28/10/2025
Se levanta Dios y se dispersan los enemigos.
Nuestro Dios es un Dios que salva.
Salmo 68(67), 2.21
Quedarán confundidos mis detractores cuando vean, asombrados, cómo tu gracia y lealtad me envuelven como un manto de omnipotencia y me mantienen inmunizado frente a las flechas envenenadas.
Se acabó el pavor, se acabaron los sustos y sobresaltos. En una palabra, se acabaron los enemigos; y no es que se los haya tragado la tierra, no, sino que el Señor me libró del miedo, miedo a mis detractores.
Y ahora, mi corazón está libre, inmutable seguro; mi corazón está firme, Dios mío.
Quede patente ante los grandes de la tierra que su amor llena la anchura del firmamento y su fidelidad alcanza las nubes más altas.
Extractado del L. Salmos para la Vida
P. Ignacio Larrañaga
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