18/05/2026
Este Evangelio es una llamada profunda para los matrimonios que están heridos, cansados o al borde de rendirse.
Jesús no habla de perfección… habla de permanecer.
En muchos matrimonios en crisis, lo primero que se rompe no es la relación entre los esposos, sino la unión con Dios. Y cuando el corazón se desconecta de Cristo, todo comienza a secarse: el amor se enfría, la paciencia se agota, el perdón se vuelve difícil.
Jesús lo dice con claridad: “sin mí nada pueden hacer”.
No es un reproche, es una verdad llena de misericordia.
Tal vez hoy tu matrimonio se siente seco, sin fruto, sin esperanza… pero eso no significa que esté perdido. A veces, lo que están viviendo no es el final, sino una poda. Y la poda duele, corta, confronta… pero tiene un propósito: dar más fruto.
Dios no poda para destruir, poda para sanar.
No corta para separar, corta para que vuelva a crecer lo que parecía mu**to.
Este Evangelio no te pide que tengas todas las respuestas, ni que tu matrimonio ya esté bien…
te pide algo más sencillo y más profundo: permanecer en Cristo.
Permanecer cuando no hay ganas.
Permanecer cuando hay heridas.
Permanecer cuando parece que el otro no cambia.
Porque cuando uno de los dos decide volver a la Vid, la gracia empieza a circular otra vez… y poco a poco, lo seco puede reverdecer.
Hoy Jesús te dice:
no te desconectes de Él… aunque todo dentro de ti quiera rendirse.
Tu matrimonio no dará fruto por esfuerzo humano solamente,
sino por una vida unida a Cristo.
Y donde Cristo permanece… siempre hay esperanza de vida nueva. 🌿