31/03/2026
En estos días señalados, cuando el tiempo parece recogerse en sí y la memoria de los hombres se viste de gravedad y alteza, torna a levantarse ante nuestros ojos el más alto y tremendo misterio que vio la tierra: la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
¡Oh abismo de caridad sin medida!, donde el Inocente carga con la culpa ajena y, en sangriento madero alzado, trueca la muerte en puerta de vida y la ignominia en corona de gloria. Aquí calla la soberbia, aquí se rinde el entendimiento, y sólo el alma, humillada y suspensa, osa contemplar tan divina empresa.
Por ende, convídase a todo fiel, y aun al cansado, a que acuda a estos santos ejercicios, como quien busca fuente viva donde templar su sed y reparar su espíritu.
Venid, pues, y acompañad, paso a paso, el camino del sacrificio; deteneos en la cruz, y aguardad, con esperanza encendida, el alba gloriosa en que la muerte será vencida.
Y así, lo que fue dolor se torne en gozo, y lo que fue sombra, en luz perdurable.