24/05/2026
La devoción a María Auxiliadora suele ir asociada a S. Juan Bosco (1815-1888).
El santo sacerdote de Turín promovió siempre esta advocación: “La Virgen quiere que la honremos con el título de _Auxiliadora_: los tiempos que corren son tan difíciles que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana”. Sin embargo, la historia del reconocimiento de Santa María como Auxiliadora es muy antigua.
Ya en el año 345, S. Juan Cristóstomo se refiere a la Virgen como “auxilio potentísimo de Dios”. Con el paso del tiempo, se populariza la labor de la Virgen de auxiliar a los enfermos, los débiles, los pobres, los gobernantes y otras personas que necesitaran de su poderosa intercesión.
S. Pío V fue el primer Papa que “oficializó” esta advocación.
Por su parte, en 1814, fue Pio VII el que tras su liberación del destierro al que le había sometido Napoleón, estableció su fiesta litúrgica el 24 de mayo.
Pero mucho antes, en 1030, la Iglesia ortodoxa había fijado dicha fiesta el 1 de octubre, para las naciones de Asia Menor, en conmemoración de que Ucrania, entonces parte de Rusia, quedó liberada ese día de la invasión de una terrible tribu de bárbaros paganos.
Desde entonces nuestros hermanos ortodoxos –entre los que se encuentra nuestro querido amigo ucraniano Vladimir, miembro de este grupo- conmemoran en esa fecha a María ‘Prokow’ (Auxiliadora).
Mucho más recientemente Don Bosco y la Congregación por él creada, los salesianos, han difundido por todo el orbe la devoción a la Santísima Virgen bajo esa advocación.
En efecto, en 1860 la Stma. Virgen se aparece a S. Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de "Auxiliadora", y le señala el sitio para que le construya un templo en Turín (Italia).
En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde era consagrado el templo. El santo solía decir: "No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia". Y desde aquel Santuario comenzó a extenderse por el mundo la devoción a María bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.
Desde entonces el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como "central y sintetizador".
La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María le hacer percibir a María como "Auxiliadora del Pueblo de Dios".
Hoy, salesianos y salesianas, fieles al espíritu de sus fundadores, y a través de las diversas obras que llevan entre manos, siguen proponiendo como ejemplo, amparo y estímulo en la evangelización de los pueblos el auxilio que viene de Santa María.
*ORACIÓN DE OFRECIMIENTO*
Enséñame, oh María Auxiliadora, a ser dulce y bueno en todos los acontecimientos de mi vida; en los desengaños, en el descuido de otros, en la falta de sinceridad de aquellos en quienes creí, en la deslealtad de aquellos en quienes confié.
Ayúdame a olvidarme de mí mismo para pensar en la felicidad de otros; a ocultar mis pequeños sufrimientos de tal modo que sea yo el único que los padezca.
Enséñame a sacar provecho de ellos, a usarlos de tal modo que me suavicen, que no me endurezcan ni me amarguen; que me hagan paciente y no irritable; que me hagan amplio en mi clemencia y no estrecho y despótico.
Que nadie sea menos bueno, menos sincero, menos amable, menos noble, menos santo por haber sido mi compañero de viaje en el camino hacia la vida eterna. Amén.