Lectura del Día y Reflexiones

Lectura del Día y Reflexiones ¿SEÑOR A QUIEN IREMOS?, TU TIENES PALABRA DE VIDA ETERNA Juan 6, 68 «Lord, to whom shall we go?

You have the words of eternal life.» John 6:68

"Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación", llama a sus apóstoles Jesús resucitado. Dos mil años más tarde, anunciamos esta Buena Noticia en esta web...
Como en un actual y moderno Aeropago..

07/09/2026

Oremos:
Señor Jesucristo, Tú eres fuente de la auténtica libertad, aquella que nos puede llevar a optar siempre por el mejor bien. Te pedimos que nos concedas la gracia de saber darte siempre el lugar que te corresponde en nuestra vida, Tú eres nuestro mejor amigo porque hasta has dado tu vida por nosotros, ¡ayúdanos! Queremos serte siempre fieles y corresponder plenamente a tu amor.
Amén.

Lunes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinarioEvangelio según San Lucas 6,6-11. «Acechaban para ver si curaba ...
07/09/2026

Lunes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,6-11. «Acechaban para ver si curaba en sábado»

1.-. Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". El se levantó y permaneció de pie. Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.

Amados Hermanos, Jesús restituye el valor del día de descanso al sanar a este hombre enfermo de su mano recordando que el sábado también es un día para hacer el bien. Enseña Jesús que debemos respetar la ley y por lo tanto el sábado, sin embargo Dios y su acción tienen siempre la primacía y si respeta la ley respeta más todavía a la persona y su dignidad, al ser humano y su sufrimiento. Seguidores del Maestro, somos exhortados a tomar conciencia que el servicio al prójimo que se encuentra en grave necesidad debe constituir la prioridad en nuestros criterios de vida.

«HABÍA ALLÍ UN HOMBRE QUE TENÍA PARÁLISIS EN EL BRAZO DERECHO»

2.- La mano que Adán había alargado para coger el fruto del árbol prohibido, el Señor la impregnó de la savia saludable de las buenas obras, a fin de que, secada por la falta, fuera curada por las buenas obras. En esta ocasión Jesús acusa a sus adversarios que, con su falsas interpretaciones, violaban los preceptos de la Ley; ellos defendían que en día de sábado era preciso no hacer ni tan sólo buenas obras, siendo así que la Ley, que prefiguraba en el presente lo que debía ser en el futuro, dice, ciertamente, que es el mal el que no debe trabajar, pero no el bien...

Has oído las palabras del Señor: «Extiende el brazo». Este es el remedio para todos. Y tú que crees tener sana la mano, vigila la avaricia, vigila que el sacrilegio no la paralice. Extiéndela a menudo: extiéndela hacia el pobre que te suplica, extiéndela para ayudar al prójimo, para socorrer a la viuda, para arrancar de la injusticia al que ves sometido a una vejación inmerecida; extiéndela hacia Dios por tus pecados. Es de esta manera que se extiende la mano; es de esta manera que sana.
(San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia; Comentario al evangelio de Lucas, V, 39)

EXTIENDE TU MANO

3.- Jesús entra en la sinagoga en sábado y se pone a enseñar. Es un día santo, destinado a recordar que la vida pertenece a Dios y que el hombre necesita detenerse para reconocerlo. Pero en aquella sinagoga hay también un hombre que lleva consigo una herida. Tiene la mano derecha paralizada.
San Lucas no nos dice su nombre. Tampoco nos cuenta cuánto tiempo llevaba enfermo ni cómo había llegado hasta allí. Simplemente nos lo presenta. Y quizá precisamente por eso resulta fácil reconocernos en él. También nosotros llevamos heridas, limitaciones o zonas de nuestra vida que ya casi hemos aprendido a esconder. Hay cosas que preferimos que nadie vea.
Pero aquel hombre no es el único que está siendo observado. Los escribas y fariseos están «al acecho» para ver si Jesús cura en sábado. Ya no están escuchando su enseñanza. Han dejado de mirar al hombre y han puesto sus ojos sobre Jesús, buscando un motivo para condenarlo.
Es una de las grandes tragedias que puede ocurrirle a la religión: que una norma destinada a conducir hacia Dios termine utilizándose para alejar al hombre de Él. El sábado es santo, pero para Jesús la santidad nunca puede separarse de la misericordia.
Jesús conoce sus pensamientos. Y, en lugar de evitar el conflicto, se dirige precisamente al hombre enfermo: «Levántate y ponte en medio».
Hay algo profundamente conmovedor en esta invitación. Aquel hombre no tiene que esconder su enfermedad. Jesús lo saca de los márgenes y lo coloca en el centro. Allí donde quizá él se sentía disminuido, Cristo le devuelve visibilidad. No lo mira como un problema que resolver, sino como una persona cuya dignidad merece ser reconocida.
También nuestra oración puede comenzar ahí. Antes de pedirle al Señor que cambie algo de nosotros, podemos permitirle que nos coloque delante de Él tal como somos. No necesitamos ocultar nuestras parálisis interiores. Cristo ya las conoce.
El hombre se levanta y se queda en pie.
Es un pequeño gesto, pero anticipa la curación. La gracia de Dios no siempre comienza con una transformación espectacular. A veces comienza con levantarnos y ponernos delante del Señor. Dar un paso hacia Él ya es, en cierto modo, comenzar a recuperar la vida.
Entonces Jesús hace una pregunta que va mucho más allá de aquella discusión sobre el sábado: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
No hay neutralidad ante el sufrimiento. Cuando alguien está herido delante de nosotros, hacer el bien no puede quedar aplazado en nombre de ninguna otra consideración. Jesús revela así algo esencial del corazón de Dios: la misericordia no es una excepción a la ley; es el corazón mismo de la voluntad de Dios.
Y entonces sucede algo que merece ser contemplado despacio. San Lucas dice que Jesús «echando en torno una mirada a todos» le dijo al hombre: «Extiende tu mano».
Primero lo mira. Después le habla.
La mirada de Jesús precede a su palabra. Es una mirada que conoce la dureza de quienes lo rodean, pero que no se deja dominar por ella. Jesús mira a todos y, sin embargo, se dirige al hombre necesitado. Su atención no se dispersa. En medio de la tensión, sabe quién necesita ser restaurado.
«Extiende tu mano».
La orden parece sencilla, pero precisamente ahí está la dificultad. ¿Cómo extender una mano que está paralizada? Jesús le pide que haga aquello que, humanamente, no puede hacer.
Y el hombre lo intenta.
Quizá esta sea una de las escenas más bellas del pasaje. El milagro no ocurre al margen de su respuesta. La gracia de Cristo encuentra una libertad que se atreve a obedecer. El hombre extiende lo que no podía extender, y en ese acto de confianza comienza a experimentar que la palabra de Jesús hace posible lo que parecía imposible.
La mano queda restablecida.
La mano derecha no es un detalle irrelevante. Es la mano con la que se trabaja, se sirve, se acoge, se bendice. Recuperarla significa mucho más que recuperar un movimiento físico. Significa poder volver a actuar, a relacionarse, a ofrecerse a los demás.
Cristo no viene solamente a hacernos sentir mejor. Viene a devolvernos la capacidad de amar y de servir.
Pero el relato termina de una manera inesperada. Mientras el hombre sale restaurado, los adversarios de Jesús quedan encerrados en su propia dureza: «ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús».
El contraste es impresionante. Un hombre que tenía una mano paralizada recupera su libertad. Otros, aparentemente sanos, quedan paralizados interiormente por la cólera. Uno extiende la mano y vuelve a vivir; los otros cierran el corazón y empiezan a buscar la manera de destruir.
El Evangelio nos obliga así a mirar más allá de la enfermedad visible. Existe una parálisis del cuerpo, pero también existe una parálisis del corazón. Y quizá esta última sea más peligrosa porque puede esconderse bajo una apariencia de religiosidad.
Podemos llevar muchos años cerca de las cosas de Dios y, sin embargo, tener el corazón endurecido. Podemos conocer las normas, participar en la vida de la Iglesia y cumplir muchas prácticas religiosas, pero perder de vista a la persona que tenemos delante. El Evangelio nos recuerda que la verdadera fidelidad a Dios siempre hace crecer la capacidad de amar.
Por eso, al llevar este pasaje a la oración, quizá convenga no comenzar preguntándonos quiénes son «los fariseos». Es más fecundo preguntarnos dónde estoy yo en esta escena.
Tal vez haya en nosotros algo de aquel hombre de la mano paralizada: una herida que necesita ser presentada al Señor. Tal vez haya también algo de quienes observan y juzgan: una dureza, una crítica, una incapacidad para alegrarnos con el bien que Dios hace en otros.
Sea cual sea nuestra situación, Jesús sigue pronunciando la misma palabra: «Extiende tu mano».
No dice: «Primero consigue curarte y después ven a mí». Le pide que confíe en su palabra y que ponga delante de Él precisamente aquello que no puede hacer por sí mismo.
Quizá nuestra oración pueda terminar permaneciendo unos instantes bajo la mirada de Jesús. Dejar que Él mire aquello que tenemos paralizado: nuestra capacidad de perdonar, de confiar, de servir, de rezar, de amar. Y escuchar sin miedo su invitación:
«EXTIENDE TÚ MANO».
Tal vez todavía no sepamos cómo hacerlo. Pero podemos intentarlo. Porque cuando Cristo pide algo, su palabra lleva consigo la gracia necesaria para comenzar a vivirlo. Y aquella mano que parecía inútil vuelve a convertirse en una mano capaz de trabajar, de servir y de darse.
Ese es también el milagro que Jesús quiere realizar en nosotros: no solamente sanar nuestras heridas, sino devolvernos la libertad de amar.
(Archidiócesis de Madrid)

