Iglesia Cristiana Jesucristo el Salvador

Iglesia Cristiana Jesucristo el Salvador Reunion Familiar Cristiana

31/05/2026

Vida

A Dios le caracteriza la vida.
Esto se afi rma en las Escrituras de distintas
maneras. Se encuentra en la afirmación de que él es. Su mismo nombre “yo soy” ( Éx. 3:14) indica que es un Dios vivo.

Las Escrituras no defienden su existencia.
Simplemente la afi rman o, más a menudo,simplemente la asumen.

Hebreos 11:6 dice que “es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan.” Por lo tanto la existencia de Dios se considera uno de los aspectos más básicos de su naturaleza.

El Dios vivo se contrasta frecuentemente con los otros dioses, objetos inanimados de metal o piedra. Jeremías 10:10 hace referencia a él como el verdadero Dios, el Dios vivo, que controla la naturaleza. “Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra,” por otra parte “desaparecerán de la tierra y de debajo de los cielos” (v. 11).

Juan 5:26 habla de Dios que tiene vida en sí mismo, y 1 Tesalonicenses 1:9 señala un contraste entre los ídolos hacia los que se habían vuelto los tesalonicenses y “el Dios vivo y verdadero.”

La vida de Dios es diferente de la de cualquier otro ser vivo. Mientras que todos los demás seres tienen su vida en Dios, él no proviene de ninguna otra fuente externa. Nunca se le describe como algo a lo que se ha dado vida.

Como señalamos anteriormente, Juan 5:26 dice que tiene vida en sí mismo. Con frecuencia se le aplica el adjetivo eterno, dando por hecho que no ha habido nunca un momento en el que no haya existido. Es más, se nos ha dicho que “en el principio”, antes de que existiese nada, Dios ya existía ( Gn. 1:1). Por lo tanto, su existencia no puede provenir de ninguna otra cosa.
Es más, la continuación de la existencia de Dios no depende de nada externo
a él mismo. Todas las criaturas, siempre que estén vivas, necesitan algo para sustentar su vida. Alimento, calor, protección, todas estas cosas son necesarias.

En Mateo 6:25-33, Jesús señala que los pájaros y las flores dependen de la provisión del Padre. Sin embargo, Dios no necesita de eso. Al contrario, Pablo niega que Dios necesite nada ni sea servido por manos humanas ( Hch. 17:25). Él es, sin tener en cuenta ninguna otra cosa. De la misma manera que ya existía antes que cualquier otra cosa, también puede continuar existiendo independientemente de cualquier otra cosa.

Aunque Dios es independiente en el sentido de no necesitar nada más para su existencia, esto no significa que sea esquivo, indiferente o despreocupado.
Dios se relaciona con nosotros, pero por su propia elección, no porque se sienta obligado a hacerlo por necesidad. Que él se relacione con nosotros es por lo tanto una razón más para glorificarle. Ha actuado y continúa haciéndolo por agape, por amor desinteresado, y no por necesidad.

Es preferible referirse a Dios como a alguien sin causa que como a alguien cuya causa es él mismo. Su auténtica naturaleza es existir. No es necesario que él desee su propia existencia. Para Dios no existir sería lógicamente contradictorio. No estamos reintroduciendo aquí el llamado argumento ontológico para la existencia de Dios. Más bien, estamos diciendo simplemente que si Dios es tal como se describe en las Escrituras, debe existir.

Una comprensión adecuada de este aspecto de la naturaleza de Dios nos
debería liberar de la idea de que Dios nos necesita. Dios ha elegido utilizarnos para cumplir sus propósitos, y en ese sentido ahora nos necesita. Sin embargo, si
quisiera, podría dejarnos de lado. Simplemente él podría haber sido, sin nosotros.
Y puede, si así lo decide, cumplir sus propósitos sin nosotros. Es por nuestro bien, que nos permite conocerlo y servirle y somos nosotros los que perdemos si decidimos rechazar esta oportunidad.

Algunas veces escuchamos expresiones de lo que podríamos denominar el síndrome de “pobre Dios”: si Dios no altera sus maneras y nos trata de forma diferente, nos perderá, lo cual será una gran pérdida. Pero Dios no nos necesita. No es afortunado por tenernos; somos nosotros los afortunados y los favorecidos.

