01/12/2022
Charles de Foucauld, viendo las manifestaciones de fe del pueblo musulmán, Charles entendió que la mayoría de las personas contándose a él mismo, viven afanados por cosas sin tanta importancia. Tres años más tarde experimentó una profunda conversión. “Apenas creí que había un Dios, y descubrí que no podía hacer otra cosa que vivir solo para Él”.
Vivió durante 7 años como monje trapense, más tarde en Nazareth trabajando como jardinero de las Clarisas. Viviendo en completa oración y adoración, escribió que había encontrado la razón de toda su búsqueda: La imitación de la vida oculta de nuestro Señor, en su oscuridad y en su pobreza.
Se ordena como sacerdote a los 42 años. Luego en Argelia, quiso vivir el ideal de Nazaret encarnándolos en los hechos de la vida cotidiana. Viviendo tanto el sufrimiento como la esperanza de los más pobres. Se va a vivir a Tamanrasset, en medio de los Tuaregs, para ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados». Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». Él quiere «gritar el evangelio con toda su vida» pero con un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, ¿cómo entonces será el Maestro...?"».
Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.
En el atardecer del 1 de diciembre 1916, una banda rodeó la casa y la atacó…una bala cortó su vida.
Su ejemplo de vida, en la lejanía y el silencio, desbordando de caridad con los más pobres, justamente a imitación de Jesús, es que se convierte en un evangelio viviente, impactando en la vida de creyentes y no creyentes.
Jesús nos dijo “Que la gente los reconozca al ver cómo se aman”
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Oración de Abandono de San Charles de Foucauld
Padre mío, me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en tus manos.
Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo y porque para mí amarte es darme, entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre.