Cruz de Cristo - Chetumal Iglesia Evangélica Luterana Confesional

Cruz de Cristo - Chetumal Iglesia Evangélica Luterana Confesional Somos una iglesia Luterana Confesional que busca compartir las buenas nuevas de la salvación en Jesús

Pero también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por te...
08/05/2026

Pero también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os inquietéis…Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad mu**to en la carne, pero vivificado en espíritu; y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados (1 Pedro 3:14,18-19).

SOMOS BIENAVENTURADOS

Es lamentable vivir en el mundo que odia a los cristianos y les causa daño. Esto es difícil de entender, cuando lo que hacemos es honesto y bueno. Pero las palabras de San Pedro nos dan ánimo al entender que somos bienaventurados al padecer por Cristo.
¿Cuáles son las bendiciones de sufrir por la causa de Cristo Nuestra gran bendición es que “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”. Esto significa, que debido a lo que hizo Jesús, somos hijos de Dios y parte de la familia de Dios. Esta es el primer beneficio que tenemos como cristianos.
Después de que Jesús: sufrió, murió, y fue sepultado, fue resucitado por el Espíritu Santo para ir al in****no y mostrarle al diablo y a los incrédulos que él obtuvo la victoria sobre: el pecado, la muerte, y el in****no ¡La muerte y el in****no no podían hacerle nada a Jesús! Debido a que Jesús resucitó de entre los mu**tos, nosotros también resucitaremos en el último día, y esto es el segundo beneficio que tenemos como creyentes en Cristo.
A través de Pedro, Dios nos dice que “[Cristo] habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y poderes”. Hoy día Jesús gobierna sobre todo el mundo. Aunque sufrimos por culpa del mundo incrédulo, no cambiarán las bendiciones que tenemos, gracias a Jesús. Él nos llevará a ver la gloria de Dios en el cielo, y esta es la bendición más grande de todas.

Amado Señor, sigue protegiéndonos ahora que vivimos en los últimos días. Sigue manteniéndonos fuertes en nuestra fe en ti. Por la fe sigue dejándonos ver las bendiciones que son nuestras ahora y las que disfrutaremos por siempre en el cielo. Te pedimos esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esp...
07/05/2026

Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros (1 Pedro 3:15).

¿QUÉ DEBO DECIR?

“No sé lo que debo decir porque no he estudiado mucho la Biblia.” Algunas veces nos llena de temor el pensamiento de hablarle a alguien acerca de la esperanza que tenemos en Cristo. Pero, ¿cuánto conocimiento de la Biblia quiere Dios que tengamos antes de hablarles a otros acerca de Jesús? Cuando Jesús regresó al cielo les dijo a sus discípulos: “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Sí queremos hablarles a otros acerca de Jesús comenzando con nuestra familia y luego a nuestros vecinos. Sí sabemos lo que queremos decirles, la verdad acerca de lo que Jesús hizo por nosotros, los pecadores. Les diremos a los demás que todos somos pecadores. Podemos decirles que Jesús murió y resucitó para salvarnos de nuestros pecados y que nos llevará con él al cielo. En realidad, Jesús no nos pide que digamos mucho, y nunca nos dijo que hablarles a los demás acerca de él sería fácil, ni que no sentiríamos temor de hacerlo.
Después de todo, nuestra confianza es que el Espíritu Santo, no nosotros, cambiará el corazón de aquellos a quienes les hablamos acerca de Jesús. No hay que discutir acerca de la religión, solamente nos pide que estemos listos a dar una respuesta acerca de la esperanza que tenemos por medio de él.
Al diablo le gustaría que nosotros pensáramos que hablarles a otros acerca de Jesús es difícil y que sintamos temor de hacerlo. Al diablo le gusta cuando nos quedamos callados por temor a decir algo equivocado. Pero Jesús ya venció al diablo y por eso no tiene poder sobre nosotros. Por eso podemos sembrar la palabra de Dios en otras personas y dejar que el Espíritu Santo haga su trabajo de convertirlas. De esta forma, ¡se salvarán muchos!

