28/08/2025
El enojo descontrolado también es pecado.
“Los que pierden los estribos con facilidad tendrán que sufrir las consecuencias. Si los proteges de ellas una vez, tendrás que volver a hacerlo.”
Proverbios 19:19 NTV
Como cristianos, como creyentes en Dios, o como personas humanas, hemos llegado a clasificar los pecados por grado. Es decir, preocupa más que alguien asesine, a que alguien se enoje de forma descontrolada y lastime la vida de quienes están a su alrededor. El enojo es uno de los sentimientos más obstinados de la vida de una persona. No solo lo sufre quien lo padece, sino también los que están alrededor. Hace mucho tiempo le predicaba a una joven que vivía todo el tiempo enojada, al parecer su pasado había sido tan oscuro, que se excusaba en lo que vivió para estar todo el tiempo a la defensiva con quienes le rodeaban. Su semblante era opaco, escasas veces la veía reír. Siempre vivía de los prejuicios, siempre pensaba que alguien más le quería hacer daño. El enojo fue su forma de vivir, todo lo arreglaba a los golpes, y de forma asombrosa siempre salía victoriosa. No sé, puedo especular que su ira la llenaba de fuerzas. Una joven de pocos amigos, pues realmente nadie desea estar con alguien que solo practica la ira como forma de vida.
Intenté ayudarla, intenté explicarle que cuando nos acercamos a Jesús, el Señor puede cambiar cualquier opresión de nuestro corazón y traer libertad a nuestras vidas. Pero no siempre lo entendió, por lo que en un tiempo después decidió menguar en la fe. Su enojo pudo más, su ira pudo más, su pecado pudo más, y de esa forma decidió vivir.
Porque muchas veces no entendemos que para acercarnos a Dios debemos soltar todo aquello que nos ata y nos atrapa. Ahora bien, tal vez esta historia te sea similar, o tal vez vivas con alguien que no es capaz de renunciar al enojo. Pero a veces lo vemos de forma sutil y ese es el problema. Alguien que es iracundo no es una persona de carácter fuerte, al contrario, su carácter es tan débil que no logra controlarlo. Estarás pensando que el enojo es visto como normal, y si te digo que nunca me he molestado por algo, te estaría mintiendo, pero lo que sí te puedo decir es que no permito que la rabia, que el enojo, que la ira descontrolada me domine, porque no nací para vivir en medio de esa cárcel.
Mateo 5:21 dice 21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al in****no de fuego.
El enojo también será juzgado, entonces que nos hace pensar que la ira descontrolada forma parte de nuestra personalidad, será entonces que no hemos entendido que el que está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas han pasado, todo Dios las hace nueva. El enojo hace que nuestro semblante decaiga, y la ira descontrolada nos lleva a acciones pecaminosas, como pasó con Caín y Abel. Génesis 4:88 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. La ira sí que debilita. Nadie que vive siempre en enojo, en rabia, o molesto, puede sentir paz en su corazón. Las personas que viven de esta forma, pocas veces aceptan la corrección, casi nunca escuchan y solo se dejan llevar por los deseos de su propia alma, por esos sentimientos que van en contra de lo que Dios busca, o quiere hacer. Ahora bien, vivir siempre en enojo no es algo que solo afecte tu mundo interior, sino que también traerá dolor a todo tu entorno. Cuando estás malhumorado, cuando te irritas con frecuencia, cuando todo te molesta, crearás un ambiente hostil y difícil de llevar. Incluso, cuando caemos en esa ira descontrolada donde todo lo solucionamos con golpes, malas palabras, o tirando todo lo que está a nuestro alrededor, puede que en un momento pase tu ira, pero no pasarán las heridas que dejarás en el corazón de aquellos que te ven.
Hermano Pablo Giovanini