Reflexiones:
¿Qué me dice hoy la Palabra de Dios en esta lectura?
¿En el evangelio se narra una polémica iniciada por la actitud provocativa de Jesús y la fundamentación que da para curar un hombre tullido durante el descanso sabático?
¿Entre el cumplimiento del precepto y la posibilidad de salvar una vida, hay que defender la vida?
¿El argumento es exagerado, pues el hombre no estaba en peligro?
¿Igualmente desproporcionada es la reacción de sus adversarios?
¿Qué hacer frente a la prohibición de curar en sábado y ante el clamor silencioso de un ser humano que por su enfermedad está como mu**to para la sociedad?
¿Para los que no han descubierto la novedad del reino anunciado por Jesús, la respuesta es simple?
¿Cuidar la Ley o el orden establecido, aun sabiendo que atenta contra la vida y la dignidad del ser humano?
¿Para Jesús, a pesar de saberse perseguido, su opción por el pobre está definida’
¿Por esto, delante de todos los presentes le dice al hombre de la mano seca que se levante y se ponga en el centro’
¿El que estaba aplastado por la ley y arrinconado por la sociedad, está ahora de pie y en el centro?
¿El pobre está siempre en el corazón de Dios?
¿La opción por los pobres es para Jesús una opción por la vida, en clara oposición a la opción por la muerte de sus opositores?

05/09/2026

Oremos:
Padre Santo, no permitas que caigamos en la tentación de juzgar a los demás, de poner cargas pesadas en los hombros de los demás, cargas que jamás llevaríamos nosotros. Haznos más humildes, más modestos. Ayúdanos a controlar nuestros impulsos, de modo tal que nuestros gestos y nuestras palabras sean de comprensión, aliento, paz y amor…Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor…
Amén

Sábado de la vigésima primera semana del tiempo ordinarioEvangelio según San Lucas 6,1-5. «El Hijo del Hombre es dueño d...
05/09/2026

Sábado de la vigésima primera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,1-5. «El Hijo del Hombre es dueño del sábado»

1.- Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?". Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?". Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".

Amados Hermanos, para los grandes economistas del mundo es más importante mantener el equilibrio en la banca internacional que resolver los problemas del hambre, salud y educación de millones de seres humanos sumidos en la extrema pobreza. Muchas personas nos empeñamos en colocar la letra de la ley por encima de los demás. Algo parecido pasa también al interior de las iglesias. Por sobre todo están las normas litúrgicas o doctrinales que las necesidades de los feligreses. Jesús nos desafía a colocar al ser humano en el centro de todas las decisiones legales, estructurales y organizacionales, especialmente a los más débiles y empobrecidos.

