Reformados por la Fe

Reformados por la Fe Salvos por la Gracia de Cristo

16/07/2026

Seguramente ya has leído o escuchado la frase
“El que tiene oídos para oír, oiga” seguramente si!

Pero me gustaría dejarte un estudio sobre ello!

Esta expresión aparece repetidamente en los Evangelios (por ejemplo, Evangelio de Mateo 11:15; 13:9, 43; Evangelio de Marcos 4:9, 23; Evangelio de Lucas 8:8; 14:35) y también en las cartas a las siete iglesias en Apocalipsis 2–3.

1. El contexto inmediato nos muestra que:

La mayoría de las veces, Jesús pronuncia esta frase después de enseñar una parábola.

Por ejemplo, al terminar la parábola del sembrador dice:

“El que tiene oídos para oír, oiga.”

¿Por qué?

Porque las parábolas no eran simples ilustraciones para hacer más fácil el mensaje. También tenían el propósito de revelar la verdad a quienes tenían un corazón dispuesto y, al mismo tiempo, dejar al descubierto la dureza de quienes rechazaban a Dios.

Unos versículos más adelante, Jesús explica:

“Porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13:13).

Es decir, el problema no estaba en los oídos físicos, sino en el corazón.

2. El significado de “oír”

En el pensamiento hebreo, oír implicaba mucho más que percibir sonidos.

La palabra llevaba implícita la idea de:

* escuchar,
* comprender,
* creer,
* obedecer.

Esto se ve claramente en el gran mandamiento de Deuteronomio 6:4:

“Oye, Israel…”

No era simplemente “escucha con tus oídos”, sino:

“Escucha de tal manera que tu vida sea transformada.”

Por eso, cuando Jesús dice:

“El que tiene oídos para oír…”

está diciendo:

“El que tenga un corazón dispuesto a recibir la verdad de Dios, que la reciba y la obedezca.”

3. ¿Acaso todos tenían oídos?

Sí.

Todos los presentes tenían oídos físicos.

Entonces Jesús está hablando de otra clase de oído.

Las Escrituras hablan de un oído espiritual.

Hay personas que pueden escuchar el evangelio cientos de veces sin comprenderlo.

Otras lo escuchan una sola vez y su corazón es transformado.

La diferencia no está en la capacidad auditiva.

La diferencia está en la condición del corazón.

4. El oído y el corazón

En toda la Biblia existe una conexión entre ambos.

Un corazón endurecido produce un oído cerrado.

Un corazón humilde produce un oído atento.

Por eso Dios decía continuamente a Israel:

“No endurezcáis vuestro corazón…”

La incredulidad no comienza en la mente.

Comienza en el corazón.

5. La conexión con Apocalipsis

Es interesante que en las siete cartas a las iglesias aparece la misma frase:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Aquí Jesús enseña que una iglesia puede escuchar la predicación cada domingo y aun así no estar escuchando realmente la voz de Dios.

No basta con oír sermones.

Hay que permitir que el Espíritu Santo confronte, transforme y produzca obediencia.

6. Una aplicación profunda

Hoy vivimos rodeados de información cristiana:

* predicaciones,
* conferencias,
* libros,
* redes sociales,
* estudios bíblicos.

Nunca había sido tan fácil escuchar.

Pero la pregunta de Jesús sigue siendo la misma:

¿Realmente estás oyendo?

Porque escuchar no siempre produce obediencia.

Los fariseos escuchaban a Jesús todos los días.

Judas escuchó durante tres años.

Las multitudes oyeron el Sermón del Monte.

Sin embargo, no todos fueron transformados.

La verdadera evidencia de haber oído a Cristo no es cuánto conocemos de la Biblia, sino cuánto obedecemos la Palabra.

Reflexión

Cada vez que Jesús decía:

“El que tiene oídos para oír, oiga.”

Era como si dijera:

“No dejes que esta verdad pase de largo. Examina tu corazón. No escuches solo con tus oídos; escucha con un corazón dispuesto a creer, arrepentirse y obedecer. Porque la Palabra de Dios nunca deja igual a quien realmente la oye.”

