23/02/2026
No todos los policías son corruptos ni malos.
Detrás de muchos uniformes hay hombres y mujeres que son padres, madres, hijos… algunos incluso hermanos en la fe, creyentes que aman a Dios y desean servir con rectitud, justicia y honestidad dentro de un sistema muchas veces complejo y peligroso.
Hoy vemos noticias donde elementos de seguridad son emboscados, atacados y asesinados sin siquiera tener oportunidad de defenderse. Más allá de cualquier opinión personal, debemos detenernos y recordar lo que enseña la Escritura.
Romanos 13:3-4 dice:
“Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo… pues es servidor de Dios para tu bien… vengador para castigar al que hace lo malo.”
La Biblia afirma algo fuerte y claro:
Las autoridades cumplen una función establecida por Dios para preservar el orden y la justicia.
Esto no significa que todos actúen perfectamente. Sabemos que existe corrupción y pecado — como en cualquier área humana — pero incluso por aquellos que han fallado, nuestra respuesta bíblica no es el odio, sino la oración.
Oremos por ellos:
Por los que buscan hacer lo correcto en medio del peligro.
Por los que salen cada día sin saber si regresarán a casa.
Por sus familias que viven con temor constante.
Por aquellos que han caído en corrupción, para que Dios los confronte y transforme sus corazones.
Para que la justicia prevalezca y la violencia disminuya en nuestra nación.
La Escritura no nos llama primero a criticar, sino a interceder.
📖 1 Timoteo 2:1-2:
“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones y peticiones… por todos los que están en autoridad, para que vivamos quieta y reposadamente.”
Hoy más que nunca, como iglesia debemos ser una voz de oración y esperanza.
Oremos por quienes arriesgan su vida por la justicia y por la paz de nuestro país.