03/09/2026
Jueves de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario
Evangelio según San Lucas 5,1-11. «Serás pescador de hombres»
1.- En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes". Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes". Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
Amados Hermanos, Pedro y sus compañeros como nosotros, no comprendemos el significado profundo de la llamada a seguirle como discípulos misioneros alegres, pero nos sentimos en confianza y aceptamos su propuesta que nos pide “dejarlo todo”. El desprendimiento debe ser una actitud propia de todo discípulo que sigue a Jesús. Es uno de los signos distintivos de las comunidades creyentes pues la generosidad en el desprendimiento que exige ser incondicional, será el reflejo de la acción de Dios en nuestras vidas. Sé generoso en tu vida para que tus esfuerzos sean más eficaces.
“NO TEMAS, DESDE AHORA SERÁS PESCADOR DE HOMBRES”
2.- ¡Qué grande es la bondad de Cristo! Pedro ha sido pescador, y ahora un orador merece un gran elogio si es capaz de comprender a este pescador. Ved por qué el apóstol Pablo dirigiéndose a los primeros cristianos, dice: “Hermanos, fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios... Ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta” (1Co 1,26-28).
Porque si Cristo hubiese escogido en primer lugar a un orador, el orador hubiera podido decir: “Me ha escogido por mi elocuencia”. Si hubiera escogido a un senador, el senador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi rango”. Si, en fin, hubiera escogido a un emperador, el emperador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi poder. Que se calle toda esa gente, que esperen un poco y estén tranquilos. No serán olvidados ni rechazados; que esperen un poco, porque podrían gloriarse de lo que son en sí mismos.
“Dame, dice Cristo, este pescador, dame ese hombre simple y sin instrucción, dame ese hombre con el cual el senador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra un pescado. Sí, dame ese hombre. Cuando lo habré llenado, se verá claramente que soy únicamente yo quien actúa. Ciertamente, llevaré a cabo mi obra en el senador, en el orador, en el emperador..., pero mi acción será más evidente en el pescador. El senador, el orador y el emperador pueden gloriarse de lo que ellos son: el pescador, únicamente de Cristo. Que el pescador venga a enseñarles la humildad que procura la salvación. Que el pescador pase primero.”
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia; Sermón 43, 5-5; CCL 41, 510-511)
DIOS NOS LLAMA SIN IMPROVISAR
3.- Tras este episodio de la pesca milagrosa el Señor les anuncia lo que espera hacer con ellos: hacerlos pescadores de hombres, es decir, asociarlos a su misión de rescatar a la humanidad, a cada hombre. Y ellos responden sacando las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. Esta respuesta puede parecer un tanto repentina, pero antes de la llamada Jesús les está preparando. Nuestra respuesta a los requerimientos de Dios es siempre ayudada. La gracia de Dios siempre previene la respuesta del hombre. Jesús les muestra cómo actúa con el poder de Dios. Han presenciado milagros de Jesús, en la sinagoga cura a un endemoniado (Lc 4, 33-37), entrando en la casa de Simón curó a su suegra (4, 38-39), al atardecer de ese día curó a cuantos le trajeron. Le ven atendiendo a deshoras, desde “la puesta del sol”. Jesús no se reserva. Así les va preparando para responder con generosidad.
Dice San Lucas, como de pasada, que “había dos barcas”, y “se subió a la de Pedro”. Nada de esto es casual. Las cosas no suceden por que sí. Todo esto forma parte de la preparación del corazón de Simón y también de Santiago y Juan. Pero los planes de Dios comenzaron mucho antes. Los ha elegido, como a nosotros, antes de la constitución del mundo (cf. Efe. 1,4-5).¡Hay una elección divina que precede a nuestra existencia! La vocación de Simón, Andrés o Juan no es el fruto de unas casualidades (que estuvieran ahí sus barcas, que se subiera a la de Simón…) o de que Jesús haya descubierto unas cualidades especiales en ellos. Más bien ha sido al revés: Dios ha dispuesto esas “casualidades”. Dios nos ha elegido antes de crear el mundo y sólo después nos crea con las cualidades y dones adecuados para aquello a lo que hemos sido elegidos. En la vocación de cada uno se ha dado esa elección divina Primero nos ha elegido y después nos ha creado para cumplir esa llamada. La elección precede a nuestra existencia, es más, determina la razón de ser de nuestra existencia. San Juan Pablo II recordaba lo determinante que es la vocación de cada uno. “La vocación de cada uno se funde, hasta cierto punto, con su propio ser: se puede decir que vocación y persona se hacen una misma cosa” (Porto Alegre, 5-VII-1980).
Jesús quiere contar con Simón para que la multitud, agolpada alrededor de Cristo, pueda oír la palabra de Dios. Para ello le ruega aparte un poco la barca de tierra. Cristo le rogó a Pedro ¡Le rogó! Cuánta delicadeza por parte del Señor, cómo respeta nuestra libertad. Hemos de estar atentos a las insinuaciones del Señor a través de tantas personas y acontecimientos si queremos oír su voz. Ahora Jesús le va a mostrar el poder de su palabra diciéndole: “rema mar adentro”. San Pedro ofrece una resistencia razonable: Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada. Cuántas “excusas” “razonables” podemos ponerle tú y yo al Señor para no terminar de seguirle, de obedecerle, de vivir una mayor entrega ¡remar mar adentro! Toda la seguridad de Pedro estará en eso. Pedro se asombra de lo que han hecho al arrojar las redes en nombre de Cristo. Antes había presenciado milagros ¡ahora los realizaba en el nombre de Cristo! Esto es un cambio cualitativo. No dejar de asombrarnos. San Pedro se sobrecoge ante la grandeza de lo que Jesús ha hecho a través de él: “cayó de rodillas… diciendo aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador… Así tu y yo, muchas veces cuando tocamos nuestra indigencia y la grandeza de lo que Dios obra a través de cada uno.
Que nuestra Madre, nos ayude a ser muy dóciles al requerimiento de su Hijo a lo largo de cada jornada.
(Archidiócesis de Madrid)
Reflexiones:
¿Qué me dice hoy la Palabra de Dios en esta lectura?
¿Nos sentimos llamados por Jesús a ser “pescadores de matrimonios” promoviendo un equipo en el MFC u ofreciendo un servicio administrativo o institucional?
¿Aceptamos servir en este nuevo ciclo “remar mar adentro” porque creemos en la Palabra de Jesús, aunque no estemos muy convencidos de su efectividad?
¿La abundancia de la pesca mostrará que su palabra produce resultados, que no es vacía ni ambigua, que es siempre acción creadora y liberadora?
¿Jesús nos llama para que ofrezcamos un servicio o promovamos un equipo básico de formación dejando el quehacer cotidiano y asumiendo una nueva aventura que desestabiliza y, a la vez, entusiasma?
¿Tomamos el riesgo de seguirle con miedo e incertidumbre, pero nos ponemos en camino tras las huellas de Jesús?
¿Pensamos que sabemos promover un equipo básico y, al parecer, hay otro que siendo carpintero, conoce mucho mejor el servicio?
¿Reconocemos que no sabemos ni aquello en lo que nos creemos especialistas?
¿No sabemos de nuestro servicio, ni de nuestro estado o condición… ni siquiera sabemos de nuestra humanidad, vivimos nuestra realidad a medio gas, imperfectamente?