03/04/2026
No es una certeza de fe, pero sí una provocación de la historia.
Algunos historiadores y científicos han afinado los relojes del pasado hasta señalar una fecha concreta: el viernes 3 de abril del año 33. No como un dogma, sino como una convergencia de indicios.
Sabemos, con un consenso prácticamente unánime, que Jesús murió crucificado bajo el gobierno de Poncio Pilato, en algún punto entre los años 30 y 33 d.C.
Pero la historia, cuando dialoga con la ciencia, se vuelve más precisa.
Dos investigadores de Oxford, Colin Humphreys y Graeme Waddington, cruzaron datos bíblicos con cálculos astronómicos y calendario judío. Su conclusión: el día que mejor encaja con todos los elementos —Pascua, viernes, luna llena— es el 3 de abril del año 33
Ese día, además, ocurrió algo singular: un eclipse parcial de luna visible en Jerusalén al anochecer. La luna pudo aparecer rojiza, como “de sangre”, un detalle que algunos relacionan con la predicación apostólica posterior.
Y los Evangelios, por su parte, sitúan la muerte de Cristo hacia la “hora nona”, es decir, alrededor de las tres de la tarde, justo antes del inicio de la Pascua judía
No todos coinciden. Otros proponen el 7 de abril del año 30. Pero el abanico se estrecha: la historia no duda del hecho, sólo afina el calendario.
Porque al final, lo decisivo no es el día… sino lo que ocurrió en él.
Que en algún viernes de la historia —probablemente ese 3 de abril— Dios murió.
Y con ello, el tiempo dejó de ser sólo tiempo…
y se volvió salvación.