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12/02/2025

Continuando unidos a la intención del Papa Francisco de este mes orar por estas vocaciones, lanzamos este reto, ¿te gustaría el día de hoy unirte a realizarlo? Esperamos sus fotos.

Sabías  esto de la vocación?
21/09/2024

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Hola amigos. Ya pueden seguir mi instagram
04/09/2024

Hola amigos. Ya pueden seguir mi instagram

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Les pedimos realicen esta oración todos los jueves y tambien en sus grupos parroquiales, movimientos, asambleas de oraci...
22/08/2023

Les pedimos realicen esta oración todos los jueves y tambien en sus grupos parroquiales, movimientos, asambleas de oracion, rosarios, etc.

Esta es la oración oficial de la Pastoral Vocacional en nuestra Arquidiócesis.

Y tú,  usas pulseras o collares con ese ojo turco?
14/06/2023

Y tú, usas pulseras o collares con ese ojo turco?

El “ojo turco” es un amuleto que se encuentra cada vez con más frecuencia en diversos hogares. ¿Tienes uno de ellos? Esto es lo que dice un sacerdote del Colegio de Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México sobre sus peligros.

Quienes creen en cosas como “el mal de ojo y en cualquier otro tipo influjo supersticioso, lo mismo pueden creer en eso que creer que existen las hadas madrinas y todos los personajes de la fantasía de la ficción”, expresó.

Sacerdote advierte sobre el peligroso uso del amuleto “ojo turco”
El sacerdote explicó que “como cualquier otro objeto supersticioso, aleja a la persona de Dios, sobre todo porque es una expresión de desconfianza al poder de Dios y más aún, de desconocimiento de Su amor”.

Al mismo tiempo, el padre Mendel enfatizó que que solo Dios tiene una fuerza superior, “y un creyente naturalmente, confía en ese poder de Dios”.

Muchos tienen un “ojo turco” solo por decoración, porque les gusta su forma y colores. Sin embargo, el sacerdote señala que “el problema es que ese tipo de objetos no dejan de tener una fuerte carga simbólica”.

“Es decir, yo puedo no creer en el supuesto poder que tiene. Sin embargo, para alguna persona que visita mi casa o que me ve que traigo colgado eso, aunque solo sea por adorno o porque me gusta, no deja de causar confusión”.

En este sentido, “es una falta de testimonio, pues alguien que me vea con esas cosas puestas pensaría que yo creo en eso”.

Tres peligros de todos los amuletos
El padre Medel describe todo cristiano que usa un amuleto “enfrenta tres peligros”.

1) “El cristiano se aleja de Dios, porque confía más en una cosa que en Dios mismo. El solo hecho de creer que eso podría tener algún poder nos hace desconfiar de Dios y confiar en algo que no es Dios”.

2) “Aumenta en nosotros los miedos y las ideas vagas, imprecisas, que vienen de la ignorancia de nuestra fe, de que cosas o personas fuera de Dios tienen algún tipo de poder sobre nosotros”.

3) “Dar un falso testimonio de su fe”

La Palabra de Dios, indicó el sacerdote, “es la que guía, es la que ilumina. El miedo es algo natural, pero cuando se ignora la Palabra de Dios, ese miedo crece, porque entonces es alimentado por la ignorancia, por la fantasía”.

28/04/2023

Hora santa vocacional

Unámonos  a Orar por las Vocaciones, recuerda
24/04/2023

Unámonos a Orar por las Vocaciones, recuerda

Abro Hilo sobre la vida de San Manuel Morales.Ya lo conocías?
08/02/2023

Abro Hilo sobre la vida de San Manuel Morales.
Ya lo conocías?

¿Conocías cómo  se forman los seminaristas, futuros Sacerdotes?Aquí  te informamos👇👍✌️
02/01/2023

¿Conocías cómo se forman los seminaristas, futuros Sacerdotes?
Aquí te informamos👇👍✌️

03/12/2022

Una niña se confiesa de que le pegó a una compañera, pero calla que le miente a su mamá. Un joven se confiesa de acostarse con su novia, pero no de que es adicto a la pornografía. Una señora se confiesa de chismear, pero omite que a su marido le roba dinero de su cartera. ¿Qué tienen en común estos tres casos? Que el Sacramento de la Confesión de estas personas no fue válida.

