09/04/2026
Y la burra podría ser yo
(Aguantemos vara)
A veces Dios tiene que usar lo inesperado para salvarnos. La historia de Balaam nos confronta con una verdad incómoda: no siempre es la falta de dirección lo que nos pierde, sino el exceso de orgullo lo que nos ciega.
Balaam era un hombre que escuchaba a Dios, pero llegó un momento en que su corazón se desvió. Su ambición nubló su discernimiento. Y aunque Dios ya había hablado, él insistió en avanzar. Fue entonces cuando algo sorprendente ocurrió: una burra vio lo que el profeta no podía ver.
Mientras Balaam seguía adelante, convencido de que estaba en lo correcto, su propia montura se detenía, se desviaba, resistía… porque delante de ellos había un ángel con espada desenvainada. Pero Balaam, cegado por su orgullo, no lo percibía. Y en su frustración, golpeaba aquello que en realidad le estaba salvando la vida.
Hasta que Dios abrió la boca de la burra.
Qué escena tan poderosa. Dios usando lo más sencillo, lo más inesperado, para confrontar a un hombre que se creía capaz de discernirlo todo. Porque cuando el orgullo entra, la voz de Dios deja de ser clara, y entonces Él tiene que hablarnos de maneras que no podamos ignorar.
¿Cuántas veces hemos golpeado aquello que Dios puso para detenernos?
¿Cuántas veces hemos rechazado consejos, ignorado advertencias, menospreciado voces… solo porque no venían en el formato que esperábamos?
Dios, en su misericordia, no se queda en silencio ante nuestra necedad. Si no escuchamos su voz en lo íntimo, nos hablará a través de circunstancias, de personas, de interrupciones… incluso de “burras” en nuestro camino. No porque quiera exhibirnos, sino porque quiere salvarnos.
A veces, lo que te incomoda no es un estorbo… es una protección.
A veces, lo que resiste tu avance no es oposición… es dirección divina.
Dios siempre encontrará la forma de hablarte. La pregunta es: ¿estás dispuesto a escuchar, aunque venga de la forma más inesperada?
Porque el problema nunca ha sido que Dios no hable… El problema es cuando el orgullo nos impide oír.
Hoy es un buen día para rendir el corazón, bajar la voz del ego y afinar el oído del espíritu. No esperes a que Dios tenga que “abrir la boca de una burra” para hacerte entender.
Escucha hoy… y vivirás.