Espíritu Santo, sigue ayudándome a hablarles a otros acerca de Jesús, y sigue usando mis palabras para que otras personas sean llevadas a la fe en Jesús.
Amén.

Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, pero para Dios escogida y preciosa, vosotros tambi...
06/05/2026

Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, pero para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificadas como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pedro 2:4-5).

LAS PIEDRAS COBRAN VIDA

El apóstol Pedro dice en el texto que somos como piedras vivas. Pero, ¡qué extraño es esto! No se puede decir que una piedra está viva porque: no respira, no tiene latido del corazón, ni puede moverse por ella misma, ni hablar. Podemos describir una piedra como: suave, aplanada, redonda, dura, o fría, pero jamás diríamos que las piedras están vivas.
Sin embargo, la piedra representa lo que es nuestro corazón por la naturaleza pecaminosa, o sea, duro y frío hacia Dios. Pero Jesús, la Piedra viva, nos ha dado la vida espiritual, debido al sacrificio que hizo por nosotros. Ahora somos libres de la muerte y del in****no, que merecíamos, y esperamos la vida maravillosa con él en el cielo.
Sin Jesús seríamos como piedras sin vida espiritual y sin esperanza. Pero, debido al poder de Dios en la palabra y los sacramentos, nos convirtió en piedras VIVAS como parte de la iglesia de Dios. Note que Pedro no dice que somos ladrillos porque los hombres hacen ladrillos y todos son del mismo tamaño y forma. Pedro nos llama piedras porque Dios las hace, no los hombres, y todas son diferentes.
Ahora Dios lo usa a usted como una piedra viva para edificar su iglesia. En la iglesia de Dios no hay nadie como usted porque cada uno es diferente en cuanto a los talentos o habilidades. Con la motivación del amor de Dios podemos usar esos dones y talentos, para servir a Dios y a los miembros de la iglesia, como piedras vivas. ¡Gracias a Dios!

Amado Señor Jesús, gracias por hacerme una piedra viva construida en tu casa espiritual. Amén.

Por medio de él creéis en Dios, quien lo resucitó [a Cristo] de los mu**tos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y e...
05/05/2026

Por medio de él creéis en Dios, quien lo resucitó [a Cristo] de los mu**tos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios (1 Pedro 1:21).

TENEMOS ESPERANZA

Se ha dicho que lo único seguro en esta vida son la muerte y los impuestos. Noé, Abraham, y José, grandes héroes de la fe del Antiguo Testamento, probablemente dirían que no.
Dios le informó a Noé que iba a destruir el mundo con EL diluvio. Por fe Noé construyó el arca, y cuando llegó el diluvio, solamente se salvó la familia de Noé.
Luego, Dios le prometió a Abraham que su familia sería más numerosa que las estrellas del cielo, aunque él y su esposa ya eran de edad avanzada y ya habían pasado el tiempo en que podrían tener hijos. Pero la Escritura dice: “Tampoco dudó por incredulidad de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos 4:20-21). Abraham se convirtió en padre tal como Dios lo había prometido. Dios le había prometido a José que el pueblo de Israel volvería a la Tierra Prometida de Canaán, y él creyó la promesa. Cuando José vio que ya se le acercaba su muerte, les dijo a sus hermanos: “Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos” (Génesis 50:25). Cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto, Moisés llevó los huesos de José de regreso a la Tierra Prometida, donde fue enterrado de nuevo.
Noé, Abraham, y José, sabían que había algo que era seguro, sin contar la muerte y los impuestos, porque sabían que Dios tiene el poder de cumplir con sus promesas.
Hoy día también conocemos a Dios como el Dios todopoderoso, porque cumplió su promesa de enviar a su Hijo para que fuera nuestro Salvador. Dios el Padre mostró que es el Dios lleno de amor y de perdón, cuando mandó a crucificar a su Hijo y luego lo resucitó y lo llevó a la gloria del cielo, como había prometido. Ahora, como el Dios todopoderoso, sabemos que nos resucitará en el último día y nos dará la vida eterna en el cielo.
Esta es la esperanza que tenemos en nuestro Dios todopoderoso y fiel.