Vivimos en un mundo de contingencias. Mucho de lo que conocemos y creemos está condicionado por la palabra si.
Viviremos otros diez años si nuestra salud no nos falla. Nos retiraremos cómodamente si nuestras inversiones y
nuestro programa de inversiones no fracasa. Estaremos a salvo si las defensas de nuestro gobierno no fallan. Disfrutaremos de la amistad de nuestros amigos si no les sucede nada. Llegaremos a nuestra cita si nuestro coche no se estropea.

Pero con Dios no es necesario decir “Dios será si...”. Dios será y ¡punto! Hay una cosa segura, y es que Dios existe y siempre existirá.

Erickson, Teología Sistemática
Bendiciones 🙏

27/05/2026

LOS ATRIBUTOS MORALES

Los atributos morales de Dios se relacionan a su gobierno sobre las
criaturas libres e inteligentes.
Dado que los vínculos morales son esenciales a la existencia y perpetuidad de la sociedad, el conocimiento de Dios siempre tendrá que ser un factor determinante en la vida comunitaria de los humanos.

Puntos de vista claros de la naturaleza divina son
indispensables tanto para la estabilidad como para el progreso. Existe abundante prueba histórica de que la sociedad en última instancia depende de la fortaleza de sus vínculos morales, y cuando éstos se relajan o decaen, la estructura social colapsa.

Existe también una marcada diferencia entre los atributos metafísicos y los éticos, que mientras ambos en una medida se pueden comprender por la razón finita, los últimos dependen más en particular de la experiencia común.

Al ser hechos a la imagen de Dios, los seres humanos como seres racionales pueden comprender, dentro de los límites de su finitud, los atributos naturales de Dios; pero, habiendo caído en pecado, el ser humano carece de la base subjetiva para la percepción del carácter moral y espiritual de Dios.
Es sólo el puro de corazón quien ve a Dios. La santidad de Dios no permite el acercamiento del hombre pecaminoso. No hay lugar de encuentro, ni base común para el entendimiento. Por tanto, es evidente que sólo a través de la mediación de Jesucristo, el humano puede hacerse participante de la naturaleza divina, y, como consecuencia, llegar a conocer en el sentido más profundo y más verdadero su santidad y su amor.
Es en este punto de los atributos morales de Dios donde la revelación natural es más defectuosa.
El ser humano no queda satisfecho con ella. Los errores de la teología se han derivado, hasta extremos desconsiderables, de las nociones confusas de Dios que resultan de la revelación natural.

Nuestra pregunta es: “¿Cuál es la naturaleza y carácter de Dios que se nos da a conocer a través de la revelación redentora?” Aquí está la importancia de este departamento de la teología.
Necesitamos, primero que nada, recordarnos a nosotros mismos que el término personalidad, como lo hemos utilizado en su aplicación a Dios, expresa la idea de un contenido más rico que aquel que se le ha dado en la metafísica sola. Abarca no sólo la autoconsciencia sino la autodeterminación. Involucra la perfección de la razón, el poder y el amor, y tiene, por tanto, no sólo existencia metafísica sino cualidad ética y moral.
Cada objeción que se levanta en contra de atribuir una naturaleza al Ser divino descansa sobre una concepción falsa e irreal de lo absoluto.
Los argumentos para la existencia de Dios presuponen su carácter ético, si es que se va a poder explicar la naturaleza moral del ser
humano. Pero atribuir una naturaleza moral a Dios lleva consigo algo más que meras distinciones éticas. Significa que el sentimiento moral tiene que ser coordinado con el conocimiento perfecto y el poder ilimitado.
Además, significa que la voluntad divina tiene que dar expresión
perfecta a aquello que constituye su Ser, de tal manera que él desee aquella santidad que forma la cualidad esencial de su naturaleza.
Sigue, entonces, que la naturaleza moral de Dios no es meramente un estado de quiescencia, sino que es activa, con intensidad infinita, en la extensión libre e ilimitada de sus poderes personales. Si, en la esfera metafísica, podemos hablar de la existencia de Dios bajo la doble distinción de esencia y atributo, podemos también, con igual propiedad, en la esfera del gobierno moral de Dios, observar la distinción entre la naturaleza divina y los atributos morales; y si pudiéramos considerar los atributos metafísicos como inherentes a la esencia de Dios, y expresivos de ella, de igual manera podemos considerar los atributos morales como inherentes a una naturaleza divina o carácter moral, al cual de igual modo
dan expresión.

