01/07/2019
1 DE JULIO: LA PRECIOSISIMA SANGRE DE CRISTO. La devoción a la Preciosa Sangre de Cristo es muy antigua y esta tenía su propia fiesta litúrgica celebrada por la iglesia el 1 de julio, pero en la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II se decidió unir la fiesta de la Preciosa Sangre con la del Cuerpo de Cristo en una sola fiesta la del Jueves de Corpus o mejor conocida actualmente como “El cuerpo y la sangre de Cristo”, esto se debe a la confusión que podía llegar a existir entre los fieles de pensar que cuerpo y sangre de Cristo son dos cosas diferentes, siendo una el pan y la otra el vino, lo cual no es así pues tanto en el pan como en el vino Cristo está totalmente presente con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Fue san Gaspar de Bufalo uno de los principales difusores de esta devoción y a instancias suyas se compuso un oficio y misa propio por orden del papa Benedicto XIV y fue el Beato Pío IX quien extendió esta fiesta a la iglesia universal. Aunque esta fiesta litúrgicamente ya no existe actualmente, es curioso que la liturgia de la fiesta de la Preciosa Sangre de Cristo si sigue existiendo y se sigue usando como misa votiva de la Preciosa Sangre que se usa cotidianamente en la misa sin una fecha definida. El culto a la Sangre de Cristo debe ser de las principales que tenga el cristiano pues recordemos que fue derramada por la salvación de los pecados de todos los hombres. Durante el periodo de la colonia en México la Preciosa Sangre de Cristo gozó de gran veneración pero para el siglo XIX esta devoción fue decayendo hasta casi desaparecer en el siglo XX al ser suprimida su fiesta del 1 de julio, sin embargo esta devoción logró sobrevivir amalgamándose con otra, con la de la Sagrada Familia convirtiéndose en la Mano Poderosa que originalmente era una representación simbólica de la Sangre de Cristo, además debido al gran culto que tuvo en los años del virreinato existen muchas imágenes de la pasión de Cristo que aún son celebradas el 1 de julio en muchos pueblos de México. En Neuvy, Francia se conservan dos gotas cristalizadas que según la tradición fueron recogidas por la Magdalena en la crucifixión siendo pues gotas de la sangre de Cristo.
Dios Eterno y Todo poderoso que has constituido a tu hijo único Redentor del Mundo, y has querido ser aplacado por su sangre, haz, te rogamos, que venerando el precio de nuestra salvación y protegidos por él en la tierra contra los males de esta vida, obtengamos la recompensa eterna en el cielo. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
“Gotas sagradas,
yo las recojo
de las manos taladradas
de Cristo en la Cruz”.