ENTRAR EN EL DESCANSO DE DIOS

2.- «Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno... Y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho» (Gn 1,31-2,2). Vemos que las obras de Dios son buenas, y si nuestras obras son también buenas después veremos su descanso. La observancia del sábado es un signo de este descanso que Dios prescribió al pueblo hebreo. Pero lo practicaban de una manera tan material que incriminaban a nuestro Señor al ver que, entonces, el Señor obraba nuestra salvación. Eso les valió esta respuesta perfectamente justa: «Mi Padre sigue actuando y yo también actúo» (Jn 5,17), no tan solo gobernando toda la creación juntamente con él, sino realizando nuestra salvación.

Pero cuando la gracia ha sido revelada, a los fieles se les ha quitado la observancia del sábado que tan solo consistía en el descanso de un día. Mientras que, ahora por la gracia, el cristiano observa un descanso perpetuo si todo lo que hace de bueno lo hace con la esperanza del descanso que ha de venir y si no se gloría de sus buenas obras como si fueran un bien propio y no algo recibido. Actuando así y recibiendo y contemplando el sacramento del bautismo como un sábado, es decir, como el descanso del Señor en su sepulcro (Rm 6,4) descansa de sus obras antiguas, anda por los caminos de una vida nueva y reconoce que Dios obra en él: Dios que, al mismo tiempo actúa en él y gobierna sus criaturas como es debido, y descansa en cuanto que en él se halla la tranquilidad eterna.

Dios ni se canso creando ni descansa al cesar la creación; sino que a través del lenguaje de la Santa Escritura ha querido inspirarnos el deseo de su descanso... Ha querido santificar este día... como si, aún para él que no se fatiga actuando, el descanso tuviera más valor que la acción. Es esto lo que nos enseña el Evangelio cuando el Salvador dice que María, al sentarse y descansar a sus pies para escuchar su palabra, escogió una parte mejor que la de Marta, aunque ésta se apresurara a hacer buenas obras en vista del servicio (Lc 10,39s).
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia; Sobre el Génesis en sentido literal, IV, 13-14)

DEJAR A DIOS POR DIOS

3.- Una cosa buena les impedía ver una mejor. Uno de los dramas de nuestra vida consiste en la superficialidad. Y ese es un gran enemigo de la vida cristiana. El cristianismo es la religión de la profundidad. Ya lo decía el santo obispo de Hipona, san Agustín: No busques fuera, en el interior del hombre habita la verdad.
Los fariseos se quedan en lo exterior y eso les impide ver en profundidad. El sábado que era el día del descanso y tenía como finalidad descansar en el Señor les impide, al vivirlo de manera superficial, en descubrir que Jesús es el Señor y lo importante es estar con Él.
Nos puede suceder también a nosotros. Podemos vivir la vida cristiana de forma farisaica, es decir, quedándonos en la superficie y hacer las cosas sin descubrir la importancia de llegar a conocer la presencia amable de Jesús que es lo único importante. Si mis prácticas de piedad no me llevan a encontrarme con Jesús sirven de muy poco. Jesús es Señor del sábado.
Qué fácil es buscar los consuelos en lugar de buscar al Dios de los consuelos. Qué fácil es ocuparse de las cosas de Dios en lugar de ocuparse de Dios. Tenemos que suplicar al Señor que nos conceda la gracia de la profundidad. Que nuestros ojos se acostumbren a mirar en profundidad.
En la experiencia de los Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola invita a descubrir al Señor en todo lo que nos rodea y nos sucede. El Santo de Loyola le dice al ejercitante que hay que descubrir a Dios en todas las cosas y a todas las cosas en Dios para así poder en todo amar y servir a Jesucristo.
Esa ha sido la experiencia de todos los santos. San Vicente de Paul les decía a sus hijas:
Hay algunas ocasiones en las que no es posible guardar el orden de la distribución del día; por ejemplo, llamarán a la puerta mientras hacéis oración, para que una hermana vaya a ver a un pobre enfermo que la necesita con urgencia; ¿qué hay que hacer? Será conveniente que vaya cuanto antes y que deje la oración, o mejor dicho que la continúe, ya que es Dios el que se lo manda. Porque, mirad, la caridad está por encima de todas las reglas y es preciso que todas lo tengáis en cuenta. La caridad es una gran dama; hay que hacer todo lo que ordena. Por tanto, en ese caso, dejar a Dios por Dios. Dios os llama a hacer oración v al mismo tiempo os llama a atender a aquel pobre enfermo. Eso se llama dejar a Dios por Dios.
Que nuestra madre la Virgen nos ayude a tener unos ojos como los suyos que estén atentos para ver a Dios y quedarnos con Él.
(Archidiócesis de Madrid)