El gran peligro no es tener los oídos cerrados, sino creer que hemos oído a Dios simplemente porque escuchamos un sermón o conocemos versículos. Según Jesús, oír verdaderamente es responder con fe y obediencia. La Palabra de Dios no fue dada únicamente para informar nuestra mente, sino para transformar nuestro corazón. Por eso, la pregunta que este pasaje deja a cada creyente no es: ”¿Escuché el mensaje?”, sino ”¿Permití que el mensaje cambiara mi vida?”. Ahí está la diferencia entre una fe meramente intelectual y un discipulado genuino.

14/07/2026

Policarpo de Esmirna.

Cuando las autoridades romanas le exigieron que negara a Cristo para salvar su vida, respondió con una de las declaraciones más conocidas de la historia del cristianismo:

“Ochenta y seis años le he servido, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo puedo blasfemar contra mi Rey, que me salvó?”

Después de negarse a renunciar a su fe, fue condenado a morir como mártir alrededor del año 155 d. C.

Su testimonio quedó registrado en el escrito cristiano antiguo conocido como el “Martirio de Policarpo”, considerado uno de los relatos más antiguos sobre el martirio de un creyente después del Nuevo Testamento.

Su frase es recordada porque expresa una lealtad inquebrantable a Cristo:

“Ochenta y seis años le he servido, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo puedo blasfemar contra mi Rey y Salvador?”

Es uno de los testimonios más impactantes de fidelidad en la historia de la Iglesia primitiva.

01/07/2026

Una breve reflexión sobre 2 Pedro 3:9

¿Dios está tardando en cumplir Su promesa?

“El Señor no se tarda en cumplir Su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.” 2 Pedro 3:9 (NBLA).

Muchos interpretan el aparente retraso de la segunda venida de Cristo como una señal de que Dios ha olvidado Su promesa. Sin embargo, el apóstol Pedro corrige esa idea: Dios no se retrasa; Dios está siendo paciente.

Lo que para el hombre parece demora, para Dios es misericordia.

Su paciencia no es debilidad, ni indiferencia frente al pecado. Es una expresión de Su gracia, concediendo tiempo para el arrepentimiento antes de que llegue el día del juicio. La historia no está fuera de control; avanza exactamente conforme al calendario soberano de Dios.

Cada amanecer que Dios nos concede es una evidencia de Su longanimidad. Cada día que Cristo aún no regresa es un recordatorio de que la puerta de la gracia permanece abierta. Pero esa puerta no permanecerá abierta para siempre. La misma Escritura que anuncia la paciencia de Dios también afirma que el día del Señor vendrá.

Por eso, la pregunta no es: ¿Por qué Cristo aún no ha venido? La verdadera pregunta es: ¿Estoy viviendo de una manera digna de Aquel que prometió regresar?

No confundamos la paciencia de Dios con aprobación del pecado. Su misericordia tiene un propósito: conducirnos al arrepentimiento, producir santidad y prepararnos para el encuentro con Cristo.

Oremos:

Señor, gracias porque Tu paciencia ha sido más grande que nuestros errores. Perdónanos cuando hemos confundido Tu misericordia con permiso para seguir viviendo lejos de Tu voluntad. Danos un corazón sensible al arrepentimiento y una vida que refleje obediencia a Tu Palabra.

Enséñanos a vivir cada día con la esperanza de Tu regreso, aprovechando el tiempo que nos concedes para buscarte, servirte y anunciar el evangelio. Que cuando Cristo vuelva, nos encuentre velando, perseverando en la fe y caminando en santidad.

Porque Tú siempre cumples Tus promesas. Tu aparente demora no es olvido; es misericordia. Pero también sabemos que el día vendrá, y queremos estar preparados.

“Amén. Ven, Señor Jesús.” (Apocalipsis 22:20)

26/05/2026

Hoy me gustaría meditar en este pasaje que se encuentra en Evangelio según Lucas 17:26 y forma parte de la enseñanza de Jesucristo acerca de Su regreso y del juicio venidero.

Jesús dice:

“Como pasó en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre…”
— Lucas 17:26

Aquí Cristo hace una comparación entre la generación de Noé y la humanidad antes de Su segunda venida.

¿Qué sucedía en los días de Noé?