¿Por qué? Por un detalle que parece pequeño pero es muy importante y desgraciadamente no toda la gente conoce: Si quien se confiesa omite a propósito un pecado, es decir, lo recuerda pero no lo dice, su Confesión queda invalidada, así que lo que confesó no quedó absuelto y debe volver a confesarlo.

Para que el Sacramento de la Confesión sea válido no sólo se requiere: arrepentimiento, propósito de enmienda y cumplir la penitencia, sino confesar todos los pecados cometidos desde la última Confesión.

Si acaso sin querer alguien olvida confesar un pecado y se da cuenta después, no hay problema, pues no lo omitió a propósito. Pero debe confesarlo la siguiente vez.

¿Sueles caer en la tentación de no confesar ciertos pecados? Entonces te conviene tomar en cuenta lo siguiente:

1. Jesús instituyó la Confesión para tu bien
Jesús dio a Sus discípulos (y obviamente a sus sucesores), el poder de perdonar pecados (ver Jn 20, 19-23) pero no de adivinarlos, así que deben escucharlos. Y como los perdonan en nombre de Jesús, es con Él con quien te confiesas, con Él, que te conoce, te ama como eres y está siempre dispuesto a perdonarte. Pero debes poner tu pecado en Sus manos. Si te lo guardas, te seguirá dañando.

2. El confesor no se espanta de nada
Los confesores han oído de todo, no creas que se van a caer de espaldas al oír tus pecados. Dicen que el diablo nos quita la vergüenza para que pequemos y luego nos la devuelve para que no nos confesemos. Nos susurra al oído: ‘qué va a pensar el padre de ti’, ‘¡lo que hiciste es tremendo!, ¡te va a regañar!, ¡no se lo digas!’, ‘al fin y al cabo no fue tan malo, mejor guárdatelo’. No hagas caso. Dice san Pablo que somos hijos de la Luz, no de las tinieblas, no conserves tus pecados ‘en lo oscurito’. Confiésalos, ¡deshazte de ellos!

3. No tienes que confesarte cara a cara
No dejes que la pena te detenga. Muchas iglesias tienen confesionario. Busca una. Podrás confesarte con la seguridad de que el confesor no te verá ni sabrá quien eres.

4. Sólo en la Confesión puedes desahogarte con tranquilidad
Cuando le dices algo a alguien pidiéndole que no lo platique, es seguro que se lo contará a quien más confianza le tenga, y esa persona a su vez lo contará, y así, tarde o temprano, medio mundo conocerá tus intimidades. En cambio en el Sacramento de la Confesión tienes la absoluta seguridad de que nada de lo que digas se sabrá. Puedes desahogarte, quitarte ese peso que te ha venido agobiando, quedar con el alma aligerada, salir casi flotando del Confesionario. ¡Es delicioso!

5. En la Confesión recibes la fuerza para superar tus pecados
Dice Jesús que sin Él no podemos hacer nada (ver Jn 15, 5). Con tus solas fuerzas no lograrás superar tu pecado, sobre todo si se te convirtió en hábito. Necesitas la ayuda del Señor, y en la Confesión la recibes. No sólo te perdona, sino te fortalece para no volver a pecar. Y aunque es probable que lo vuelvas a cometer, con cada nueva Confesión te vas fortaleciendo más y más para resistir esa tentación que antes te hacía caer.

¿Qué puedes hacer si al recordar Confesiones pasadas te acuerdas de que en alguna o peor aún, en varias de ellas, callaste a propósito pecados que habías cometido, y por lo tanto han sido inválidas?

Lo que suele recomendarse en estos casos es hacer una cita con algún buen confesor (pregunta a tu familia y amigos, de seguro conocen a varios), para tener lo que se conoce como ‘Confesión general’. ¿Qué es y qué se necesita para realizarla? La próxima publicación te lo decimos!

