24/05/2026
Salmos 120:1 A Jehová clamé estando en angustia, Y él me respondió.
¿Alguna vez has sentido que la angustia es tan pesada que casi no te deja respirar? Hay momentos en la vida donde los problemas se acumulan y nos encontramos en un callejón que parece no tener salida. Precisamente en un momento así es donde nace este salmo.
Lo hermoso de este versículo es su honestidad. No maquilla la realidad. El salmista admite que está en crisis, que siente dolor. Pero lo clave aquí es lo que hace con esa angustia: la transforma en un clamor. No se la guarda, no se aísla, sino que la dirige con fuerzas hacia Dios. Clamar no es una oración elegante ni perfectamente estructurada; clamar es un grito del alma, es un acto de desesperación y, al mismo tiempo, de profunda fe.
La promesa final del versículo es el verdadero descanso para nuestro corazón: "Y él me respondió". Dios no ignora nuestro dolor. Él no se mantiene distante ni indiferente ante nuestras lágrimas. Aunque a veces su respuesta no llegue en el tiempo o de la forma que esperamos, el simple hecho de saber que el Creador del universo se inclina para escucharnos ya empieza a romper la soledad de la angustia.
Si hoy estás pasando por un momento difícil, recuerda que no tienes que fingir que todo está bien. Está bien llorar, está bien sentirse abrumado. Pero no te quedes ahí: levanta tu voz. Clama con confianza, porque el mismo Dios que escuchó al salmista hace miles de años, está hoy atento a tu voz.