Señor Jesús, sigue ayudándonos a seguir creyendo que nuestra salvación es segura. Sigue guiándonos en nuestra vida para que siempre ansiemos vivir en el cielo. Amén.

Ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas ...
04/05/2026

Ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19).

CONOZCAMOS AL CORDERO DE DIOS

Cuando Juan el Bautista estaba predicando por el río Jordán, un día señaló a Jesús y anunció a todos: “¡Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Por muchos años, Dios había estado preparando a su pueblo para este día y la llegada de su Hijo.
Muchos siglos antes, en el libro de Éxodo, Dios le había dicho a su pueblo la manera en que debía tener su última comida antes de salir de Egipto. Cada familia debía matar un cordero macho de un año que fuera perfecto en toda manera. Parte de la sangre de ese cordero debía usarse para pintar los lados y la parte de arriba de la puerta de su casa, porque esa misma noche el Señor iba a matar a todos los niños primogénitos de Egipto. Sin embargo, el Señor pasó sobre los hogares marcados con la sangre pintada en la puerta. A partir de entonces, cada año, el pueblo de Dios celebraba la fiesta de la Pascua, y recordaba que el Señor los había salvado.
Entonces, cuando Jesús llegó al río Jordán, vino como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. El vino a salvar a su pueblo, porque ellos eran esclavos del pecado y condenados al in****no. La única esperanza que tenían era que Dios que los salvara de ellos, por causa su amor y misericordia.
Jesús es el Cordero de Dios que llevó la vida perfecta al guardar la ley de Dios sin ninguna falla. Como el cordero pascual, fue sacrificado al morir en la cruz y su sangre nos marca como el pueblo de Dios. No solo eso, sino también su sangre nos limpia de la suciedad de nuestros pecados y nos cubre con su santidad.
Para recordar todo lo que Jesús hizo por nosotros, nuestro Salvador nos dio la Santa Cena. Allí Jesús es el Cordero de Dios que quiere asegurarnos del perdón por medio de su cuerpo y sangre, junto con el pan y el vino. ¡Gracias a Dios por enviarnos a su Hijo “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”!

Jesús, tú nos das la bienvenida y nos perdonas. Por lo tanto, sigue morando en nuestros corazones y sigue librándonos: del pecado, del temor a la muerte, y del in****no. Siempre sigue ayudándonos a creer en tus promesas. Amén.

Vosotros que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorio...
01/05/2026

Vosotros que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas (1 Pedro 1:8-9).

AHORA EL CIELO NOS PERTENECE

Un hombre prometió construir una casa para su amigo, pero mientras la construía se cayó del techo y se lastimó mucho. Nunca más pudo trabajar en la construcción y tampoco pudo cumplir su promesa. Aunque dio su palabra, por causa de la herida no pudo cumplirla. Por esto sus palabras pasaron y se desvanecieron.
¡Qué contraste con nuestro Señor Jesús cuando prometió: “Mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35)! Las promesas de Jesús nunca se desvanecerán. Cuando él dice: “Te perdono tus pecados”, ya quedan perdonados. Cuando dice: “Porque yo vivo, ustedes también vivirán”, sabemos que viviremos por siempre con Jesús en el cielo. Cuando él dice: “Te doy la vida eterna”, podemos tener la absoluta seguridad de que estas palabras son verdad porque Jesús es el Hijo de Dios quien resucitó de entre los mu**tos.
El primer domingo de Pascua cuando Jesús apareció a los discípulos, Tomás no estaba presente. Rehusó aceptar que Jesús estaba vivo hasta que pudo poner su dedo en las heridas de las manos de Jesús. No creía las buenas nuevas acerca de Jesús resucitado hasta que lo vio vivo ocho días después.
Igual que el apóstol Tomás, muchas personas dudan de las promesas y palabras de Jesús. No sea como Tomás. Escuche las palabras del apóstol Pedro: “Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas”.
Ahora mismo todas las bendiciones de la fe en el Salvador resucitado pertenecen a usted: el perdón de los pecados, la paz espiritual, y el gozo de ser hijo de Dios. La vida eterna pertenece a usted desde el momento en que fue convertido. Es cierto que en esta vida no lo podemos ver ni apreciar en su totalidad, pero Jesús está con nosotros para ayudarnos y guiarnos hacia allá. Y sí es cierto que tampoco podemos verlo a él, pero él está presente con nosotros en todo momento. El constructor no pudo cumplir con su promesa, pero Jesús sí pudo porque es el Dios vivo y sus palabras nunca pasarán.

