Parroquia El Señor de la Misericordia, Cd del Carmen.

Parroquia El Señor de la Misericordia, Cd del Carmen. Comunidad Católica del Decanato Carmen, Diócesis de Campeche. Primer Parroco; Pbro. Marcos. R. Cohuo Muñoz. (25 /01/ 2010)
Segundo Parroco; Pbro. (13/09/2016)

Enrique Jiménez Rivero.

27/05/2026
27 de mayo - Miércoles VIII del Tiempo Ordinario – San Agustín de CanterburyDel Evangelio según San Marcos 10, 32-45En a...
27/05/2026

27 de mayo - Miércoles VIII del Tiempo Ordinario – San Agustín de Canterbury

Del Evangelio según San Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban de camino subiendo a Jerusalén y Jesús se les iba adelantando. Los discípulos estaban sorprendidos y la gente que lo seguía tenía miedo. Él se llevó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: “Ya ven que estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; van a condenarlo a muerte y a entregarlo a los paganos; se van a burlar de él, van a escupirlo, a azotarlo y a matarlo; pero al tercer día resucitará”.

Entonces se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”. Él les dijo: “¿Qué es lo que desean?”. Le respondieron: “Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les replicó: “No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?”.

Le respondieron: “Sí podemos”. Y Jesús les dijo: “Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado”.

Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el
esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”.

Palabra del Señor.

La Palabra en tu vida
¿Por qué te agobias cuando en tu vida sufres alguna contrariedad o dificultad? ¿Acaso no estás en comunión plena con el Dios de la vida? ¿Te olvidas de la última meta y del triunfo de Cristo? La victoria de Cristo es nuestra victoria; proclama con tu vida el poder del Señor Resucitado.

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26/05/2026

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26/05/2026

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26/05/2026
San Felipe una vez ordenado sacerdote en Roma, fundó su oratorio, una escuela por la que pasó gran parte de la juventud ...
26/05/2026

San Felipe una vez ordenado sacerdote en Roma, fundó su oratorio, una escuela por la que pasó gran parte de la juventud romana. Allí se daban clases de vida espiritual y se llevaba un estilo de vida nueva con el fin de vivir en la alegría del Evangelio. Por ello, llegó a ser "el apóstol de Roma".

Martes de la VIII Semana del Tiempo Ordinario. Del Evangelio según San Marcos 10, 28-31En aquel tiempo, Pedro se puso a ...
26/05/2026

Martes de la VIII Semana del Tiempo Ordinario.

Del Evangelio según San Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más - casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones -, y en la edad futura, vida eterna.

Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión
Seguimos meditando el gran discurso de Jesús sobre el desprendimiento. Un discurso que comenzó con la invitación a ser como niños, pasó por el encuentro con el joven rico y hoy llega a este momento en el que Pedro, con esa espontaneidad que le caracteriza, le dice al Maestro: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”.

Pedro ha entendido que el verdadero problema no es solo tener riquezas, sino el apego a ellas. Y con sinceridad le dice a Jesús: “Nosotros sí lo hemos dejado todo”. No lo dice con orgullo, sino con esa mezcla de confianza y expectación: “Señor, ¿qué hay para nosotros que sí hemos renunciado a todo?”

La respuesta de Jesús es un regalo de esperanza. No solo promete que quien deja casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o tierras por Él recibirá cien veces más en esta vida, sino que añade algo inesperado: también recibirá persecuciones.

¿Qué clase de recompensa es esta? En el mundo pensamos que quien hace un sacrificio merece descanso, éxito, reconocimiento. Pero Cristo nos ofrece algo más valioso: una vida transformada, una vida fecunda, una vida unida a la suya.

Este pasaje nos muestra que seguir a Cristo no es solo una renuncia, sino una ganancia infinita. Porque el que lo deja todo por Jesús, recibe todo en Dios. Y no solo en la vida eterna, sino ya aquí, en esta tierra. Es una promesa real: cuando uno se entrega a Cristo, su familia se multiplica. No en la carne, sino en el Espíritu. La Iglesia se convierte en nuestra casa, en nuestra familia, en nuestro refugio.

Sin embargo, Jesús no nos engaña: junto con las bendiciones vendrán también las persecuciones. Porque optar por Cristo implica ir en contra del mundo, implica renunciar a la lógica del poder, del egoísmo, del materialismo. Implica abrazar la cruz. Pero quien sufre por Cristo, lejos de perder, gana. Porque el que ama, comprende que el sufrimiento por amor no destruye, sino que engrandece.

Es una locura sufrir por Cristo si no se le ama. Pero quien lo ama, todo lo soporta por Él. Y sabe que los padecimientos de esta vida no son eternos. Eterna es la gloria junto a Cristo.

Por eso, no tengamos miedo. Optar por Cristo es la mejor elección de nuestra vida. Vivamos desprendidos, confiados, con la certeza de que todo lo que dejemos por amor a Dios nos será devuelto con creces. Porque Dios nunca se deja ganar en generosidad.