Reflexiones:
¿Qué me dice hoy la Palabra de Dios en esta lectura?
¿Según la tradición judía, el sábado es un día sagrado dedicado al descanso, porque Dios descansó ese mismo día al terminar su creación (Gn 2,2-3)?
¿El descanso iba desde el viernes por la tarde hasta el atardecer del sábado?
¿Para asegurarse de su estricto cumplimiento, los maestros de la Ley elaboraron una lista con treinta y nueve clases de trabajos prohibidos en sábado?
¿La Ley permitía tomar algunas espigas al pasar por el campo de un vecino (Dt 23,25), pero estaba prohibido hacerlo en sábado?
¿Jesús aprovecha la situación para recordar a los fariseos la esencia del sábado, día para hacer el bien, día de la misericordia de Dios, quien tuvo piedad de la humanidad al enviarnos a su Hijo?
¿Jesús nos recuerda la importancia de la persona, imagen de Dios, y no procurarle el bien es ya un mal?
¿Por encima de cualquier circunstancia debe sobresalir la misericordia y el amor a Dios y al prójimo?
¿En tiempos de Jesús los poderosos justificaban con la ley del sábado el hambre de la gente?
¿Hoy, son los intereses económicos, la carrera armamentista, la indiferencia global, los que siguen negando un plato de comida a gran parte de la humanidad?
¿Cómo paso el domingo, nuestro sábado?
¿Voy a misa por obligación, para evitar el pecado o para estar con Dios?
¿Sé distinguir en mi vida lo importante de lo superfluo?

04/09/2026

Oremos:
Señor Jesus tú nos das el vino que es capaz de causar la mayor alegría de nuestros corazones : el vino de tu presencia en nuestra alma. Gracias, por este inigualable don. Danos el odre de un rostro nuevo, alegre y radiante, que sea faro para este mundo tantas veces inmerso en la tristeza y el pesimismo o en las alegrías desechables, y ayúdanos a vivir de tal manera, que las personas que nos vean, puedan encontrar al menos un pálido reflejo de la felicidad que Tú nos tienes preparada.
Amén.

Viernes de la vigésima segunda semana del tiempo ordinarioEvangelio según San Lucas 5,33-39. «Vino nuevo en odres viejos...
04/09/2026

Viernes de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 5,33-39. «Vino nuevo en odres viejos»

1.- Luego le dijeron: "Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben". Jesús les contestó: "¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar". Les hizo además esta comparación: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos! Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor"

Amados Hermanos, El Reino de Dios no cabe en estructuras viejas y caducas. El Reino es novedad que desborda toda institucionalidad, toda ley y toda tradición. Las personas apegadas a la tradición y costumbre antiguas se resisten a cualquier cambio de todo género. Sucede en las Parroquias y con los agentes de pastoral y ministros eclesiales. Pegados más la tradición y las costumbres impiden que la Palabra de Dios siempre inédita, novedosa, sorprendente transforme personas, estructuras, instituciones y tradiciones que en su momento pudieron tener sentido y vigencia pero que ya no dicen nada y, por el contrario, estorban al anuncio siempre renovador y transformador del evangelio de Jesús.

“...Y LLEGARÁN A SER UNA SOLA CARNE. GRAN MISTERIO ESTE, QUE YO RELACIONO CON LA UNIÓN DE CRISTO Y DE LA IGLESIA.” (Ef 5,31)

2.- Una unión extraña y extraordinaria se realizó cuando “el Verbo se hizo carne” en el seno de la Virgen y “habitó entre nosotros” (Jn 1,14). Así como todos los elegidos son resucitados en Cristo cuando él resucitó, así en él se han celebrado unas bodas: La Iglesia ha sido unida a un Esposo por los lazos del matrimonio cuando el Hombre-Dios recibió en plenitud los dones del Espíritu Santo y cuando toda la divinidad ha venido a habitar en un cuerpo semejante al nuestro... Cristo se hizo hombre por el Espíritu Santo y, “como un esposo que sale de su alcoba” (Sal 18,6) sale del seno de la Virgen que hizo de alcoba nupcial. Pero la Iglesia, renaciendo del agua y del Espíritu se convierte en un solo cuerpo en Cristo, de manera que “son una sola carne” (Mt 19,5), lo que, relacionado con Cristo y la Iglesia “es un gran misterio” (cf Ef, 5,31)