Señor Jesús, creo que resucitaste de entre los mu**tos. Sigue enviándome tu Espíritu Santo para que mi fe siga fortaleciéndose en tu palabra y así siga alabándote cada día por la salvación y la promesa de la vida eterna en el cielo.
Amén.

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza ...
30/04/2026

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los mu**tos (1 Pedro 1:3).

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS NOS SALVA

Si usted le preguntara a un niño “¿Qué hizo Jesús para salvarte?”, ¿cuál sería la respuesta? Probablemente el niño diría: “Él murió por mí en la cruz". ¡Alabado sea Dios por esta verdad! Pero todavía hay más que podemos decir acerca de lo que Jesús hizo para salvarnos.
¿Qué es lo que nos da nueva vida y la esperanza viva? El apóstol Pedro contesta: “La resurrección de Jesucristo”. Allí podemos apreciar lo que Jesús hizo para rescatarnos: del pecado, del diablo, y de la muerte. Por eso el apóstol Pablo escribió a los romanos: “[Jesús] fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25), y nuevamente a la iglesia de Corinto: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también vuestra fe...aún estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:14,17).
La resurrección de Jesús es una parte importante de su gran obra redentora. Por medio de ella nos muestra que en realidad era el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.
También demuestra que su muerte en la cruz fue suficiente para quitar nuestros pecados y satisfacer a Dios. Por fin la resurrección de Jesús nos asegura que en el último día nosotros también resucitaremos de entre los mu**tos.
En realidad, fue el milagro de la tumba vacía de Jesús lo que cambió a los discípulos de hombres miedosos a predicadores valientes. Por eso con el poder del Espíritu Santo en cualquier lugar del mundo predicaban las buenas nuevas acerca de Jesús.
Siempre el enfoque de su mensaje era la resurrección de Jesús para darnos la nueva vida y la esperanza viva. La resurrección de Jesús probó la verdad enfática que Jesús conquistó al diablo y a la muerte eterna. Con razón Pablo dijo: “Quiero conocerlo a él y el poder de su resurrección” (Filipenses 3:10).
Cuando alguien le pregunte: “¿Qué hizo Jesús para salvarte?”, diga: él murió en la cruz por mí, y continúe con las buenas nuevas acerca de la resurrección de Jesús en el domingo de Pascua. Su resurrección es la garantía de que él es el Hijo de Dios y el Salvador de todo el mundo.

Señor Jesús, quiero seguir conociendo mejor el poder de tu resurrección para seguir agradeciéndote por la vida nueva y por la esperanza viva que me diste. ¡Ayúdame para que yo pueda con valor seguir hablándoles a otras personas acerca de tu resurrección! Amén.

Pido para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Je...
29/04/2026

Pido para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús (Filemón 6).

OREMOS UNOS POR OTROS

Un misionero internacional que le hablaba a una congregación dijo: “Necesitamos sus oraciones. Oren por las personas que oyen nuestro mensaje para que el Espíritu Santo las guíe a creer en Jesús. Oren para que se fortalezca la fe de los que creen. Oren por nuestra salud y seguridad para que podamos continuar con la obra del Señor.
Hermanos en Cristo, ¡oren por nosotros!" Todos los cristianos encuentran consuelo al saber que los hermanos creyentes oran por ellos. El apóstol Pablo quería que Filemón supiera que él estaba orando por él para que “la participación de tu fe [la de Filemón] sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”.
Cuanto más estudiemos la palabra de Dios, más entenderemos el gran amor que Dios nos tiene a través de su Hijo quien vivió y murió por nosotros. Cada día es necesario recordar todo lo que tenemos como cristianos viene como un regalo gratuito de Dios sin merecerlo. Por estas razones podemos orar unos por otros para que aumente nuestro entendimiento de la gracia de Dios.
Pablo también ora para que Filemón fuera eficaz en compartir lo que creía acerca de Jesús. Cuando nuestra fe aumenta, Dios nos da la fuerza de compartir estas buenas nuevas acerca de Jesús. Es triste pensar que mucha gente necesita al Salvador.
Entonces, como creyentes, oramos por nuestros hermanos en Cristo que comparten su fe en su obra misionera. Orar unos por otros nos trae las bendiciones de Dios en todo momento.

