23/12/2024
El 22 de diciembre de 1864, el general Antonio Rosales, al mando de entre 264 y 400 hombres, derrotó al ejército invasor francés en el puerto de Altata, en un paraje llamado San Pedro. Victoria por la que es conocido como "héroe de San Pedro".
Dicen que en esta batalla los franceses contaban con 700 u 800 soldados el doble que Rosales, quien con su victoria salvó a Culiacán de una inminente caída en manos del imperio.
Nueve meses después, el 24 de septiembre de 1865 para ser exacto, el general Rosales murió en Álamos, Sonora, combatiendo a los imperialistas.
José Antonio Abundio de Jesús Rosales Flores, que tal era su verdadero nombre, nació el 11 de julio de 1822 en Juchipila, Zacatecas, y muchos de sus contemporáneos, Rosales incursionó en diversas disciplinas, ya que fue poeta, periodista, político y militar.
Se inició como soldado en la guerra contra los Estados Unidos. Diez años después peleó contra los conservadores en la Guerra de Reforma y a continuación lo hizo contra la intervención francesa y el imperio de Maximiliano… lucha en la que encontró la muerte.
Entre octubre de 1864 y mayo de 1865, Rosales fue gobernador del estado de Sinaloa, cuya capital, como una forma de homenajearlo, incluyó su apellido en su nombre: Culiacán de Rosales. Desde 1923, sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Es importante mencionar que la actuación de Rosales se ganó el reconocimiento incluso de sus enemigos, ya que F. Javier Gaxiola nos dice en su “Revista Histórica del Estado de Sinaloa de 1856 a 1865” que:
«La Estaffete, órgano de todas las malas pasiones del partido franco-traidor, tuvo que confesar que "el general Rosales de quien se hace mención triste en la relación del barón Agmard (1), era uno de los jefes más notables del partido republicano. Humbre de un desinterés á toda prueba, Leal, valiente, activo y avezado en el arte militar, deja en las filas del partido disidente un vacío que le será difícil de llenar.... Justicia a los vencidos." Esta confesión de los enemigos de nuestro héroe le llena de gloria, y si no tuviera otros títulos le bastaría este sólo para hacerse simpático á la posteridad. En algún otro documento oficial salido de las oficinas imperialistas se compadece á Rosales por su trágica muerte; pero él como Bayardo pudo decir "no se me debe compadecer, pues muero sirviendo á mi rey; á vos sí que lleváis vuestras armas contra vuestro principe, contra vuestra patria y contra vuestra fe".
Por otra parte, los que perteneciendo al partido republicano habían sido enemigos del general Rosales se apresuraron á rendirle honores póstumos y así fué cómo el general Rubí expidió un decreto el 10 de octubre que á la letra dice:
“DOMINGO RUBI General de brigada, gobernador y comandante militar del Estado de Sinaloa, á sus habitantes sabed:
Habiendo mu**to el C. general de brigada Antonio Rosales el día 24 del mes de Septiembre anterior en el combate que sostuvo en la plaza de Álamos contra los traidores que lo atacaron en número considerable, que no fue posible resistir, el gobierno del Estado, justo apreciador del verdadero mérito, rinde el debido tributo de homenaje al valiente, honrado y virtuoso patriota que selló con su sangre los principios de libertad e independencia, que profesó y supo sostener hasta sucumbir en defensa de su país.
POR TANTO DECRETA:
Art. 1º. El día doce del corriente, á las ocho de la mañana, se celebrarán las exequias correspondientes en la iglesia parroquial de esta ciudad, con asistencia del gobernador y comandante militar, autoridades, empleados civiles y militares de la plaza que se quedaren francos de servicio.
"La mayoría de órdenes de la brigada de Sinaloa, residente en la ciudad, acordará con la comandancia las disposiciones relativas á los honores militares de ordenanza que deben hacerae al C. general Rosales, considerándolo en la clase de división [se refiere a considerársele general de División], según las últimas disposiciones del gobierno general, por haber mu**to en actual servicio en la guerra contra el enemigo de la patria.
Art. 2º. Los empleados civiles y clase militar del Estado guardarán luto por nueve días desde el indicado para
las exequias, por la sensible pérdida del C. general Rosales y demás jefes y oficiales que con él murieron en el
combate de Álamos. En las demás poblaciones se harán los mismos honores fúnebres desde el siguiente día de la publicación del presente decreto.
Art. 3º. El gobierno del Estado declara Benemérito al C. general Antonio Rosales, en justo reconocimiente de los servicios que prestó à la independencia nacional.
Por tanto, mando se imprima, publique y circule y se le dé el debido cumplimiento.
Culiacán, Octubre 10 de 1865.—Domingo Rubi.—F. España, secretario".
Rosales desde el triunfo de San Pedro fue el héroe predilecto y el caudillo que disfrutó de mayores simpatías en Sinaloa. Culiacán, que en tiempos remotos fue la cuna del culto al dios de la guerra de los aztecas, debía ser más tarde el centro de las afecciones y de las simpatías del soldado intrépido y romancesco que escribió con su espada la página más gloriosa de la historia del Estado. El cariño respetuoso que Rosales inspira á aquel pueblo tiene sobrado fundamento, y en Culiacán su nombre sirve de amparo á calles, colegios y plazuelas. La Legislatura ha elegido á nuestro héroe para que su estatua figure en el Paseo de la Reforma de México, al lado de los grandes hombres en la República; también por un decreto de la cámara sinaloense se le erigirá otro monumento en la plaza de Rosales, y el pueblo todo del Estado le ha levantado un culto que durará mientras aliente un corazón patriota».
Notas:
(1) Se refiere á la nota que el citado barón Aymard dirigió al prefecto superior de Mazatlán partioipándole la muerte de Rosales y la ocupación de Alamos por las fuerzas imperialistas [F. J. G.].
?Qué me dicen?, ¿conocían ustedes al general Antonio Rosales?, uno más de los mexicanos que dieron la vida por nuestro país en el siglo XIX.
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