IASD Arboledas

IASD Arboledas Apoc. 14:6 Apocalipsis 14:6-7

Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.

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12/06/2026

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NEHEMÍAS 9
Provision, enseñanza, gracia

En Nehemías 9, encontramos cómo el pueblo de Dios se arrepiente y confiesa sus pecados después de escuchar la lectura de la ley. La Palabra de Dios es la lámpara que ilumina nuestro camino, la brújula que nos guía en la oscuridad y la fuente de sabiduría que nos enseña a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.

Como dice Elena White: “Es en la Palabra de Dios donde el deber es expuesto claramente y todo lo relacionado con la vida religiosa es presentado en forma definida. El plan de salvación entero es delineado, y la ayuda para el alma es señalada. La forma en que el creyente puede llegar a la plenitud en Cristo está plenamente revelada”. Hijas de Dios, pág., 75. (The Youth’s Instructor, 18 de mayo de 1893).

“El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.” (Nehemías 9:1-3).

También encontramos la oración más extensa de la Biblia. Una oración que contiene confesión, una oración que se basa en recordar como la mano de Dios se ha manifestado en su pueblo a través de toda su historia, una oración donde se reclaman las promesas de Dios, una oración donde se exalta y adora a Dios. Una oración que cambia, que transforma, que compromete.

1. “Y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres…”
2. “Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran.”
3. “… Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; y hallaste fiel su corazón delante de ti.”
4. “Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo… e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este día.”
5. “Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos.”
6. “No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste.”
7. “Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.”
8. “He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien.”

En esa vasta oración recordaron la elección de Abraham, la liberación de la esclavitud en Egipto, la forma maravillosa como Dios proveyó para sus necesidades por el desierto, la soberbia e ingratitud del pueblo de Israel, la conquista de la tierra prometida, la rebeldía permanente y constante del pueblo de Israel, los juicios que cayeron sobre la nación y como fueron deportados a Babilonia. A pesar de todo eso, Dios nunca los abandonó. Y ahora se encuentran como un remanente en la ciudad reconstruida: “Nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas… Te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas..., e hicieron grandes abominaciones… Nosotros hemos hecho lo malo” (Nehemías 9:26-33).

Al repasar su historia, el pueblo reconoce que es por la misericordia de Dios que se encuentran ahí en Jerusalén y esto los lleva a decir: “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa” (Nehemías 9:38). Recordar y apropiarnos de las promesas de Dios proporciona dirección ala vida: “No tenemos nada que temer del futuro, A menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada.” (Elena G. De White).

Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestro corazón ante Él: “Quizá hayamos cometido errores y contristado a su Espíritu, pero cuando nos arrepentimos y vamos a él con corazón contrito, no nos desdeña. Hay estorbos que deben ser retirados. Se han fomentado sentimientos equivocados y ha habido orgullo, suliciencia propia, impaciencia y murmuraciones. Todo esto nos separa de Dios. Deben confesarse los pecados; debe haber una obra más profunda de la gracia en el corazón... ¡Precioso Salvador! Sus brazos están abiertos para recibirnos, y su gran corazón de amor espera para bendecirnos”. La maravillosa gracia de Dios, pág. 139.

Quizás hemos olvidado de donde nos ha sacado el Señor, quizás hemos sido ingratos e inconstantes como el pueblo de Israel. Quizás ahora mismo estamos enfrentando las amargas consecuencias de nuestros pecados: “Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.” (Nehemías 9:20). Dios no retira su misericordia de nuestras vidas. Es tiempo de volver a Dios y hacer “fiel promesa” de consagrarnos a Él.

Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.

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29/05/2026

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ESDRAS 5

El capítulo describe cómo la obra de Dios se reinicia después de un período de interrupción. Los profetas Hageo y Zacarías animan al pueblo a continuar la reconstrucción del templo. El capítulo anterior terminó diciendo: “Y ceso la obra…” Definitivamente las circunstancias eran difíciles. Los enemigos del pueblo de Dios aparentemente habían logrado su propósito, impedir que el templo se reconstruyera. Los judíos se dedicaron a reconstruir sus casas enmaderarlas, a sembrar sus tierras, pero algo no estaba bien. No tenían satisfacción de nada.

“Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos.” (Esdras 5:1).