Amado Señor, sigue ayudándonos a aumentar nuestro amor y nuestro entendimiento de ti. Ayúdanos a seguir llevando a otros a conocerte como el Salvador de ellos. Oramos por todos los que comparten su fe con otras personas.
Amén.

Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Filemón 3). COMPARTAMOS LA GRACIA Y LA PAZCon fre...
28/04/2026

Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Filemón 3).

COMPARTAMOS LA GRACIA Y LA PAZ

Con frecuencia oímos las palabras “gracia” y “paz” sin pensar en el significado de ellas. La gracia es el amor inmerecido de parte de Dios para con nosotros, y la paz es la seguridad que Dios perdona nuestros pecados por medio de Cristo Jesús. No queremos olvidar estas palabras que Dios nos dio, porque fortalecen nuestra fe y nos ayuden a trabajar juntos como creyentes.
¡El pueblo de Dios, anhelamos su gracia y su paz! No importa donde vivamos ni el nivel económico que tengamos ni el color de nuestra piel, porque todos necesitamos el amor y el perdón de Dios. Por ejemplo, en su carta a los Romanos, el apóstol Pablo nos dice lo que es la gracia o el amor de Dios, que no merecemos: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Es verdad fuimos concebidos y nacimos en el pecado. Además es verdad que todos los días pecamos contra la voluntad de Dios establecida en los Diez Mandamientos. En este mundo no hay nadie perfecto por sus obras, excepto Jesús quien vivió y murió por nosotros para regalarnos el amor y el perdón que no merecemos.
El pueblo de Dios también comparte este mensaje de paz con otras personas. Cuando Jesús nació, los ángeles cantaron a los pastores de Belén: “En la tierra paz”. Jesús vino al mundo para quitar el temor impenitente de Dios y para traer paz a nuestra alma. Es triste que muchas personas no viven en paz con Dios porque no saben acerca del Salvador. Queremos que ellos sean parte del pueblo de Dios y que disfruten de su gracia y de su paz, igual que nosotros. La gracia y la paz son más que solamente palabras, porque nos hablan del regalo de Dios de la vida eterna en el cielo.

O Señor, lleno de gracia y de perdón, sigue mostrándole tu gracia y tu paz a tu pueblo y luego sigue guiándonos para compartir este mensaje con los que no conocen a Jesús como su Salvador. Amén.

Nos salvó [Dios], no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de...
27/04/2026

Nos salvó [Dios], no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo, nuestro Salvador
(Tito 3:5-6).

