11/12/2024
Proverbios 25:20 NVI
"Dedicarle canciones al corazón afligido es como echarle vinagre a una herida o como andar desabrigado en un día de frío".
El vinagre aplicada a la herida tiene sus consecuencias y no es recomendable, así como estar expuesto al frío sin algún abrigo. Es de esta manera que el proverbista nos llama la atención para con las personas que están en aflicción.
Puede pasar por nuestra mente que dedicar canciones alegres a un afligido lo puede alegrar, pero es que no es así. Sería imprudente de nuestra parte. En vez de levantar el ánimo a la otra persona, es probable que hiramos más con una actitud inapropiada ante su tristeza, o hasta llegar a enfurecerlo. Otros de los casos es que podemos llenarles de consejos psicológicos lo que le llevaría a sentirse más afligido; eso solo quiere decir que solo hablamos con la mente y no con el corazón.
Por eso este proverbio imparte sabiduría sobre la necesidad de ser sensibles a los estados de ánimo y los sentimientos de otros. Nos invita a ser sabios para tener una verdadera compasión y éste nos llevará a comprender lo que Pablo dice: "Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran" (Ro. 12:15).
La compasión es una señal del cristiano, pues "si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan" (1 Cor. 12:26)
Cantar una canción a un corazón afligido es como echar vinagre sobre la herida, porque es un acto carente de compasión y sentimiento. O, como comúnmente decimos aquella frase: "No eches sal a la herida".
Dios nos llama mostrar misericordia. Así como él nos consuela, así nos llama a hacerlo a los demás. Un creyente sensible sabe estar al lado de los que sufren y actuar como un tierno y compasivo agente de sanidad.
2 Corintios 1:3-5: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.