Dios nunca abandona a sus hijos. Después del exilio hubo tres profetas, pero para este momento dos fueron instrumentos en las manos de Dios para fortalecer, animar, invitar, reprender y motivar al pueblo a la acción. Hageo (fiesta, solemnidad), Zacarías (Dios recuerda), hijo de Berequías (Dios bendice), hijo de Iddo (Oportuno). Dos profetas con estilos muy diferentes de realizar sus llamados, un profeta era viejo Hageo su mensaje: “Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho y recogéis poco…” (Hageo 1:5); Zacarías un profeta joven descendiente de Sumo sacerdote su mensaje: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos y yo me volveré a vosotros. Dice Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 1:3).

Con las palabras de corrección y de consuelo que los profetas transmitieron al pueblo. La obra comenzó de nuevo: “Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban.” (Esdras 5:2).

La oposición nuevamente se levantó, pero en esta ocasión Dios estaba con los ancianos y es hermosa la forma como Esdras describe este momento: “En aquel tiempo vino a ellos Tatnai gobernador del otro lado del río, y Setar-boznai y sus compañeros, y les dijeron así: ¿Quién os ha dado orden para edificar esta casa y levantar estos muros? Ellos también preguntaron: ¿Cuáles son los nombres de los hombres que hacen este edificio? Mas los ojos de Dios estaban sobre los ancianos de los judíos, y no les hicieron cesar hasta que el asunto fuese llevado a Darío; y entonces respondieron por carta sobre esto.” (Esdras 5:3-5).

“Mas los ojos de Dios estaban sobre los ancianos de los judíos, y no les hicieron cesar…” En la ocasión anterior se dejaron amedrentar, pero ahora con la convicción plena de ser hijos de Dios y estar cumpliendo con un propósito bien definido por decreto del rey Ciro expresan lo siguiente: “Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y terminó el gran rey de Israel.” (Esdras 5:11-12 ). La frase "Mas los ojos de Dios estaban sobre los ancianos de los judíos" es una hermosa descripción de la seguridad y la protección que Dios ofrece a sus hijos. Dios está siempre vigilante y atento a nuestras necesidades. Su presencia es nuestra protección y nuestra seguridad. No hay oposición ni obstáculo que pueda detenernos cuando Dios está con nosotros

Con argumentos bien sólidos continuan diciendo: “Y ahora, si al rey parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dada la orden para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén, y se nos envíe a decir la voluntad del rey sobre esto.” (Esdras 5:17).

Con la bendición del cielo siempre será posible levantarse y continuar perseverando hasta el fin. Cumpliendo con el propósito para el cual Dios nos ha escogido. Nunca es tarde para volver a comenzar: “El que se cae, no se levanta. El que se desvía no vuelve al camino…” (Jeremías 8:4).

Con la bendición del cielo, siempre será posible levantarse y continuar perseverando hasta el fin. Cumpliendo con el propósito para el cual Dios nos ha escogido. Dios nos da la oportunidad de volver a comenzar cuando nos equivocamos. No importa cuántas veces nos hayamos caído o desviado. Lo importante es que nos levantemos y continuemos adelante

Dios te invita y te dice: “Meditad en vuestro caminos….” “Vuelvete a mí dice Jehová de los ejercitos”

Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.

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07/05/2026

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2 CRÓNICAS 19

El capítulo narra la historia de la reforma de Josafat, rey de Judá, después de su regreso de la batalla de Ramot de Galaad. A pesar de su error al aliarse con Acab, Josafat muestra un corazón dispuesto a escuchar a Dios y a hacer justicia. El proverbio dice:“Si quieres ser sabio, acepta las correcciones que buscan mejorar tu vida…” (Proverbios 15:31 TLA).

La palabra hebrea yasar (sustantivo musar) es la palabra que más se traduce por “corregir, corrección” en el AT. Su significado principal es el de “aprender o enseñar una lección …” (Diccionario Vine). El rey Josafat se distinguió por iniciar bien en su reinado, Dios lo prospero en todo. Tomó la decisión equivocada de ayudar al rey de Israel, quien prácticamente era enemigo de Dios. En el capítulo de hoy el cronista relata como Dios en su grande amor y misericordia envía al profeta Jehú quien era hijo de Hannani, quien también fue un valiente profeta. Jehú significa "Jehová es" Jehú sale al encuentro del rey que, por la misericordia de Dios, lo libró de morir y pudo regresar sano y salvo a su casa.

“Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, el cual dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Por esto ha caído sobre ti la cólera de Jehová. Pero se han hallado en ti buenas cosas, por cuanto has quitado de la tierra las imágenes de Asera y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios…” (2 Crónicas 19:2-3). Jehú le dice a Josafat: "Pero se han hallado en ti buenas cosas…” Aquí vemos que las obras de Josafat no lo salvaron, pero fueron evidencia de que su corazón estaba dispuesto a buscar a Dios. Las obras no son la causa de la salvación, pero son el fruto de la salvación.

