12/11/2025
12 de noviembre de 2025
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No importa lo que suceda en tu vida, lo bueno, lo malo o lo difícil, debes estar seguro que Dios está elaborando un plan, Pablo lo sabía, por eso él dice: “Además, mis amados hermanos, quiero que sepan que todo lo que me ha sucedido en este lugar ha servido para difundir la Buena Noticia”. (Filipenses 1:12, NTV)
Desde que Pablo se hizo cristiano cuando iba de camino a Damasco, tenía un gran sueño: quería predicar el Evangelio en Roma, que en ese tiempo era la ciudad más importante del mundo.
Pero Dios tuvo otra idea, en lugar de enviar a Pablo a Roma para predicar, Dios lo hizo prisionero real de Nerón, que era César en ese momento y era tan malvado como alguien podía llegar a ser.
Pablo estuvo encadenado a un guardia real las 24 horas del día durante dos años, y la guardia real era cambiada cada cuatro horas. Durante esos dos años en prisión Pablo tuvo 4,380 oportunidades para ser testigo de innumerables guardias. ¿Quién es el verdadero prisionero aquí? ¿Quién tuvo la audiencia cautiva?
Aunque este no fue el plan de Pablo, si fue el plan de Dios todo el tiempo, y produjo dos resultados que conocemos con seguridad.
En primer lugar, Filipenses 4 dice que, en dos años, algunos miembros de la familia de Nerón se habían convertido en creyentes debido al testimonio de Pablo en la corte real de Roma: “Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan. Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César” (Filipenses 4:21-22, RV 1960).
En segundo lugar, es difícil lograr que un hombre como Pablo deje de moverse de un lugar a otro, pues siempre estaba viajando, sin embargo, en la prisión se vio obligado a quedarse quieto y, como resultado escribió la mayoría del Nuevo Testamento. Me pregunto qué tuvo mayor impacto: su predicación en el Coliseo o los libros que escribió que han revelado a Jesús a innumerables personas a lo largo de los años.
Pablo sabía que Dios tenía un plan más grande y podría estar feliz porque vio lo que Dios estaba haciendo a través de su problema.
Cada vez que enfrentes un problema que te desanime, haz lo que hizo Pablo: aprender a verlo desde el punto de vista de Dios. Pregúntate: “¿Qué está haciendo Dios aquí? ¿Cuál es la perspectiva más amplia?” Entonces podrás enfrentar el problema con fe.
Reflexiona sobre esto:
° Piensa en un problema actual que te haya desanimado. ¿Cómo podría cambiar tu desánimo si lo miras con la perspectiva más amplia de Dios?
° ¿Por qué crees que Dios te permite luchar en un momento difícil?
° ¿Cómo has visto a Dios obrar en medio de una situación difícil en tu pasado?