23/09/2024
DEVOCIONAL
MAÑANA: ¡QUÉ PALABRA PELIGROSA!
¡Qué día peligroso cuando descubrimos la palabra "mañana"! Dicha expresión puede resultar en nunca o puede significar la eterna indecisión. ¿Cuántas cosas hemos dejado de hacer en la vida porque la íbamos a hacer mañana? Mañana, voy a escribir esta carta de agradecimiento y felicitación; mañana, voy a decirles a mis hijos cuánto los quiero; mañana, voy a expresar a mi cónyuge que soy inmensamente feliz con él; mañana, voy a decirles a mis hijos cuánto los quiero y que complementan mi vida. Mañana, mañana, mañana... Y ese mañana, se transforma en nunca, porque relajamos nuestra disciplina humana, personal, fraternal y comunitaria.
Tampoco seamos demasiado existencialistas y afirmemos que lo único importante es el presente; ¡por supuesto que habrá mañana! ¡Gracias a Dios! Pero eso no justifica posponer indefinidamente nuestras decisiones y, en particular, mi decisión frente a Jesucristo. Habrá un mañana, pero como un don de Dios en esperanza, no como una condición o un derecho adquirido. Habrá un mañana, pero como una invitación al seguimiento de Jesucristo y al servicio de los demás, no como una posibilidad de posponer indefinidamente nuestra participación en la vida plena.
El texto de hoy, Lucas 12:32-40, se divide naturalmente en varios temas. La primera parte es sumamente alentadora: "No tengan miedo..." Una vez más vemos el llamado a desprendernos de las seguridades materiales y confiar en Dios, es decir, esperar en su providencia, sin dejar de hacernos cargo de nuestras vidas. Una gran lección para el manejo del ego: confía en Dios, no en ti.
Luego, sigue una exhortación a estar muy atentos, como los criados que esperan a su Señor, con las lámparas encendidas para alumbrar el camino. A la vez, ese llamado, nos hace estar atentos para no ser sorprendidos por tantas cosas que nos quieren robar la vida y llevarse lo mejor de ella.
¿Somos parte de ese rebaño pequeño al que se le ha dado el Reino? Cuidado: no se es parte del rebaño por haber sido bautizado; ni por haber nacido en una familia cristiana; se pertenece cuando dejamos toda seguridad y esperanza en nuestras propias fuerzas o bienes materiales, borramos la palabra mañana y nos arrojamos a los brazos del Señor, quien nos ha mostrado su amor en Jesucristo. Después de haber hecho esto, debemos mantenernos vigilantes con nuestras lámparas encendidas, prontos a servir al Señor, donde él lo pida. Cuando aprendes a confiar en Dios, entonces te dispones a ir donde él te va a usar a su manera.
Reflexiona
"Pues donde esté la riqueza de ustedes, allí estará también su corazón". ¿ Dónde esta tu riqueza?
Responde
¿Te sientes hoy parte de ese rebaño pequeño o todavía lo estás pensando? Quizá mañana...
Ora
Señor, no permitas que me duerma en la rutina de mi vida espiritual: ¡Despiértame! Que tenga siempre mi lámpara encendida. ¡Gracias Señor porque mi relación contigo es un eterno hoy!
BENDICIONES