30/07/2026
“Maestro, ¿dónde vives?” — “Vengan y lo verán” (Jn 1,38-39).
Vivimos una hermosa experiencia de Kerigma en la Casa de Formación, con los jóvenes del Curso Introductorio que se encuentran recorriendo un camino de discernimiento vocacional.
Fue una jornada llena de alegría, oración, escucha, fraternidad y presencia de Dios; un espacio para volver al corazón del Evangelio y recordar que Jesucristo vive, ama, salva y continúa llamando.
En medio de un mundo que muchas veces parece alejarse de Dios, contemplar a estos jóvenes es un verdadero signo de esperanza. Dios sigue sosteniendo a su Iglesia, sigue tocando corazones y llamando a quienes están dispuestos a escuchar su voz y entregar su vida al servicio de la misión.
Cada vocación comienza con una inquietud, una pregunta, una mirada y una invitación sencilla: “Ven y sígueme”. Este encuentro fue una oportunidad para acompañar, escuchar y sembrar, recordando que el Señor no llama a los perfectos, sino que transforma y capacita a quienes responden con generosidad.
Esta Casa de Formación guarda la historia de tantos jóvenes que un día llegaron con preguntas, temores y sueños, y que, acompañados por la gracia de Dios, hoy son sacerdotes al servicio de su Iglesia. Sus espacios continúan siendo testigos de nuevas búsquedas, nuevas respuestas y nuevas semillas vocacionales.
Agradecemos al Padre Lalo, sacerdote encargado de la Pastoral de Adolescentes, por invitarnos, acompañarnos y ayudarnos a seguir caminando en comunión con nuestra Iglesia; y al Padre Margarito, encargado de la Casa de Formación, por recibirnos con generosidad y abrirnos las puertas de este lugar. Gracias también al equipo de Misión Permanente, a Luci Garfias y a todos los servidores de la casa que colaboraron con amor y disponibilidad. Cada palabra, dinámica, oración y gesto de servicio fue una semilla que confiamos dará fruto en el tiempo de Dios.
Que María, Madre de las vocaciones, acompañe a cada uno de estos jóvenes, les ayude a escuchar con claridad la voz del Señor y les conceda libertad y valentía para responder:
“Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3,10).
Seguimos orando por ellos, para que no tengan miedo de preguntarle al Señor dónde vive y se atrevan a caminar con Él, conocerlo, permanecer a su lado y descubrir la misión para la cual fueron llamados.
Dios sigue llamando, la Iglesia sigue caminando y nosotros seguimos disponibles para servir. 🙏🏼🤍