25/05/2026
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El lunes después del domingo de Pentecostés, la Iglesia celebra la memoria de la ‘Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia’.
En este día, fortalecidos por la presencia del Espíritu Santo, tenemos la ocasión propicia para profundizar en una dimensión importantísima de nuestra fe: la Iglesia que Cristo fundó está ligada íntimamente a su Madre y al papel que Ella desempeña dentro del plan salvífico de Dios. María vela por cada uno de los hijos del Cuerpo Místico de Cristo con amor maternal, los protege de las insidias del Maligno y los acompaña durante su peregrinar por esta tierra.
La memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia subraya que Ella es Madre de todos los hombres, especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, en virtud a la Encarnación del Verbo. Jesús mismo lo confirmó así desde la Cruz: «Cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien Él amaba que estaba allí cerca, dijo a su madre: “¡Mujer, he ahí tu hijo!” Después dijo al discípulo: “¡He ahí tu madre!” Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn 19, 26-27).
Es claro que la veneración de la Iglesia a la Santísima Virgen no solo no debe ser soslayada, sino, por el contrario, debe ser preservada y fortalecida como un elemento intrínseco del culto cristiano. Así se ha de dar cumplimiento a las palabras de la Virgen: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).
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