07/09/2026
En ti esperaron nuestros padres; esperaron y tú los libraste. (Salmo 22:4)
NUESTRA UNICA FUENTE DE CONFIANZA
No podemos vivir sin confianza. El matrimonio es una relación basada en la confianza mutua. Los niños confían y dependen de sus padres. Los pacientes que se someten a cirugía tienen confianza en las diestras manos del doctor.
Pero en la tierra, nuestra confianza muchas veces es Puesta en las cosas equivocadas y muchas veces es decepcionada. Confiamos en nuestra fuerza física, pero la enfermedad nos derriba. Aumentamos nuestros bienes con inversiones, y luego viene una recesión a amenazar nuestra seguridad. Les confiamos secretos a los amigos para luego descubrir sus falsos corazones y que usan sus lenguas en contra de nosotros. Confiamos en nuestras propias opiniones para luego darnos cuenta de que no encajan con los hechos.
Nuestros ideales yacen destrozados, nuestras metas yacen inalcanzadas y nuestras ambiciones yacen incumplidas. Al final nos damos cuenta de que poner nuestra confianza en nosotros mismos sólo puede producir depresión y desesperación.
El salmista nos recuerda que orientemos nuestra confianza y que enfoquemos nuestra atención en Dios; sólo él es digno de confianza. Podemos confiar en él porque tenemos pruebas de que ha actuado a favor nuestro con poder. En Jesucristo, Dios asumió la carga de nuestra naturaleza quebrantada y canceló el peso del pecado. Por su muerte y su resurrección, Jesús demostró que el Dios de poder es el Dios de amor que “es por nosotros”. Él es el mismo Dios poderoso quien una y otra vez libera a su pueblo a través de las edades.
En la tierra no hay cura segura y fácil para toda enfermedad. No hay póliza de seguros que nos protegerá de las enfermedades y de la muerte. Dios tampoco nos dice en su Palabra que tendremos el cielo en la tierra. Nuestro llamamiento como cristianos no es que nos reclinemos hacia atrás y bebamos los placeres de este mundo, sino que nos esforcemos y trabajemos mientras es de día, para buscar el bienestar del reino de Cristo. Esto no viene sin sufrimiento ni problemas. Somos aún pecadores que vivimos en un mundo que está bajo la maldición de Dios. Pero él ha prometido su presencia aun en medio de los trabajos duros y los problemas, de las crisis y las calamidades. Él nos sostiene a través de la aflicción y nos fortalece a través del conflicto mediante una gracia que es suficiente para nosotros. Él nos protege y nos libra de todo lo que nos haría daño o nos robaría nuestra salvación. Y, al final, nos llevará al cielo, donde encontraremos nuestro descanso y gozo eterno en él.
Señor Dios, siempre has cumplido fielmente tus promesas en el pasado, nuestros padres afirmarán que los has bendecido en toda cosa. Sabemos por tu Palabra que cumplirás todas tus promesas para nosotros en el presente y en el futuro. Mantennos a salvo en las palmas de tus manos, en el nombre de tu Hijo, Jesucristo.
Amén.