La gente:

* “comía y bebía”
* “se casaba y se daba en casamiento”

Es decir, seguían viviendo normalmente, ocupados en los asuntos cotidianos. Comer, beber y casarse no eran pecados en sí mismos; el problema era que vivían ignorando completamente a Dios y despreciando Su advertencia.

Mientras Noé predicaba justicia y anunciaba el juicio de Dios, la gente continuó indiferente, incrédula y confiada en que nada ocurriría.

La Biblia describe aquella generación así:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra…”
Génesis 6:5

Y también:

“Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.”
Génesis 6:8

El punto central es:

Jesús no está condenando las actividades normales de la vida, sino la indiferencia espiritual.

La humanidad estará tan distraída con lo temporal que muchos no estarán preparados para el regreso de Cristo. Así como el diluvio llegó de repente, también el juicio vendrá inesperadamente sobre quienes viven sin arrepentimiento.

El apóstol Pedro también conecta los días de Noé con el juicio futuro:

“Y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia… trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos.”
2 Pedro 2:5

Aplicación práctica

Este pasaje nos llama a:

* vivir vigilantes espiritualmente,
* no endurecer el corazón,
* no conformarnos con una vida solamente material,
* y estar preparados para el regreso de Cristo.

Jesús dijo:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.”
Mateo 24:42

Y también:

“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.”
Lucas 12:40

Así como Noé entró en el arca antes del juicio, hoy Cristo es el refugio para salvación. Muchos en tiempos de Noé probablemente se burlaron del mensaje, hasta que fue demasiado tarde.

“Por la fe Noé… preparó el arca en que su casa se salvase.”
Hebreos 11:7

Les dejo con esta pregunta para meditar.

¿Estamos viviendo solamente para esta vida, o estamos preparados para encontrarnos con Dios?

21/05/2026

La INERRANCIA DE LAS ESCRITURAS!

Vivimos en una generación que cuestiona la verdad absoluta, relativiza el pecado y adapta la moral según la cultura del momento. Pero en medio de tanta confusión, la Palabra de Dios permanece inconmovible.

La Biblia no es una colección de pensamientos humanos intentando encontrar a Dios; es la revelación divina de Dios buscando al hombre.

La doctrina de la inerrancia de las Escrituras afirma que la Palabra de Dios es completamente verdadera, perfecta y digna de total confianza, porque procede del Dios que no miente, no cambia y no puede equivocarse.

“Toda Escritura es inspirada por Dios…”
2 Timoteo 3:16

Si Dios es perfecto, entonces Su Palabra también lo es.

Jesucristo nunca trató las Escrituras como opiniones sujetas a debate; las reconoció como autoridad absoluta:

“Tu palabra es verdad.” Juan 17:17

La Escritura no fue dada para entretener generaciones, sino para confrontar corazones, revelar el pecado, mostrar el carácter santo de Dios y conducirnos a Cristo.

Por eso el verdadero problema de muchos no es intelectual, sino espiritual. No es falta de evidencia; es resistencia a someterse a la autoridad de Dios.

Mientras el mundo cambia constantemente su definición de verdad, justicia y moralidad, la Palabra permanece firme:

“La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” Isaías 40:8

Negar la autoridad de las Escrituras es abrir la puerta para que el hombre se convierta en su propio dios y su propia verdad. Pero cuando la Biblia ocupa el lugar correcto en nuestra vida, nuestros pensamientos, emociones y decisiones comienzan a alinearse con la voluntad de Dios.

No necesitamos una iglesia más parecida al mundo; necesitamos volver a la centralidad de las Escrituras.

Porque donde la Biblia deja de ser la autoridad, el hombre termina ocupando el trono.

20/05/2026

Ante las adversidades que di a día enfrentamos he meditado en este hermoso versículo que se encuentra en Salmo 42:5.
Es una expresión muy humana del salmista: alguien que está luchando internamente, pero que al mismo tiempo decide confiar en Dios.

“¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez por la salvación de Su presencia.” — Salmo 42 42:5

De este lado del sol habrá momentos de dolor, pruebas y aflicciones. Jesucristo mismo lo advirtió cuando dijo:

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” — Evangelio de Juan 16:33

El salmista muestra el contraste entre un alma turbada y una fe que todavía espera en Dios. Humanamente puede haber cansancio, lágrimas y desesperación, pero espiritualmente existe una esperanza que no muere, porque nuestra confianza no depende de las circunstancias, sino de la fidelidad de Dios.

Mientras el mundo enseña que el sufrimiento es señal de derrota, Cristo enseñó que muchas veces las pruebas forman nuestra fe, fortalecen nuestra dependencia de Dios y producen perseverancia. Como dice Epístola de Santiago 1:2-3:

“Tened por sumo gozo… cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.”

El alma puede sentirse abatida, pero la presencia de Dios trae consuelo y salvación. Ahí está la conexión profunda del salmo: el dolor no tiene la última palabra para quienes esperan en el Señor.

Hoy puede haber lágrimas, pero mañana volveremos a alabarle. Hoy puede existir tormenta, pero en Cristo seguimos teniendo paz. Porque aunque de este lado de la eternidad enfrentemos muchas aflicciones, nuestra esperanza está en Aquel que ya venció.

16/05/2026

“Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!”

Mateo 6:23 NBLA

¿Qué significa “el ojo”?

En la cultura bíblica, el ojo representa la manera en que vemos la vida, nuestras intenciones, deseos y enfoque interior. No habla solo de la vista física, sino de la perspectiva del corazón.

Un “ojo bueno” simboliza:

* Pureza de intención.
* Generosidad.
* Enfoque en Dios.
* Una vida guiada por la verdad.

Un “ojo malo” simboliza:

* Egoísmo.
* Codicia.
* Envidia.
* Una mente desviada de Dios.

Jesús está enseñando que aquello a lo que dirigimos nuestra mirada termina llenando nuestro interior.

“Todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad”

Cuando el corazón pierde la dirección correcta, toda la vida comienza a afectarse:

* Las decisiones.
* Los pensamientos.
* Las emociones.
* La relación con Dios y con los demás.

La oscuridad espiritual no llega de golpe; muchas veces empieza cuando permitimos que cosas incorrectas gobiernen nuestra atención y deseos.

“Si la luz que hay en ti es oscuridad…”

Esta es la parte más profunda del verso.

Jesús habla del peligro de creer que estamos bien espiritualmente cuando en realidad estamos lejos de Dios. Es una oscuridad disfrazada de luz:

* Religiosidad sin transformación.
* Apariencia de bondad sin obediencia.
* Pensamientos equivocados que creemos correctos.
* Pecados justificados en el corazón.

La peor oscuridad es aquella que la persona ya no reconoce como oscuridad.

Aplicación para nuestra vida

Este verso nos invita a examinarnos:

* ¿Qué llena mis ojos y mi mente cada día?
* ¿Qué gobierna mis decisiones?
* ¿Estoy mirando más al mundo o a Dios?
* ¿Mi corazón se está endureciendo sin darme cuenta?

Lo que contemplamos constantemente termina moldeándonos.

No basta con aparentar tener luz; necesitamos que Cristo ilumine verdaderamente nuestro interior. Porque cuando el corazón pierde la verdad, toda la vida comienza a caminar en sombras.

Vemos en Salmo 119:

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”

La Palabra de Dios corrige nuestra visión para que no confundamos oscuridad con luz.

11/05/2026

Quisiera compartirles una breve relefxion sobre

Colosenses 3:10

10y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó.

Este pasaje habla de una transformación interior. Cuando menciona “vestirse del nuevo hombre”, se refiere a dejar atrás la vieja manera de vivir —actitudes, pensamientos y hábitos que nos alejan de Dios— y comenzar una nueva vida guiada por Jesús.

No significa que una persona cambia de un día para otro de manera perfecta, sino que poco a poco Dios va renovando nuestro corazón, nuestra mente y nuestra forma de vivir.

La frase “conforme a la imagen de Aquel que lo creó” quiere decir que cada día debemos parecernos más al carácter de Dios: amar más, perdonar más, ser humildes, honestos, pacientes y misericordiosos.