Este matrimonio dura desde la encarnación de Cristo hasta el momento en que Cristo volverá y que todos los ritos de la unión nupcial se habrán cumplido. Entonces, los que están preparados y habrán cumplido las condiciones de esta unión tan sublime, entrarán con él, llenos de reverencia, en la sala de las bodas eternas (Mt 25,10. En espera, la Esposa prometida a Cristo camino hacia su Esposo, guardando fielmente la alianza con él en la fe y la ternura hasta que él vuelva.
(San Pascasio Radbert (¿- c. 849), monje benedictino; Comentario sobre el evangelio de Mateos, 10,22)

EL VERDADERO AYUNO

3.- Los fariseos y los escribas se dirigen a Jesús reprochándole que mientras discípulos de Juan y ellos mismos ayunan, sin embargo, los suyos “a comer y a beber”. Nos puede ayudar a comprender mejor la respuesta de Cristo si intentamos comprender el enfado y los reproches de los fariseos y escribas. Parece que lo que les molesta es el hecho de que ellos ayunen y los discípulos de Jesús no ¡Si al menos ellos no tuvieran que ayunar! Han perdido de vista que el ayuno un acto de devoción, un signo del deseo de conversión y una expresión de penitencia por los pecados y, cuando falta este sentido, el ayuno pierde su valor. Ya no es expresión de amor a Dios y arrepentimiento, sino un acto puramente exterior, que sólo sirve para presumir de religiosos y envanecerse. En repetidas ocasiones el Señor les amonesta en este sentido para que cambien. “Bien profetizó Isaías de vosotros los hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está bien lejos de mí. En vano me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos” Mc 6-7).
También nuestras prácticas de piedad y nuestros ayunos pueden servir sólo para quedar bien ante los demás, para pasar por personas buenas, fiables y piadosas. Con lo que, en el fondo, lejos de ser expresiones de amor a Dios se convierten en una carga. Entonces surgen los juicios sobre los demás cuando no hacen lo que hacemos nosotros: yo ayuno, voy a Misa a diario, realizo actos de piedad como el Rosario… Hemos de rectificar interiormente muchas veces. Y cambiar de mentalidad. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda: “Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores «el s**o y la ceniza», los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6. 16-18). (nº 1430).
“La Ley nueva practica los actos de la religión: la limosna, la oración y el ayuno, ordenándolos al «Padre que ve en lo secreto» por oposición al deseo «de ser visto por los hombres» (cf Mt 6,1-6. 16-18). Su oración es el Padre Nuestro (Mt 6,9-13) (CEC 1969). Jesús quiere que descubran el verdadero sentido de las prácticas de piedad, como el ayuno, pero esto requiere un cambio de mentalidad. El Señor no quiere nuestros sacrificios sino nuestro corazón. “Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán. A vino nuevo, odres nuevos”. Ofrezcamos a Dios un corazón nuevo, un corazón contrito y humillado (Sal 50) y ese será un culto razonable, agradable a Dios. María, convirtiéndose en la Esclava del Señor ha ofrecido el ayuno que Dios quiere y nos muestra a cada uno el camino.
(Archidiócesis de Madrid)

Reflexiones:
¿Qué me dice hoy la Palabra de Dios en esta lectura?
¿Jesús pone en discusión la pertinencia del ayuno, no su práctica; pues el mismo Lucas se refiere en varias ocasiones a una Iglesia que ayuna?
¿Cómo estar ayunando o tristes cuando estamos invitados a participar de la fiesta de Jesús?
¿Jesús representa una nueva propuesta de amor, de alegría y de justicia para la humanidad?
¿Me dejo transformar totalmente por el Señor, dándome cuenta de que no puedo llegar a un equilibrio entre lo que Dios me ofrece y lo que me gustaría conservar de mi vida anterior?
¿Jesús me hace un traje totalmente nuevo, mi existencia no ha sido parcheada ni apedazada, sino constituida en una nueva dignidad?
¿El contenido del reino no es para ser vertido en viejas y caducas estructuras, instituciones, normas, ritos, y tradiciones?
¿Estoy haciendo ayuno por deporte o por ser reconocido?
¿Qué costumbres y tradiciones debo superar porque impiden que la novedad del evangelio permeen mi vida y la de mi comunidad?
¿Cómo vives la conversión en tu vida personal?

