12/08/2026
Tomado del libro: “Una reflexión para cada ocasión II”
38. Ser auténtico
Juan 1, 47. “Cuando Jesús vio acercarse a Natanael, dijo: —‘Aquí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño’”.
Claro, directo, sin rodeos; buscando la verdad, sin hacer uso de meloserías. Aunque al principio, un poco desconfiado, luego entregado totalmente, porque sabe lo que busca y lo que quiere; lo que ha estado meditando y ya lo tiene claro. Esa es una de las personalidades que más le agrada al Señor; lejos de falsas emociones e hipocresías de aquellos que analizan y esperan encontrar la verdad de corazón.
Juan 1, 48. “Natanael le preguntó: — ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió: —‘Te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera’. Natanael le dijo: —Maestro, ¡Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!”.
Aunque hemos tenido momentos de confusión en la vida y en nuestra personalidad. Y, a veces pareciera que no maduráramos, lo más importante es que nos esforcemos por ser auténticos, que busquemos la verdad y la sigamos; que anhelemos la autenticidad en nuestros actos y en aquellos que nos rodean. Es pues preciso pararse debajo de la higuera del conocimiento, de la meditación a través de la oración y de la lectura de la palabra para encontrar a Jesús. Es muy importante detenerse y buscar en nuestro interior para encontrar la verdad, así nuestra personalidad será autentica, sin rodeos y podrá servir a Dios. ¿Cuántos dejan de acercarse a Dios porque no encuentran en nosotros autenticidad?, ¿Por qué en materia de fe somos maleables y emocionales, pero con nuestros actos mostramos una cara totalmente diferente a la verdad?
No te dejes engañar por las emociones y por los que pretenden confundirte. Ve al grano, sé autentico, ecuánime, busca celosamente la verdad y síguela. Ten presente que no todo el mundo es malo; hay quienes en realidad buscan y viven la verdad sin hipocresía y de corazón, porque en sus actos viven a un Dios resucitado.
Dios, Padre de amor:
Somos tus hijos y Tú nos conoces; sabes cuándo nos equivocamos y desviamos el camino, pero también conoces la intención de nuestro corazón y sabes que te buscamos con anhelo de la verdad. Te pedimos, en el nombre de Jesús, que nos ayudes a crecer en nuestra personalidad y a madurar verdaderamente en nuestra fe, superando todas nuestras emociones, pasiones y razón.
Amén.