Algo hermoso de este texto es que habla de un proceso continuo: “se va renovando”. Es decir, Dios trabaja en nosotros día tras día. A veces fallamos, pero Él sigue moldeándonos.

¿Cómo podemos aplicarlo a nuestra vida?

* Cambiando pensamientos negativos, orgullosos o egoístas por pensamientos que agradan a Dios.
* Dejando hábitos que nos destruyen y aprendiendo a vivir con amor y obediencia.
* Tratando a las personas con más paciencia y compasión.
* Buscando conocer más a Dios para reflejar mejor Su carácter.
* Entendiendo que seguir a Jesús no es solo religión, sino permitir que Él transforme nuestra manera de vivir.

En pocas palabras, este texto nos recuerda que Dios no solo quiere cambiar lo que hacemos por fuera, sino renovar quiénes somos por dentro.

01/05/2026

Salmo 55:18 NBLA
En paz redimirá mi alma de la guerra que hay contra mí,
Pues son muchos los que están contra mí.

El autor de este salmo es David, y lo escribió en un momento de gran angustia. Si lees todo el salmo, verás que no solo habla de enemigos externos, sino también de una traición muy dolorosa de alguien cercano (muchos creen que pudo ser durante la rebelión de Absalón o la traición de un amigo como Ahitofel).

¿Por qué dijo esto?

David expresa dos ideas al mismo tiempo:

1. Había conflicto real (“la guerra que hay contra mí”)
No era exageración. Estaba rodeado de oposición, peligro y traición. Por eso dice: “son muchos los que están contra mí”. Es una forma de reconocer su realidad sin maquillarla.

2. Confianza en la intervención de Dios (“En paz redimirá mi alma”)
A pesar del caos, David no habla desde la desesperación total, sino desde la fe. Él cree que Dios:

* Lo librará (redimirá mi alma)
* Le dará paz, incluso antes de que termine el conflicto

Es interesante que mencione “en paz”, porque no significa que no haya problemas, sino que Dios puede darle tranquilidad interior aun en medio de la lucha.

En resumen

David dijo esto porque estaba viviendo presión y traición, pero eligió confiar en que Dios lo rescataría y le daría paz, aunque la situación fuera difícil y pareciera que muchos estaban en su contra.

Cuando una persona asiste por un tiempo a la iglesia, participa, sirve e incluso parece caminar en la fe, pero después s...
17/04/2026

Cuando una persona asiste por un tiempo a la iglesia, participa, sirve e incluso parece caminar en la fe, pero después se aparta, vuelve al mundo y practica el pecado sin arrepentimiento, muchos concluyen: “perdió su salvación”. Sin embargo, a la luz de las Escrituras, no se trata de que haya perdido algo que realmente poseía, sino de que está manifestando su verdadera condición espiritual.

La Palabra de Dios es clara:
“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros…” (1 Juan 2:19).
La perseverancia no es la causa de la salvación, sino la evidencia de una fe genuina.
Jesús mismo lo enseñó en la parábola del sembrador: hay quienes reciben la palabra con gozo, pero no tienen raíz en sí, y cuando viene la prueba o la persecución, tropiezan (Mateo 13:20-21). No es una fe que se pierde, es una fe que nunca echó raíz.

Asimismo, el Señor declaró:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28).

La seguridad del creyente verdadero descansa en la fidelidad de Cristo, no en la constancia humana.
El autor de Hebreos también advierte sobre aquellos que solo han estado expuestos a la verdad, pero no transformados por ella (Hebreos 6:4-6). Han probado, pero no han nacido de nuevo.

Por eso, es posible vivir cerca de la iglesia, familiarizado con lo espiritual, y aun así estar lejos de Dios. Se puede estar a la sombra de la cruz sin haber sido iluminado por su gracia.

El verdadero creyente puede caer, pero no permanece en el pecado (1 Juan 3:9), porque hay una obra interna del Espíritu que lo lleva al arrepentimiento. La fe verdadera persevera, no por fuerza propia, sino porque Dios la sostiene (Filipenses 1:6).

Por ultimo.
Examinémonos, pues, a la luz de la Palabra (2 Corintios 13:5), no confiando en apariencias externas, sino buscando una fe viva, perseverante y transformadora.

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