28/03/2026
Bendiciones para todos!
Me gustaría compartir con ustedes una experiencia espiritual hermosa que tuve esta madrugada.
Esta madrugada, exactamente a la 1:55 a.m., viví una experiencia sobrenatural que marcó profundamente mi corazón. Sentí cómo el Espíritu Santo me despertaba con un propósito claro: orar. Sin levantarme de la cama, comencé a levantar mis manos al cielo y a clamar a Dios con todo mi ser.
De pronto, algo inesperado sucedió. Empecé a hablar en nuevas lenguas, diferentes a las que había hablado antes. Aunque en otras ocasiones ya había experimentado el hablar en lenguas, esta vez era completamente distinto. Eran lenguas desconocidas, profundas, y mi boca no podía detenerse. Era como si el Espíritu intercediera a través de mí con una intensidad que nunca antes había sentido.
Mientras oraba, las lágrimas comenzaron a correr sin control. Había una carga espiritual fuerte, un clamor profundo. En ese momento, el Señor me mostraba que era necesario interceder, porque algo grande viene sobre el mundo—algo que impactará a toda la humanidad, algo de lo que todos hablarán.
Sentí claramente en mi espíritu que debía orar por aquellos que se han alejado de Dios, y también por quienes aún no le han aceptado. El Señor está extendiendo una oportunidad más, un llamado urgente al arrepentimiento. Es un acto de Su amor, porque Él no quiere que nadie se pierda.
La carga era tan intensa que tuve que levantarme de mi dormitorio para no despertar a mis hijos. Me dirigí a otro cuarto, donde continué orando sola. Allí, el Espíritu Santo seguía tocando mi corazón con fuerza, y yo seguía clamando sin poder detenerme.
Quiero mencionar que, aunque he experimentado el toque del Espíritu Santo en otras ocasiones, esto fue completamente diferente. Fue más profundo, más urgente, más fuerte. No desperté con miedo, sino con un temor reverente hacia el Señor—reconociendo Su poder, Su grandeza, y al mismo tiempo Su inmenso amor y misericordia al advertirnos.
Dios, en Su amor, sigue llamándonos. Sigue hablando. Sigue dando oportunidades. Y esta experiencia me recuerda que es tiempo de buscarle, de volver a Él y de interceder por otros.