02/08/2026
100 años del gran resguardo: La noche en que la Virgen de Guadalupe fue escondida de la Basílica de la Villa.
Ante la persecución religiosa en México en 1926 y la suspensión del culto público por la Ley Calles, la Iglesia católica tomó la decisión de proteger la imagen original de la Virgen de Guadalupe. Con el aval del arzobispo José Mora y del Río y del abad Antonio Cortés, se creó una copia exacta de la imagen por el pintor Rafael Aguirre, quien la terminó en solo catorce días. La noche del 29 de julio de 1926, en secreto y bajo tensión, un pequeño grupo desmontó el ayate original, que fue protegido con lámina de plata, seda y tela gruesa, y escondido en el doble fondo de un antiguo ropero chino. Al mismo tiempo, la copia de Aguirre se colocó en el altar, con el cristal ahumado para disimular su aspecto. El ropero fue trasladado en un camión de mudanzas a la casa del ingeniero Luis Felipe Murguía, donde permaneció oculto hasta 1929. Durante este tiempo, la familia Murguía custodió la imagen, con una lámpara encendida día y noche, y el abad celebraba misa frente a ella cada sábado. En junio de 1929, tras los Arreglos que permitieron la reapertura de los templos, el ayate fue devuelto a la Basílica. La noche del 28 de junio, se abrió el doble fondo del ropero y se verificó que la imagen estaba intacta. Acompañada por velas y en silencio, la Virgen fue llevada al coro de la Basílica, donde fue venerada antes de ser colocada nuevamente en su marco de oro y plata. Este episodio, motivado por el amor de sus hijos para preservarla de peligros, marcó la segunda salida de la Virgen de Guadalupe del Tepeyac. Gracias a la fe y valentía de quienes participaron en esta misión, el ayate de san Juan Diego se conservó intacto y regresó a su altar, permaneciendo como el mayor símbolo espiritual de la nación mexicana.