02/12/2022

CARTA A LA MADRES DE SEMINARISTAS
Detrás de cada sacerdote hay una gran mamá. ¿De dónde sacamos ese amor a la Iglesia que nos llevó a aceptar el llamado de Jesús?, ¿de dónde el deseo de dejarlo todo por seguirlo?, ¿de dónde nuestra preocupación por nuestros hermanos más necesitados?
De nuestros padres, de nuestros hermanos, de los buenos amigos que nos rodearon!

En los brazos de ustedes, mamás, como todos los niños, aprendimos a llamar a Dios “papá” y lo amamos porque ustedes lo amaban.

Con ustedes, y con toda nuestra familia, asistimos a la Misa dominical en donde se nos hizo familiar la figura del sacerdote.

Ustedes nos enseñaron a amar la Eucaristía y nos acompañaron después de comulgar, a dar gracias por el Santísimo Sacramento que acabábamos de recibir.

¡De ustedes, mamás, aprendimos a socorrer a nuestros hermanos los pobres cuando nos daban una monedita, y nos decía: “ten, dásela a ese señor”.

Quizás de ustedes escuchamos por primera vez la pregunta que nos conmovió y que cambió nuestra vida para siempre: “¿no te gustaría ser sacerdote?”

Los superiores del seminario se preguntan con frecuencia si la vocación es del candidato al sacerdocio o de la mamá. Yo creo que también hay una vocación para ser mamá o papá de un sacerdote, y creo que su respuesta generosa se convierte en apoyo al hijo que marcha al seminario.

¿Se han fijado que cuando nuestros estudiantes logran titularse en alguna carrera de tipo civil, mandan a hacer su título en metal y, junto con él, un título especial dedicado a sus padres?

¡El triunfo de un hijo profesionista es, también, el triunfo de sus papás y de toda su familia! Por eso se luce tal reconocimiento en un lugar especial del hogar donde todas las visitas puedan verlo. Es el orgullo de los papás.

Así sucede también con los sacerdotes. Cuando, después de muchos años, el seminarista llega a la ordenación lo hace con una gran alegría, y ese gozo lo comparten sus padres, sus hermanos y hasta su pueblo entero.

Una cantamisa es una fabulosa fiesta de júbilo eclesial. Hay que ver las largas filas de parientes, amigos y vecinos que se acercan a felicitar al neo sacerdote y a besar sus manos recién consagradas.

Hay que ver con cuánta emoción recibimos su primera bendición sacerdotal. Una tía mía presumió siempre que ella había sido la primera que se confesó conmigo.

Gracias, en nombre de la Iglesia, por el don de su hijo sacerdote. Dios sabe pagar los sacrificios familiares. Algunos piensan que un hijo que se ordena sacerdote es un hijo perdido, con el que ya no se puede contar; sin embargo la experiencia nos enseña que no es así.

¡Hay que ver con cuánto amor cuidan a sus padres ancianos los sacerdotes! El Arzobispo de México nos dio el ejemplo llevándose a sus padres ancianos a vivir con él hasta que se mudaron al cielo.

Un hermano sacerdote tiene que cuidar a su mamá ancianita, y ya que tiene que hacerlo, se animó a fundar una casa para ancianos. “Todos son mi mamá y mi papá”.

Gracias, mamás, por haber logrado que su hogar fuera el primer seminario de su hijo. Por haberle pedido a Dios, quizás, la gracia de tener un hijo sacerdote.

Por seguir cuidando de nuestra vocación, no sólo en el seminario, sino ya en nuestro ministerio, con sus maternales consejos y sus correcciones no siempre bien recibidas, porque los hijos siempre pensamos que ya somos grandes y que ya no necesitamos los consejos paternos.

Gracias por su oración constante que, indudablemente, atrae para nosotros tantas bendiciones de Dios. Ustedes nos quieren santos; pídanselo a Dios porque Él siempre les hace caso a las mamás.
¡Ruega mamá por tu hijo semonarista!

Gracias, mamá.

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Durango
34208

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