Que María, nuestra Madre, nos ayude a entregarnos totalmente a su Hijo, con la seguridad de que en Él encontramos nuestra verdadera riqueza.

¿Por qué celebramos a María, como Madre de la Iglesia? El memorial de María, Madre de la Iglesia, se celebra el lunes de...
25/05/2026

¿Por qué celebramos a María, como Madre de la Iglesia? El memorial de María, Madre de la Iglesia, se celebra el lunes después de Pentecostés.

Hagamos juntos esta oración a María, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe:

¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Amén.

Oración del Papa Franciscco a María contenida en la Encíclica Lumen fidei (29 de junio De 2013).

El Papa San Juan Pablo II dijo:
El título “Madre de la Iglesia” … refleja la profunda convicción de los fieles cristianos, que ven en María no sólo a la madre de la persona de Cristo, sino también de los fieles. La que es reconocida como madre de la salvación, de la vida y de la gracia, madre de los salvados y madre de los vivos, es justamente proclamada Madre de la Iglesia.

Desde la    les deseamos feliz inicio de semana… 🙏🏼🙏🏼💙❤️😇😇
25/05/2026

Desde la
les deseamos feliz inicio de semana… 🙏🏼🙏🏼💙❤️😇😇

Misa Dominical de Pentecostés … Capilla Sagrado Corazón de Jesús (Calle 55 Col. Obrera)
25/05/2026

Misa Dominical de Pentecostés … Capilla Sagrado Corazón de Jesús
(Calle 55 Col. Obrera)

Lunes después de Pentecostés(Santa María Virgen, Madre de la Iglesia)Del Evangelio según San Juan 19, 25-34Junto a la cr...
25/05/2026

Lunes después de Pentecostés
(Santa María Virgen, Madre de la Iglesia)

Del Evangelio según San Juan 19, 25-34

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.

Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había mu**to, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión
El Evangelio de hoy nos lleva al pie de la cruz. Allí donde el dolor alcanza su culmen, también florece la maternidad en la Iglesia. San Juan nos muestra a Jesús crucificado, y junto a Él, a su Madre y al discípulo amado. Y desde ese trono de madera, el Señor entrega su último testamento de amor: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre”.

Este momento no es un simple gesto humano de Jesús, preocupado por el futuro de su madre. Es mucho más: es un acto fundacional, un acto eclesial. Desde la cruz, Jesús nos entrega a María como Madre de todos los discípulos, como Madre de la Iglesia naciente.

Podría parecer extraño que, en un momento de tanto sufrimiento, Jesús se detenga a hablar de maternidad. Pero es precisamente en ese instante, cuando su corazón se abre literalmente por la lanza, cuando nace la Iglesia, y con ella, nace también su Madre espiritual. María, que le dio carne al Hijo de Dios, ahora recibe como hijos a todos los que han nacido del costado traspasado del Salvador.

El texto nos dice que de ese costado “salió sangre y agua”: símbolos del Bautismo y la Eucaristía, signos de vida nueva. De ese costado brota la gracia. Y al mismo tiempo, junto a ese costado está María, firme, silenciosa, creyente.

Ella no huye del dolor, porque en medio de ese dolor, está naciendo algo nuevo: una familia que no se basa en la carne, sino en el Espíritu. La familia de Dios.

Por eso la Iglesia reconoce a María, no solo como la Madre de Jesús, sino como Madre nuestra, Madre de la Iglesia.

Ella no se cansa de acompañar, de interceder, de enseñarnos a permanecer de pie, aun en las cruces de cada día. María es modelo de fe, de obediencia, de entrega total. Pero también es consuelo, es ternura, es hogar.

Celebrar hoy esta memoria litúrgica, instituida por el Papa Francisco, justo después de Pentecostés, no es casual.

El Espíritu descendió sobre los apóstoles en el Cenáculo junto con María. Ella es la madre que acompaña el nacimiento de la Iglesia y permanece con ella. Como entonces, sigue orando por nosotros, sigue sosteniéndonos, sigue alentándonos a hacer todo lo que Jesús nos diga.

Cuando sentimos que el camino se vuelve árido, cuando el mundo rechaza el Evangelio, cuando la Iglesia se ve herida o cansada, es a María a quien podemos volver. Ella nos muestra el corazón de Cristo. Nos enseña a vivir desde la fe. Nos anima a no bajar los brazos. Nos abraza como hijos en sus brazos de madre.

Pidámosle hoy a María, Madre de la Iglesia, que nos enseñe a vivir unidos, a cuidar unos de otros, a ser discípulos firmes y humildes. Que en nuestras comunidades ella sea siempre acogida como en casa.

Y que cada uno de nosotros aprenda, como el discípulo amado, a llevarla a lo más íntimo de su vida: “Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa”.
Santa María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

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