03/09/2026

Oremos:
Señor, te pedimos que nos des la humildad para hacer lo que Tú nos pides. Que confiemos en que Tú sabes el camino para nuestra salvación. No queremos pedirte que te apartes de nosotros. Somos pecadores, no somos dignos de tu presencia, pero nuestro corazón se moriría sin el calor de tu gracia. Contigo lo tenemos todo. Contigo podemos convertir nuestra nada en un maravilloso todo. Contigo podemos ser los pescadores de esos hombres que navegan por su vida sin saber a qué puerto les conviene llegar. Contigo somos felices y dichosos, nunca permitas que nos apartemos de Ti.
Amén.

Jueves de la vigésima segunda semana del tiempo ordinarioEvangelio según San Lucas 5,1-11. «Serás pescador de hombres»1....
03/09/2026

Jueves de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 5,1-11. «Serás pescador de hombres»

1.- En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes". Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes". Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Amados Hermanos, Pedro y sus compañeros como nosotros, no comprendemos el significado profundo de la llamada a seguirle como discípulos misioneros alegres, pero nos sentimos en confianza y aceptamos su propuesta que nos pide “dejarlo todo”. El desprendimiento debe ser una actitud propia de todo discípulo que sigue a Jesús. Es uno de los signos distintivos de las comunidades creyentes pues la generosidad en el desprendimiento que exige ser incondicional, será el reflejo de la acción de Dios en nuestras vidas. Sé generoso en tu vida para que tus esfuerzos sean más eficaces.

“NO TEMAS, DESDE AHORA SERÁS PESCADOR DE HOMBRES”

2.- ¡Qué grande es la bondad de Cristo! Pedro ha sido pescador, y ahora un orador merece un gran elogio si es capaz de comprender a este pescador. Ved por qué el apóstol Pablo dirigiéndose a los primeros cristianos, dice: “Hermanos, fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios... Ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta” (1Co 1,26-28).

Porque si Cristo hubiese escogido en primer lugar a un orador, el orador hubiera podido decir: “Me ha escogido por mi elocuencia”. Si hubiera escogido a un senador, el senador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi rango”. Si, en fin, hubiera escogido a un emperador, el emperador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi poder. Que se calle toda esa gente, que esperen un poco y estén tranquilos. No serán olvidados ni rechazados; que esperen un poco, porque podrían gloriarse de lo que son en sí mismos.

“Dame, dice Cristo, este pescador, dame ese hombre simple y sin instrucción, dame ese hombre con el cual el senador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra un pescado. Sí, dame ese hombre. Cuando lo habré llenado, se verá claramente que soy únicamente yo quien actúa. Ciertamente, llevaré a cabo mi obra en el senador, en el orador, en el emperador..., pero mi acción será más evidente en el pescador. El senador, el orador y el emperador pueden gloriarse de lo que ellos son: el pescador, únicamente de Cristo. Que el pescador venga a enseñarles la humildad que procura la salvación. Que el pescador pase primero.”
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia; Sermón 43, 5-5; CCL 41, 510-511)