No es una cuestión de perfección. Ser bueno no es alguien que es perfecto, sino alguien que se esfuerza por seguir a Dios. Es alguien que reconoce sus pecados y se arrepiente, y que busca la ayuda de Dios para vivir una vida que le agrade.

El profeta Jehú reprendió valientemente y sin temor al rey Josafat. Recordemos que el padre de Jehu el profeta Hanani sufrió por llamar la atención al rey Asa, padre de Josafat: “¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová?...” La actitud del rey Josafat demuestra que aceptó la corrección, la palabra de Dios a través del profeta lo hizo recapacitar y continuar haciendo las cosas bien. En la Biblia encontramos un pasaje que muestra la razón del fracaso o el éxito en una nación o una persona: “No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios.” (Sofonías 3:2).

El rey Josafat siguió siendo un líder exitoso. Porque escucho la voz, recibió la corrección, confió en Jehová y se acercó de manera permanente a Dios e influyó para que el pueblo también lo hiciera. Un líder exitoso comete errores, pero los reconoce y cambia.

1. Josafat fue un líder extraordinario, un buen pastor, que visitaba a sus ovejas y no se le escapaba ninguna: “Habitó, pues, Josafat en Jerusalén; pero daba vuelta y salía al pueblo, desde Beerseba hasta el monte de Efraín, y los conducía a Jehová, el Dios de sus padres.” (2 Crónicas 19:4). “… Los conducía a Jehová el Dios de sus padres.” No se mantuvo sentado en el trono, siempre pendiente de su pueblo.

2. Josafat estaba convencido de ser un instrumento divino y debía representar dignamente a Dios: “Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis: porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros cuando juzgáis.” (2 Crónicas 19:6).

3. Josafat actuó con humildad e invita a su equipo de trabajo a hacer lo mismo: “Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho” (2 Crónicas 19:7). Aconsejó y por precepto y ejemplo y actuó sin prepotencia, injusticia, ni orgullo.

4. Escogió líderes respetuosos y honrados: “Puso también Josafat en Jerusalén a algunos de los levitas y sacerdotes, … Y les mandó, diciendo: Procederéis asimismo con temor de Jehová, con verdad, con corazón íntegro” (2 Crónicas 19:8-9). Hay un dicho que dice: las cosas se parecen a su dueño, por lo tanto, los miembros de un equipo se parecen a su Líder.

5. Siempre aconsejó a actuar de manera correcta: “En cualquier causa que viniere a vosotros de vuestros hermanos… Les amonestaréis que no pequen contra Jehová, para que no venga, ira sobre vosotros y sobre vuestros hermanos. Haciendo así no pecaréis.” (2 Crónicas 19:10).

6. Delegó sabiamente y colocó personas a quien rendirle cuentas: “Y he aquí el sacerdote Amarías será el que os presida en todo asunto de Jehová; y Zebadías hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todos los negocios del rey; también los levitas serán oficiales en presencia de vosotros. Esforzaos, pues, para hacerlo, y Jehová estará con el bueno.” (2 Crónicas 19:11).

Es muy importante el consejo que se repite constantemente hacer, servir, actuar siempre en el nombre de Jehová, en el temor de Jehová. Hacer las cosas así trae bendición: “Jehová estará con el bueno.”

"Jehová estará con el bueno" ¿Qué significa esta promesa?

La pregunta es: ¿Quién es el bueno? En el contexto de 2 Crónicas 19:11, el "bueno" se refiere a aquel que se esfuerza por hacer la voluntad de Dios, que busca la justicia y la rectitud, y que teme a Dios.

Características del bueno

Se arrepiente de sus pecados y se vuelve a Dios (versículo 4)
Busca la justicia y la rectitud (versículo 7)
Teme a Dios y se somete a su autoridad (versículo 7)
Se esfuerza por hacer la voluntad de Dios (versículo 11)

No es una cuestión de perfección. El bueno no es alguien que es perfecto, sino alguien que se esfuerza por seguir a Dios. Es alguien que reconoce sus pecados y se arrepiente, y que busca la ayuda de Dios para vivir una vida que le agrade.

¿Cómo puedo saber si soy bueno?

¿Estoy esforzándome por hacer la voluntad de Dios?
¿Estoy buscando la justicia y la rectitud en mi vida?
¿Estoy temiendo a Dios y sometiéndome a su autoridad?
¿Estoy arrepintiéndome de mis pecados y volviéndome a Dios?

Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.

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