limitado por un territorio. Pues hoy celebramos a un Rey cuyo reino no tiene límite, excepto el límite que yo le ponga para que no reine en mi corazón.
En la vida diaria se habla de estructuras externas sociales, políticas, empresariales, eclesiales, etc. Pero Jesús quiere ir directamente a nuestra estructura interna compuesta por la inteligencia, la voluntad y nuestras emociones o sentimientos. Si nuestro interior está gobernado por Cristo entonces tenemos una inteligencia encausada hacia Dios, una voluntad firme que lo desea y unos sentimientos que se alegran en tenerlo.
Si esa estructura interna está cimentada en el amor y la misericordia de Dios, entonces toda persona y con mayor razón, todo cristiano se involucra en las estructuras externas para que sea Cristo quien reine al grado de dar la vida misma por Cristo, como lo hicieron los mártires mexicanos que con gran valor murieron gritando el nombre de Cristo e invocando su reino.
Es absurdo cuando alguien afirma que la Iglesia no debe meterse en política, en las directrices que toman los que gobiernan nuestro país o en la vida social. La Iglesia tiene no solo la encomienda sino el sagrado deber de estar atenta de que Cristo reine en todos los rincones de nuestra sociedad y ahí donde se violente la dignidad de cualquier persona especialmente de los más vulnerables como los enfermos, los niños o los ancianos, ahí donde se violente a los bebés desde el vientre materno, ahí donde se violente la familia o el matrimonio, ahí donde se violenten las instituciones civiles o los valores, la Iglesia debe alzar la voz para denunciar el mal y proclamar el reinado de Cristo.
Y cuando hablamos de Iglesia nos referimos a todos los bautizados. Un verdadero cristiano no busca quedar con los políticos o con aquellos que tienen el poder, sino ser fiel al reinado de Cristo aunque sea consciente que los enemigos de Cristo serán también sus enemigos. Si realmente le decimos a Cristo en el Padre nuestro que venga a nosotros su reino, no debe de ser de la boca hacia afuera sino de la boca hacia adentro, pues el mejor lugar donde Cristo quiere reinar es en el sagrario de nuestro corazón.
Cuenta la santa Sor Faustina que en su deseo de entregarle a Cristo todo de ella, le suplicaba que le indicara que parte de ella no se lo había entregado. Cristo corresponde a la petición de la Santa y le dice: “Faustina, en realidad tú no me has dado nada tuyo, todo lo que crees que me has dado yo antes te lo di a ti. Si realmente quieres darme algo que sea tuyo, regálame tus pecados”
Vivimos tiempos difíciles en la fe, la conciencia parece estar anestesiada. Fácilmente vendemos nuestra conciencia por muy poco para que los poderosos nos gobiernen bajo su régimen de engaño y maldad. Fácilmente aplastan nuestra fe siendo los nuevos Herodes que buscan eliminar a Cristo queriéndolo asesinar de nuevo y nosotros nos callamos y con nuestra complicidad gritamos de nuevo: “crucificado”. Vivimos tiempos difíciles y si realmente queremos que Cristo sea nuestro rey, regalémosle nuestros pecados y con su gracia defendámosles de los nuevos Herodes evitando lavarnos las manos como Pilatos.
¡¡¡Que viva Cristo Rey!!!