DIOS NOS LLAMA SIN IMPROVISAR

3.- Tras este episodio de la pesca milagrosa el Señor les anuncia lo que espera hacer con ellos: hacerlos pescadores de hombres, es decir, asociarlos a su misión de rescatar a la humanidad, a cada hombre. Y ellos responden sacando las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. Esta respuesta puede parecer un tanto repentina, pero antes de la llamada Jesús les está preparando. Nuestra respuesta a los requerimientos de Dios es siempre ayudada. La gracia de Dios siempre previene la respuesta del hombre. Jesús les muestra cómo actúa con el poder de Dios. Han presenciado milagros de Jesús, en la sinagoga cura a un endemoniado (Lc 4, 33-37), entrando en la casa de Simón curó a su suegra (4, 38-39), al atardecer de ese día curó a cuantos le trajeron. Le ven atendiendo a deshoras, desde “la puesta del sol”. Jesús no se reserva. Así les va preparando para responder con generosidad.
Dice San Lucas, como de pasada, que “había dos barcas”, y “se subió a la de Pedro”. Nada de esto es casual. Las cosas no suceden por que sí. Todo esto forma parte de la preparación del corazón de Simón y también de Santiago y Juan. Pero los planes de Dios comenzaron mucho antes. Los ha elegido, como a nosotros, antes de la constitución del mundo (cf. Efe. 1,4-5).¡Hay una elección divina que precede a nuestra existencia! La vocación de Simón, Andrés o Juan no es el fruto de unas casualidades (que estuvieran ahí sus barcas, que se subiera a la de Simón…) o de que Jesús haya descubierto unas cualidades especiales en ellos. Más bien ha sido al revés: Dios ha dispuesto esas “casualidades”. Dios nos ha elegido antes de crear el mundo y sólo después nos crea con las cualidades y dones adecuados para aquello a lo que hemos sido elegidos. En la vocación de cada uno se ha dado esa elección divina Primero nos ha elegido y después nos ha creado para cumplir esa llamada. La elección precede a nuestra existencia, es más, determina la razón de ser de nuestra existencia. San Juan Pablo II recordaba lo determinante que es la vocación de cada uno. “La vocación de cada uno se funde, hasta cierto punto, con su propio ser: se puede decir que vocación y persona se hacen una misma cosa” (Porto Alegre, 5-VII-1980).
Jesús quiere contar con Simón para que la multitud, agolpada alrededor de Cristo, pueda oír la palabra de Dios. Para ello le ruega aparte un poco la barca de tierra. Cristo le rogó a Pedro ¡Le rogó! Cuánta delicadeza por parte del Señor, cómo respeta nuestra libertad. Hemos de estar atentos a las insinuaciones del Señor a través de tantas personas y acontecimientos si queremos oír su voz. Ahora Jesús le va a mostrar el poder de su palabra diciéndole: “rema mar adentro”. San Pedro ofrece una resistencia razonable: Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada. Cuántas “excusas” “razonables” podemos ponerle tú y yo al Señor para no terminar de seguirle, de obedecerle, de vivir una mayor entrega ¡remar mar adentro! Toda la seguridad de Pedro estará en eso. Pedro se asombra de lo que han hecho al arrojar las redes en nombre de Cristo. Antes había presenciado milagros ¡ahora los realizaba en el nombre de Cristo! Esto es un cambio cualitativo. No dejar de asombrarnos. San Pedro se sobrecoge ante la grandeza de lo que Jesús ha hecho a través de él: “cayó de rodillas… diciendo aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador… Así tu y yo, muchas veces cuando tocamos nuestra indigencia y la grandeza de lo que Dios obra a través de cada uno.
Que nuestra Madre, nos ayude a ser muy dóciles al requerimiento de su Hijo a lo largo de cada jornada.
(Archidiócesis de Madrid)

Reflexiones:
¿Qué me dice hoy la Palabra de Dios en esta lectura?
¿Nos sentimos llamados por Jesús a ser “pescadores de matrimonios” promoviendo un equipo en el MFC u ofreciendo un servicio administrativo o institucional?
¿Aceptamos servir en este nuevo ciclo “remar mar adentro” porque creemos en la Palabra de Jesús, aunque no estemos muy convencidos de su efectividad?
¿La abundancia de la pesca mostrará que su palabra produce resultados, que no es vacía ni ambigua, que es siempre acción creadora y liberadora?
¿Jesús nos llama para que ofrezcamos un servicio o promovamos un equipo básico de formación dejando el quehacer cotidiano y asumiendo una nueva aventura que desestabiliza y, a la vez, entusiasma?
¿Tomamos el riesgo de seguirle con miedo e incertidumbre, pero nos ponemos en camino tras las huellas de Jesús?
¿Pensamos que sabemos promover un equipo básico y, al parecer, hay otro que siendo carpintero, conoce mucho mejor el servicio?
¿Reconocemos que no sabemos ni aquello en lo que nos creemos especialistas?
¿No sabemos de nuestro servicio, ni de nuestro estado o condición… ni siquiera sabemos de nuestra humanidad, vivimos nuestra realidad a medio gas, imperfectamente?

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