EL REINO DE DIOS VIENE A NOSOTROS POR MEDIO DEL SANTO BAUTISMO

En el domingo de Pentecostés, el Santo Bautismo fue muy importante para las tres mil personas que fueron bautizados por los apóstoles. El Bautismo es importante hoy en la iglesia de Cristo y seguirá siendo importante hasta que él vuelva en el día del juicio. ¿Por qué? Porque mientras que el mundo y la iglesia existan, habrá más bautismos para la salvación de muchos.
Es triste ver que algunas llamadas iglesias no creen la doctrina del Bautismo. Enseñan que el bautismo es solamente una ceremonia o rito vacío, que hacemos para comprobar nuestro compromiso con Dios. En cambio, la iglesia luterana enseña que el Bautismo es un medio poderoso que el Señor usa para: llevarnos a su gracia, darnos su perdón y muchas otras bendiciones.
Nuestro pasaje de la Biblia nos dice que Dios nos salvó al quitar nuestros pecados por medio del agua y de la palabra, en el bautismo. Este sacramento no sólo describe lo que es la salvación, en realidad nos otorga la salvación. En el Santo Bautismo Dios nos lava de tal manera que nos hace nacer de nuevo. La Biblia enseña que todos nosotros nacimos en este mundo separados de Dios y espiritualmente mu**tos. Pero Dios no quería que permaneciéramos mu**tos y separados de él, y nos dio un lavamiento especial que nos da la nueva vida, o sea, el segundo nacimiento. Por medio del Bautismo somos hechos parte de la familia de Dios y unidos eternamente con él.
Si Dios nos mostrara un registro de nuestros pecados, quedaríamos sorprendidos por el gran número de ofensas. Sin embargo, todos estos pecados han sido lavados por la sangre de Cristo a través de la fe en él. ¡Imagínese! Por medio del Bautismo el Espíritu Santo obra fe en nosotros para creer y aceptar esta gran verdad. Ahora somos nuevas personas, llenas de la paz que viene por medio del perdón de nuestros pecados.
El apóstol Pablo nos dice en el capítulo 6 de su carta a los Romanos, que a través del Bautismo estamos unidos con Cristo en su muerte y en su resurrección. O sea, nuestra carne pecaminosa muere todos los días en el agua bautismal por medio del arrepentimiento, para que el nuevo hombre pueda salir a llevar la vida dedicada a Dios. Ahora, lo que le pertenece a Cristo también nos pertenece: su santidad es nuestra santidad; su poder sobre el pecado es nuestro poder sobre él. El apóstol Pablo nos dice a los que somos bautizados: “Así también vosotros consideraos mu**tos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus apetitos” (Romanos 6:11,12). Hay grandes bendiciones que son nuestras a través del bautismo.

Señor, ayúdame a seguir aferrado a mi bautismo y a seguir llevando la vida cristiana hoy y siempre. Amén.

Y el Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial. A él sea la Gloria por los siglos de lo...
24/04/2026

Y el Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial. A él sea la Gloria por los siglos de los siglos. Amén (2 Timoteo 4:18).

GRACIAS, SEÑOR

La mayor parte de las personas son agradecidas por las cosas buenas que suceden en su vida. Poca gente es agradecida por las cosas malas que suceden en su vida. Pero, ¿qué tal los cristianos? ¿Pueden ser agradecidos por todas las cosas que suceden en su vida, o sea: lo bueno, lo malo, y lo feo? Claro que sí, porque ellos saben que en todas las cosas (no solo en las buenas) Dios obra para su bien.
Fíjese en el apóstol Pablo, cuando se le acercaba al final de su vida y escribió las palabras arriba. Él estaba encarcelado por predicar el evangelio de Jesús. A pesar de la soledad y el frío de la cárcel, y a pesar de que esperaba la pena de muerte, Pablo alabó a Dios. ¿Cómo pudo Pablo sentir agradecimiento en una situación tan desesperante?
Pablo sabía que el mismo Dios que lo había ayudado en el pasado lo ayudaría en el futuro. Él sabía que cuando llegara el tiempo apropiado, Dios lo llevaría al cielo.
Pablo dijo esto en su carta a Timoteo cuando escribió: “Por lo demás me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8).
¿Lo ve? Pablo creía lo que aprendió acerca de Jesús como el Salvador del mundo. Pablo puso toda su confianza en: la vida, la muerte, y la resurrección de Jesús, para recibir el perdón de los pecados. Al saber todo esto, Pablo pudo decir: “A él sea la gloria por los siglos de los siglos”.
No sabemos lo que sucederá en nuestra vida hoy o mañana. No sabemos si nuestra vida será feliz o triste. Pero igual que Pablo, sabemos lo que nuestro Salvador ha hecho por nosotros. Gracias a Jesús podremos enfrentar cada día de nuestra vida con: agradecimiento, fe, y plena confianza. Finalmente, cuando llegue el tiempo apropiado del Señor para llevarnos a nuestro hogar en el cielo, podemos gritar: “A él sea la gloria por los siglos de los siglos”.

Gracias, Señor Jesús. Amén.

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