Teología Cristiana Tomo I, pag. 325-26
Bendiciones.

24/05/2026

Confrontados

22/05/2026
17/05/2026

La medida de la escritura

17/05/2026

Alabanzas

15/05/2026

Un amor inagotable.

El amor de Dios es un amor soberano. Como Dios es Dios y por lo tanto no tiene
obligaciones con nadie, es libre de amar a quien él quiera. Él mismo lo ha declarado, diciendo: "A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí" (Ro. 9:13). Y también, con referencia a Israel: "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres" (Dt. 7:7-8).

Si Dios es soberano en su
amor, esto significa que su amor no puede ser influenciado por nada. Y si esto es así, es lo mismo que decir que la causa del amor de Dios descansa sólo en sí mismo. Él ama a quien desea. Esto resulta claro en ambos textos citados en el párrafo anterior. Es así que lo que importa no es que Jacob fuera más fácil de amar que Esaú y que Dios por lo tanto lo amó a él en vez de amar a su hermano, sino que Dios había puesto su amor sobre Jacob solo como un acto de su voluntad soberana. Esto lo dejó bien claro al elegir a Jacob en lugar de Esaú antes que los mellizos nacieran y, por lo tanto, antes que tuvieran la oportunidad de hacer algo
bueno o malo.

De manera similar, el versículo de Deuteronomio niega explícitamente que
Dios amara a Israel por algo que tuviera, como su fuerza o su tamaño como nación (como nación no era nada grande). Lo que hace es afirmar que Dios los amó porque los amó.

Para la mayoría de las personas esta enseñanza no es nada popular, pero es la única manera como las
cosas han de ser si Dios es verdaderamente Dios. Supongamos lo opuesto: que el amor de Dios está regulado por algo que no sea su soberanía. En ese caso Dios estaría regulado por ese algo (sea lo que sea) y entonces estaría bajo su poder. Eso es imposible si todavía ha de seguir siendo Dios.

En las Escrituras no se menciona otra causa para el amor de Dios que no sea su voluntad electiva. Siempre dice "en amor habiéndonos predestinado para ser
adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo adeptos en el Amado" (Ef. L5-6).

Un segundo principio relacionado con el carácter soberano del amor de Dios no es menos importante. Es el amor de Dios extendido hacia los individuos. No se trata de una buena voluntad dirigida hacia todos en su conjunto y por lo tanto a nadie en particular, sino de un amor que separa a los individuos y los bendice específicamente y con abundancia. "El propósito del amor de Dios, formado desde antes de la Creación (comparar con Ef. 1:4),
involucraba, primero, la elección y la selección de quienes serían bendecidos y, segundo, la asignación de los beneficios que les serían dados y los medios por el cual estos beneficios se
podrían obtener y disfrutar....

El ejercicio del amor de Dios hacia cada pecador en el tiempo es la ejecución de su propósito de bendecir a esos mismos pecadores en la eternidad".Así
escribe J. 1. Packer.

Fundamentos de la fe cristiana. Pag 279-80.
Bendiciones 🙏

10/05/2026

La última semana...La entrada triunfal.

03/05/2026

Sin Tiempo.

30/04/2026

Enseñando a adorar en comunidad

En el contexto de la tutoría, yo defino la adoración como una reunión de creyentes que agradecen y alaban a Dios y esperan escucharlo a él.
La adoración es una forma de auto-negación: En ella nos apartamos voluntariamente del centro de las cosas.
Tal vez no existe mayor reto que tener una experiencia de adoración en la que Dios es el centro, donde se trata más de él que de nosotros.
Parece que tenemos la propensión a pensar en la adoración como algo que suplirá nuestras necesidades. Pero eso no es adoración, sino idolatría.

