13/05/2026
“En las zonas de guerra de Ucrania… ya no quedan incrédulos”.
La frase no viene de un titular sensacionalista.
La dijo el nuncio apostólico del Vaticano en Ucrania, Mons. Visvaldas Kulbokas, después de más de cuatro años viviendo en medio de bombardeos, sirenas y muerte.
Y lo que está ocurriendo allí es profundamente estremecedor.
Mientras el mundo observa la guerra desde lejos, en Ucrania muchas personas están volviendo a Dios en medio del horror.
Soldados que piden confesarse antes de morir.
Familias rezando bajo los misiles.
Capellanes entrando en trincheras para acompañar a jóvenes aterrados.
Uno de ellos lleva incluso un perro al frente de batalla.
No habla demasiado de religión.
Simplemente escucha, abraza, reparte rosarios y permanece junto a quienes sienten miedo de morir.
“Cuando enfrentas la eternidad, el perdón es lo único que realmente necesitas”, explicó el nuncio.
Qué frase tan fuerte.
Porque la guerra destruye muchas cosas.
Pero también obliga al ser humano a mirar de frente las preguntas más profundas del alma.
En la ciudad de Jersón, donde gran parte de la población huyó por la violencia, la parroquia católica creció hasta seis veces más.
“Ya no quedan incrédulos”, aseguró el arzobispo.
Incluso algunos pastores protestantes y líderes ortodoxos terminaron convirtiéndose al catolicismo después de acercarse a la Iglesia en medio de la guerra.
Y quizás ahí aparece uno de los misterios más impactantes de la fe.
Cuando todo se derrumba… muchas personas finalmente descubren que solo Dios permanece.
Mientras caen bombas, la Iglesia sigue allí.
Celebrando Misa.
Escuchando confesiones.
Repartiendo comida.
Y recordando que incluso en medio de la oscuridad más brutal, Cristo no abandona a su pueblo.
Porque donde el mundo ve ruinas… Dios todavía puede hacer renacer la esperanza.
Señor Jesús, acompaña al pueblo de Ucrania en medio del sufrimiento y la guerra.
Fortalece a los sacerdotes, capellanes y familias que viven bajo el miedo constante.
Y que incluso en medio de las ruinas, muchos corazones vuelvan a encontrarse contigo. Amén.