16/03/2026
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
Tú has cambiado mi duelo en una danza, me quitaste el luto y me ceñiste de alegría.
Salmo 30(29) ,2-4.12
¡Era la muerte!. Mi alma agonizaba en la fosa de la tristeza, no podía respirar, por la angustia tenía paralizados los pulmones...
Pero el Señor actuó, no me entregó a la muerte, me ha dado la salvación y mi vida se convirtió en una fiesta, ya no he de morir, viviré.
Me encontraba acorralado por la muerte, asfixiado entre dos nadas, verdaderamente en el ojo de la tempestad. Clamé a Ti, me escuchaste y me libraste del horror .... pasó la tempestad, las nubes se alejaron, y de nuevo brilla el sol.
Tu Misericordia es capaz de cualquier metamorfosis: capaz de transfigurar el polvo en risa, el lamento en danza y la muerte misma en una fiesta.
Dios hace estos prodigios.
Extractado del L. Salmos para la Vida
P. Ignacio Larrañaga
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