27/08/2026
BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DEL PUEBLITO.
MEMORIA DE SANTA MÓNICA.
28 DE AGOSTO DE 2026.
Santa Mónica, madre de San Agustín, nació en Tagaste, una ciudad al norte de África que hoy forma parte de Túnez, en el año 331. Siendo muy joven, y por un arreglo de sus padres, Mónica se casó con un hombre llamado Patricio, conocido por su temperamento violento y su vida de libertinaje, “si él gritaba, ella respondía con su silencio; pues para pelear se necesitan dos y que si lo más conveniente era no responder, se quedaba callada, sin caer en el juego de la provocación”.
La paciencia y fe de Mónica no fueron en vano. A pesar de los constantes sufrimientos causados por su esposo, ella nunca dejó de rezar por su conversión. Sus oraciones y sacrificios rindieron frutos, y el padre de San Agustín se bautizó poco antes de morir, partiendo de este mundo como cristiano. Sin embargo, el dolor de Mónica no terminó allí, pues su hijo mayor, Agustín, le traería nuevas p***s.
Agustín era un joven que vivía una vida con un tinte hedonista y no mostraba ningún interés por la fe. Esta situación causó un profundo dolor en Mónica, que, a pesar de todo, nunca perdió la esperanza de verlo convertido, tal como había ocurrido con su esposo, y continuó orando incansablemente por su hijo.
En uno de los momentos de mayor desesperación, Mónica se encontró con un obispo a quien le rogó que hablara con Agustín para convencerlo de sus errores. Fue entonces que el obispo pronunció la célebre frase: “Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”. Esta respuesta le dio a Mónica, la fuerza y la sabiduría que necesitaba para entender que los tiempos de Dios no son siempre los nuestros.
Finalmente, tras muchos años de espera e incertidumbre, las oraciones de Mónica dieron el fruto esperado por ella: Agustín, quien había seguido un largo y vacío camino espiritual e intelectual, recibió el bautismo en la Pascua del año 387. Mónica, que lo había seguido desde África hasta Milán, tuvo la inmensa dicha de estar presente en ese momento. Poco tiempo después, mientras regresaban a su hogar, Santa Mónica enfermó y murió en el puerto de Ostia Antica, Italia, a los 56 años.
El éxtasis de Ostia y la muerte.
Se suceden días de intensos diálogos espirituales entre Mónica y Agustín. A uno de estos se refiere el denominado ‘éxtasis de Ostia’ narrado en las Confesiones (9,10, 23-27)
«Sucedió a lo que yo creo, disponiéndolo tú por tus modos ocultos, que nos hallásemos solos yo y ella apoyados sobre una ventana, desde donde se contemplaba un huerto o jardín que había dentro de la casa, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de las turbas, después de las fatigas de un largo viaje, cogíamos fuerzas para la navegación.
Allí solos conversábamos dulcísimamente; y olvidándonos de lo pasado y proyectándonos hacia lo por venir, inquiríamos los dos delante de la verdad presente, que eres tú, cuál sería la vida eterna de los santos…recorrimos gradualmente todos los seres corpóreos, hasta el mismo cielo… Y subimos todavía más arriba, pensando, hablando y admirando tus obras; y llegamos hasta nuestras almas y las pasamos también, a fin de llegar a la región de la abundancia indeficiente…… allí donde la vida es Sabiduría… Y mientras estamos hablando y suspirando por ella, llegamos a tocarla un poco con todo el ímpetu de nuestro corazón (toto ictu cordis)».
Mónica siente que ha alcanzado el culmen de su vida y le confiesa al hijo: «por lo que a mí toca, nada me deleita ya en esta vida. No sé ya qué hago en ella ni por qué estoy aquí, mu**ta a toda esperanza del siglo. Una sola cosa había por la que deseaba detenerme un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Super abundantemente me ha concedido esto mi Dios, puesto que, despreciada la felicidad terrena, te veo siervo suyo. ¿Qué hago, pues, aquí?» Algunos días después Mónica se enferma. Muere a los 56 años de edad. y su cuerpo es sepultado donde hoy surge, en Ostia Antigua, la Iglesia de Santa Aurea, un tiempo probablemente basílica paleocristiana con una necrópolis anexa. En el siglo XV el Papa Martino V quiso sus que sus reliquias estuvieran en Roma, en la iglesia de San Trifón – encomendada a los frailes agustinos – luego incorporada en la más grande Basílica de San Agustín. Y aquí se encuentran aún, colocadas en un sarcófago de mármol verde, en la capilla decorada por Pietro Gagliardi, con frescos, en el 1885
Su vida y su incansable amor la convierten en un modelo de madre y consuelo para todos los padres que rezan por sus hijos.