04/02/2025
LA REVOLUCIÓN DE JESÚS.
(Lucas 14:21-24)
Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.
(Lucas 14:21-24)
La revolución de Dios no es una lucha de clases o revolución política tradicional, sino una transformación interior que cambia la perspectiva de los individuos y comunidades hacia la vida y la fe.
(Mateo 5:13-16)
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud,sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
(Mateo 5:13-16)
¿Por dónde se debe comenzar? ¿Se necesita tener un talento especial, una inteligencia al nivel de un genio o una idea brillante para empezar a cambiar el mundo? ¿Cuál debería ser la prioridad: terminar con la pobreza en el mundo, mejorar la educación, reducir el crimen, encontrar una cura para el cáncer o las peores enfermedades? ¿Qué estrategia se debería usar? ¿Cuánto dinero se necesitaría? ¡Las preguntas son infinitas! Pero el Espíritu Santo nos muestra el camino y nos ayuda a concentrarnos en lo que es más importante.
(Juan 8:12)
Otra vez Jesús les habló, diciendo:Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
(Juan 8:12)
Jesús fue un revolucionario. ¿Cómo podríamos denominar a alguien que anunció la buena nueva a los pobres, dio vista a los ciegos y libertad a los presos y oprimidos? Estas eran palabras que iban a contramano de la sociedad en la cual eran pronunciadas.
(Mateo 9:10-13)
Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
(Mateo 9:10-13)
De qué otra forma podríamos llamar a alguien que se enfrentó con un mensaje de amor a un imperio que trajo muerte. Un amor que va más allá de las estructuras sociales, y que incluye, también a aquel a quien podemos sentir como enemigo. Un amor que hace posible otra forma de vivir.
Jesús invitó a las mujeres, a los niños, a los enfermos y a los pobres a la misma mesa, celebró con ellos la memoria de la liberación que Dios quiere para su pueblo. Ese es su proyecto revolucionario y amoroso: la búsqueda por transformar las bases mismas de la sociedad, para que todos y todas tuvieran un lugar en la mesa compartida.
Su acto más grande revolucionario de amor fue la cruz, pero para él no fue el final, sino el principio. En la cruz se reveló la crueldad de aquellos que no entendieron —ni entienden— que la acción liberadora de Dios en la historia humana no puede ser detenida.
Con la resurrección queda de manifiesto, una vez más, que celebramos a un Dios que supera la muerte, celebramos un Dios de vida.
Con el envío a sus discípulos para anunciar la palabra, se revela que la misión no es en solitario, sino que es una tarea comunitaria.
(Juan 21:15-17)
Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
(Juan 21:15-17)
Si te das cuenta la primera vez Jesús le dijo apacienta mis cordero se refiere ve enseña, instruye, a los que no son ovejas ( necesitados, los enfermos, pecadores) sal iglesia por ellos es el primer paso que nos pedía Jesús .
La segunda vez le decía pastorea mis ovejas, nos está ablando guía al cuerpo de cristo por el buen camino, cuídalos.
La tercera vez le decía apacienta a mis ovejas enseña al cuerpo de cristo, instruye los por el camino correcto.
Nos está pidiendo que nos incomode los tiempos que nos encontramos y seamos radicales al expresar nuestra relación con El. Nos avivemos en nuestros corazones para empezar ese avivamiento en nuestro entorno y empezemos esa revolución como lo hizo Jesús.
Vayamos con la certeza de que Dios actúa y lleva adelante su proyecto de salvación, en nuestra vida y en toda la historia humana.
(Mateo 28:18-20)
Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
(Mateo 28:18-20)
Como Jesús, vayamos con la rebelión en los labios, la revolución en nuestros actos y la revelación en nuestros corazones.
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