10/10/2014
Verdades acerca del Perdón. (1 parte)
“Solo los valientes saben perdonar… un cobarde nunca perdona; no es parte de su naturaleza”. Federico Soto
Vivir una vida sin perdonar es lo mismo que dejar puesto el freno de mano cuando conduces tu automóvil. No se puede avanzar mucho. Hace que vayas más despacio y pierdas el impulso. Uno de los lujos más grandes que te puedes dar es no perdonar a alguien. Y si insistes en darte este lujo te sorprenderá el pago de una factura muy, pero muy alta. Un resentimiento profundamente arraigado en tu vida carcomerá tu tranquilidad al igual que un cáncer, que mata destruyendo un órgano vital. De hecho, hay pocas cosas más tristes que se pueden ver en la vida, que una persona que ha guardado rencor durante mucho tiempo.
Para clarificar las consecuencias del rencor, es decir de nuestra negativa a perdonar, permíteme presentarte las consecuencias de la falta de perdón.
1. Consecuencias físicas:
Está comprobado que el rencor desencadena una gama de trastornos físicos, tales como: Dolor de cabeza, problemas gástricos, tensión alta, problemas cardiacos, dolores musculares, trastornos con relación al sueño y algunas clases de artritis. De ahí que si estas guardando rencor, los medicamentos mitigaran tu dolor o los síntomas por un momento, pero después volverán hasta que sea extirpada su raíz (rencor) a través del perdón.
2. Consecuencias emocionales:
Por si no fueran poco las consecuencias físicas, el rencor también ocasiona Estrés, depresión, ira, mal genio, angustia y amargura, entre otros.
Regularmente responsabilizamos a las múltiples responsabilidades como las causas de todo esto, o a la vida precipitada del mundo presente. Pero abríamos de reflexionar introspectivamente para revisar si no es un rencor anidado en nuestro corazón, la causa de estos trastornos emocionales.
3. Consecuencias sociales:
¡Aún hay más! Diría Raúl Velasco. Las consecuencias sociales son las siguientes: Se rompe la relación con el ofensor. Crece la amargura hasta dañar todos los aspectos de la vida. Se aleja de otras personas, porque ve en ellas las características del odiado. Se vuelve esclavo del ofensor, porque revive constantemente la ofensa. Al final se vuelve como la persona odiada, porque vive pensando en ella y en la ofensa.
Déjame darte un ejemplo sencillo: Cuando has guardado rencor por mucho tiempo y, naturalmente, hablas mal de tu ofensor. No sobrará el honesto que te diga: Tanto que hablas mal de esa persona y no te das cuenta que te estás convirtiendo en una persona igualita que él. Suena doloroso ¿verdad? Pero créeme, ¡eso pasará!
4. Consecuencias espirituales:
La primer y más importante consecuencia espiritual, es que Dios no te perdonará a ti. Si me preguntas ¿por qué? La respuesta es simple: Lo único que es condicional de parte de Dios es el perdón. Él dijo que si no perdonamos a los que nos ofenden, Él tampoco nos personará a nosotros. Déjame ser muy puntual es algo: Si tú nos has perdonado a tus ofensores, y por consecuencia no has recibido el perdón de Dios, olvídate del cielo. Ni los ruegos de toda una ciudad entera podrán cambiar tu destino eterno. Tu vida será ¡Caso cerrado eternamente!
Quizás tú ahora mismo estás pensando:< Pero pastor Federico… Yo no soy Dios, soy un simple humano. Dios si puede perdonar a todos, pero no ha de esperar él que yo pueda hacer lo mismo>. ¡Pues te equivocas!, Dios sí espera que perdones a TODOS, TODOS los días.
Para fundamentar lo anterior, déjame trascribir la oración más famosa, la oración del Padre Nuestro, y los siguientes dos versículos que se encuentran el Mateo 6: 9-15.
Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Me encanta la claridad de Dios en su Palabra. No deja ninguna sombra de duda. Inmediatamente después de entregarnos el modelo de oración del Padre Nuestro, enfatiza el elemento más difícil pero determinante para el ser humano: el perdón. Y dice con claridad: Si tú perdonas…yo te perdono; pero si tú no perdonas… no me dejas otra alternativa… No puedo perdonarte. Fuerte ¿verdad?, pero necesario.
Así que ya sabes, puede ser difícil algunas veces perdonar, pero guardar rencor es destructivo siempre. Trae consecuencias trágicas aquí en la tierra y peores en la eternidad.
Quiero terminar esta primera parte, compartiéndote lo siguiente: Tu necesidad más profunda y tu logro más alto es perdonar. Sin perdón, la vida es gobernada por un ciclo sin fin de resentimiento, represalias y consecuencias eternas. ¡Qué triste desperdicio de energía! “El que no ha perdonado a un enemigo nunca ha gustado de una de los placeres más sublimes de la vida”, declaró Johann Lavater. El perdón es la llave a la paz personal. El perdón te deja en libertad a ti y al mismo tiempo crea libertad.