12/06/2026
NEHEMIAS CAP 8 # RPSP https://www.facebook.com/share/p/18dFmsq27y/
NEHEMÍAS 9
Provision, enseñanza, gracia
En Nehemías 9, encontramos cómo el pueblo de Dios se arrepiente y confiesa sus pecados después de escuchar la lectura de la ley. La Palabra de Dios es la lámpara que ilumina nuestro camino, la brújula que nos guía en la oscuridad y la fuente de sabiduría que nos enseña a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.
Como dice Elena White: “Es en la Palabra de Dios donde el deber es expuesto claramente y todo lo relacionado con la vida religiosa es presentado en forma definida. El plan de salvación entero es delineado, y la ayuda para el alma es señalada. La forma en que el creyente puede llegar a la plenitud en Cristo está plenamente revelada”. Hijas de Dios, pág., 75. (The Youth’s Instructor, 18 de mayo de 1893).
“El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.” (Nehemías 9:1-3).
También encontramos la oración más extensa de la Biblia. Una oración que contiene confesión, una oración que se basa en recordar como la mano de Dios se ha manifestado en su pueblo a través de toda su historia, una oración donde se reclaman las promesas de Dios, una oración donde se exalta y adora a Dios. Una oración que cambia, que transforma, que compromete.
1. “Y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres…”
2. “Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran.”
3. “… Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; y hallaste fiel su corazón delante de ti.”
4. “Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo… e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este día.”
5. “Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos.”
6. “No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste.”
7. “Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.”
8. “He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien.”
En esa vasta oración recordaron la elección de Abraham, la liberación de la esclavitud en Egipto, la forma maravillosa como Dios proveyó para sus necesidades por el desierto, la soberbia e ingratitud del pueblo de Israel, la conquista de la tierra prometida, la rebeldía permanente y constante del pueblo de Israel, los juicios que cayeron sobre la nación y como fueron deportados a Babilonia. A pesar de todo eso, Dios nunca los abandonó. Y ahora se encuentran como un remanente en la ciudad reconstruida: “Nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas… Te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas..., e hicieron grandes abominaciones… Nosotros hemos hecho lo malo” (Nehemías 9:26-33).
Al repasar su historia, el pueblo reconoce que es por la misericordia de Dios que se encuentran ahí en Jerusalén y esto los lleva a decir: “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa” (Nehemías 9:38). Recordar y apropiarnos de las promesas de Dios proporciona dirección ala vida: “No tenemos nada que temer del futuro, A menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada.” (Elena G. De White).
Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestro corazón ante Él: “Quizá hayamos cometido errores y contristado a su Espíritu, pero cuando nos arrepentimos y vamos a él con corazón contrito, no nos desdeña. Hay estorbos que deben ser retirados. Se han fomentado sentimientos equivocados y ha habido orgullo, suliciencia propia, impaciencia y murmuraciones. Todo esto nos separa de Dios. Deben confesarse los pecados; debe haber una obra más profunda de la gracia en el corazón... ¡Precioso Salvador! Sus brazos están abiertos para recibirnos, y su gran corazón de amor espera para bendecirnos”. La maravillosa gracia de Dios, pág. 139.
Quizás hemos olvidado de donde nos ha sacado el Señor, quizás hemos sido ingratos e inconstantes como el pueblo de Israel. Quizás ahora mismo estamos enfrentando las amargas consecuencias de nuestros pecados: “Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.” (Nehemías 9:20). Dios no retira su misericordia de nuestras vidas. Es tiempo de volver a Dios y hacer “fiel promesa” de consagrarnos a Él.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.