Mientras dos mujeres salían de un servicio de adoración, una se quejaba diciendo: “Realmente no me gustó”. Su amiga le dio una valiente respuesta: “¡Qué bueno, porque no te estábamos adorando a ti!”

La única cosa que importa acerca de nuestra adoración, es que a Dios le agrade.
Podemos tener diferentes gustos personales en cuanto al estilo de adoración, pero la verdad es que el deseo de tener una adoración comunitaria debe contener una creciente auto-negación.
Houston describe por qué es tan vital la naturaleza colectiva de la adoración:
Existe otro elemento en la adoración cristiana: es comunitaria.
La adoración es lo apropiado para todo el pueblo de Dios, que
lo aclama diciendo: “Padre nuestro”. El individualismo no tiene
lugar en la mesa del Señor. Es una característica que nuestro
Señor condenó en los discípulos durante la última cena. De la
misma manera, el apóstol Pablo reprendió a los corintios por
los “ágapes” que hacían basados en su manera de vivir carnal. El
enfoque auto-indulgente y egocéntrico estaba en total contraste
con el amor y humildad sacrificial de Cristo mismo. De la
misma manera, Pablo reprendió a los gálatas por ser vanidosos,
competitivos y envidiosos con otros. Claramente, tales situaciones
inhiben cualquier comunión posible, sin mencionar la ausencia
de gratitud hacia el Salvador y Señor.

La adoración se convierte en la parte clave del discipulado, porque en ella rompemos el hábito de interpretar todos los eventos de la historia de Dios como relativos a nosotros mismos. Aprendemos a pensar de nosotros como participantes, como un reparto secundario, como siervos que se enfocan en el personaje principal
del drama: el Dios trino a quien servimos.
Muchos discípulos comprenden automáticamente que la adoración no es sólo una mercancía para ser consumida. Ellos “asisten a la iglesia” aunque haya peligro de ser arrestados, encarcelados, torturados, o puedan perder su trabajo. Y lo que es peor, su familia puede ser castigada por su crimen.
Aunque esas historias parecen muy lejanas y casi míticas para nosotros, se desarrollan diariamente alrededor del mundo. Los creyentes entienden el costo de la adoración en comunidad. Para ellos, la adoración a solas no es suficiente. Ellos deben estar con otros, porque la pluralidad de la adoración la hace cristiana. Entienden la naturaleza interdependiente de la fe cristiana y el por qué es absolutamente necesaria la comunidad.

Me entristece mucho la manera en que la mayoría de nosotros valora la adoración, como si ésta fuera un producto de consumo. Alguna vez alguien preguntó a Eugene Peterson, “¿Cuál es la acción individual más importante que un cristiano pueda hacer para contribuir al mayor bien de la iglesia de los Estados Unidos?” Después de una reflexiva pausa, Peterson respondió: “Vayan a la iglesia más cercana a su hogar, cállense y disfruten el momento”.

Cuando consideramos que la adoración es un producto de consumo, practicamos una forma de idolatría. Convertimos la adoración en un ejercicio de auto-indulgencia.
¿Cuántas veces hemos estado en el servicio de adoración
preguntándonos: “¿Debo levantar las manos?” “¿Qué pensará la gente?”
Y cuántas veces hemos tenido otros pensamientos relacionados con las emociones: ¿Me siento entusiasmado(a)? ¿Estoy conmovido(a) emocionalmente? ¿Por qué no cantan alabanzas de las que conozco? ¿Por qué necesitamos estar de pie tanto
tiempo? ¿Por qué está tan alta la música, tan rápida, tan lenta, tan antigua?
¿Podrá la iglesia dejar de comprar y comenzar a servir?
Sí, aquí es donde el tutor interviene para ayudar a un amigo a librarse de tales trabas culturales. Es el encargado de recordar al discípulo que la adoración es acerca de alguien más, de la otredad de Dios y de otros seguidores de Jesús que desean comprender la manera en que él influye en sus vidas.
La adoración es un acto desinteresado. Esa es la razón por la que es el centro del discipulado.
James Houston dice: “Somos discipulados sobre todo para vivir desinteresadamente”.

El libro más completo del discipulado. Pag.159-160-
Bendiciones.

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