20/05/2026
Don Ignacio “Nacho” Hernández
Lo conocimos en la Capellanía de Guadalupe en los años ochenta, ya siendo un hombre maduro. Por comentario de sus contemporáneos supimos que, de joven fue monaguillo en la parroquia de San Jerónimo, en tiempos del Padre Arcadio Martínez y más tarde, miembro activo de la Adoración Nocturna Mexicana.
Poseedor de una memoria privilegiada, relataba que había conocido a Mons. Rafael Guízar y Valencia aquí mismo, en Coatepec, en la época de la persecución religiosa, o sea, alrededor de 1930 y narraba varios sucesos de Monseñor como si apenas hubieran sucedido ayer; entre ellos la fundación que hizo de las asociaciones guadalupanas en este Templo o la de una tarde de mayo en la que los anticlericales llegaron a Guadalupe a intentar aprehender al Señor Guízar quien fue sacado de inmediato y puesto a salvo gracias a un pasadizo que había en la sacristía; Nacho decía en tono solemne: “los chivos prietos (los contrarios) querían apresar al santo obispo; ¡desventurados!”
Además, siendo integrante de los Caballeros Guadalupanos conocía información relevante de este lugar, por ejemplo: contaba haber sabido de sus antepasados que, las bóvedas de esta Iglesia fueron hechas con tezontle; un tipo de piedra volcánica de poco peso y resistente a las filtraciones. Igualmente refería que los altos muros de esta edificación fueron trabajados con piedra y “mezcla en su punto.” Verdaderamente era un deleite conversar con este hombre conocedor y experimentado, dedicado a la albañilería, oficio de donde obtenía su sustento.
Llegado el mes de diciembre y con él, las Festividades Guadalupanas, Don Nacho era el encargado de tocar las campanas del Templo, auxiliado por don Porfirio Méndez y Domingo Landa; recordamos esos armoniosos y prolongados repiques de alba en el amanecer del día 11, pues había aprendido el arte de tocar las campanas con los viejos campaneros de la parroquia de San Jerónimo.
Mencionamos, a modo de homenaje póstumo a algunos de sus compañeros de la Corte de Honor de los Caballeros Guadalupanos: Domingo García, Abdón Mendoza, Moisés Limón, Magdaleno Hernández, Valente Arreguín, Eduardo Méndez, los hermanos Cadillo, más los dos nombrados en el párrafo anterior y muchos más.
Cuentan que, Monseñor Emilio Abascal, segundo Arzobispo de Xalapa, cuando en alguna conversación se aludía a alguien ya difunto, solía decir: “que nuestro recuerdo, le sirva de responso.” Nosotros, parafraseando al Señor Abascal pedimos a Dios, rico en misericordia, que el recuerdo que hemos hecho de Don Nacho y de sus correligionarios, les sirva de sufragio.
Fuente:
Archivo Histórico del Templo.
Libro de actas de asamblea de los Caballeros Guadalupanos.